Vacaciones críticas en DVD Ediciones.com (verano de 2009)

Vacaciones permanentes, por Juan Vico


1

Escribo en el sofá, junto al balcón abierto, un texto urgente y amorfo que no sé muy bien a dónde quiere llevarme. Hablo de Joel-Peter Witkin, aquel fotógrafo (acabo de tachar poeta de la oscuridad) que de niño vio rodar una cabeza hasta sus pies. Son los ojos de esa cabeza exenta, decido, los que dirigen su mirada. Respecto a otro gran cazador de sombras, Josef Sudek, apunto que apretaba el gatillo con el dedo índice de la mano derecha: la de su brazo cortado.

2

Sigo. Fritz Lang: un foco parpadeante bajo el parche. John Ford, Raoul Walsh, Samuel Fuller. El club de los poetas tuertos.

3

Llegas al sofá, recién salida de la ducha. Te tapo un ojo. Me explicas por qué mirilla, en francés, se dice judas. Luego te cuento la historia de Victor Brauner.

4

1931: Brauner, pintor de la órbita surrealista, se autorretrata sin ojo izquierdo. Siete años después queda tuerto de ese mismo ojo a consecuencia de un estúpido accidente de aromas hispánicos: durante una discusión entre pintores, en el estudio de Óscar Domínguez, éste lanza un vaso contra Esteban Francés que va a impactar fortuitamente en el rostro de Brauner.

5

¿Pero qué traición puede esperarse del pasado?, preguntas (o contestas).

6

La pelea entre Domínguez y Francés tuvo que ver con los hábitos amorosos de la gran Remedios Varo, también presente aquella tarde. El mismo año del accidente, la pintora elaboró una pequeña y enigmática pieza titulada Ojos sobre la mesa, en la que, encima de un tablero flotante, unas gafas provistas de pestañas descansan enfrentadas a unos globos oculares.

7

Pones la tele. Pillamos, ya comenzada, Vacaciones permanentes (Canal 33, Ciclo Jim Jarmusch). Deseos de ser piel roja, de guardar poemas en la bragueta y hacer el zombi por la ciudad desnuda mientras suena el viejo saxo de John Lurie como una invocación.

8

Chris Parker en el papel de Aloysious Parker baila un solo de Charlie Parker. Allie Parker baila bebop como si bailase rockabilly, con cierto aire de danza india. El tocadiscos en el suelo, cerca del jergón. Un espejo sobre un taburete. Una ventana. Una chica de pelo corto, en camisón, sus pies apoyados en el alféizar. Je me souviens de Anna Karina alrededor de la mesa de billar.

9

Allie Parker lee a Lautréamont en voz alta, aunque en realidad debería leer a Baudelaire. Es el perfecto flâneur posmoderno, el protagonista de una road movie elíptica, un viajero en prácticas (I was a teenage Ulises) que viaja en círculo por su ciudad antes de abandonarla (títulos de crédito sobre plano general de NY, alejándose, desde la popa de un barco: el sueño americano desoñado), camino de una entelequia llamada París.

10

Vagar. Mejor: errar, en su sentido más amplio. La errancia de un cuerpo desmaterializado, a punto de fundirse, cerca siempre de desaparecer camuflado en el blanco de un muro cualquiera, como en esas fotos de Francesca Woodman donde la muerte lame con su lengua brillante la sombra dura de un pezón.

11

Allie mira desde su hueco particular, desde el vacío de sus cuencas modiglianescas. Allie se siente fuera del espacio que recorre, pero quizás es el espacio el que está fuera de Allie. Calles desiertas, una Comala de asfalto y grafitis poblada por un puñado de fantasmas de incierta memoria: la madre interna en un manicomio, la chica latina que vocifera sentada en unas escaleras ruinosas, el veterano de guerra y sus alucinaciones… O el coche negro, protagonista de esa otra historia que la película se niega a contar.

12

Estar en ninguna parte. Sentirse de paso en la ciudad natal, usar la propia piel como una camisa ajena; ser turista de uno mismo. No estoy hablando de enajenación ni de rollos mistéricos. Hablo de Charlie Parker siendo devorado por su saxo mientras la sirena de la ambulancia interpreta Over the rainbow.

13

Durante un rato te veo mirar de reojo el portátil. Casi 20 nombres citados en poco más de 40 líneas, comentas por fin. Cierto. ¿Falta de recursos, de discurso, de pura inventiva? Qué más da. Deja que vayan llegando hasta la orilla del texto, fuera de horario, que amenacen sus fronteras sin interrupción. Nombres y más nombres tomando prestadas nuestras caries, nuestras cutículas, el blanco de nuestros ojos, riendo por nosotros en off: esto que alguien lee es sólo el eco de un recuerdo ajeno, mi cuerpo ya no es este que ahora escribe mientras desvía la mirada hacia la tv.

14

Allie Parker llega al vestíbulo de un cine de reestreno, donde un cartel anuncia Los dientes del diablo. Nicholas Ray, su director, ayudó a Jarmusch en la preparación de su opera prima y murió justo el día antes del comienzo del rodaje, el 17 de junio de 1979. También llevaba parche, aunque dicen que era puramente decorativo. (Pero no lo era, estoy seguro de que no lo era, por mucho que ocultara un ojo perfectamente sano).

15

Hablar una lengua translúcida. Bailar alrededor de un centro móvil. Morder un remordimiento fuera de campo. Asomar un segundo por el borde del encuadre. No escribir ya más escribo. Pintar con la voz del ojo. No escribir ya más recuerdo.

16

Es tarde. Apagas la tele. Aparto el portátil. Sobre la mesa, algunos libros, la réflex, un par de billetes de avión. Las maletas abiertas, recién hechas, en el suelo. Me pierdo en el pasillo, sin embargo, camino al dormitorio, sigo extraviado en este texto, entre sus vaguedades amontonadas en forma de excrecencia, de cáscara o de mueca, apenas un diálogo roto, robado a un par de extraños en un vagón del metro, pegado como un chicle a la suela del zapato.

17

Dejo las gafas sobre la mesilla. Apago la luz y me tumbo a tu lado. Siento rodar tu cabeza hasta mi hombro izquierdo. Me froto el ojo derecho con fuerza. Un perro maúlla, a lo lejos.

Publicado el 24/8/2009

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