Vacaciones críticas en DVD Ediciones.com (verano de 2009)

El crítico y los muertos, por Jorge Carrión


Obviamente, la crítica no se va de vacaciones.

Obviamente, se trata de una maldición: uno está en una playa caribeña, por ejemplo; o en un jardín colonial; o en un avión con destino exótico, y sigue leyendo como si se encontrara en su estudio, con el lápiz en la mano, y en el cerebro, ese punto rojo, intermitente y molesto, como de radar o de mira telescópica láser. Sí: no exagero, leer así tiene algo de amenaza, no hacia los demás, no hacia el autor del libro que uno lee, sino hacia uno mismo. Pero tampoco hay que dramatizar.

Porque me acaba de pasar, en Bogotá, una vez más, y no fue dramático. Pero sí extraño. La conferencia inaugural del festival del Malpensante la dieron, a modo de conversación, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince y el periodista argentino Jaime Correa. Empezaron hablando del poema borgeano que Abad encontró en el bolsillo de su padre, el día en que lo asesinaron. Sobre ese asesinato gravita el libro El olvido que seremos, cuyo título proviene del poema. El diálogo fue la reconstrucción cronológica de cómo Abad investigó si el poema era o no de Borges; la historia se puede encontrar en Internet. Como todo relato detectivesco, el de Correa y Abad encandiló al público. A mí también. Sobre todo hasta el momento en que los viajes, las llamadas telefónicas, las búsquedas en lo real y en lo virtual conducen a Mendoza. Después, mi atención decayó. Pero se mantuvo a un nivel considerable hasta el final.

Obviamente: el punto rojo estuvo parpadeando durante la hora y media que duró el acto.

A la salida, conversé sobre la conferencia con Sergio Dahbar, Francisco Suniaga y Vasco Szinetar, que habían llegado el día anterior desde Caracas. Los tres estaban maravillados con “la historia”. Más tarde, mientras nos tomábamos una cerveza, Martín Caparrós y Alan Pauls, que habían volado desde Buenos Aires, me dijeron que “la historia” no estaba mal, pero que su dependencia de lo borgeano le daba una pátina de cansancio, como si perteneciera a una tradición agotada.

El punto rojo también trabaja las conexiones.

Yo había leído recientemente La otra isla, de Suniaga, y Falke, del también venezolano Federico Vegas, dos libros prestigiados por el mercado, que apuestan por el relato, por “la historia”, al tiempo que dibujan un horizonte nacional. También El olvido que seremos cuenta una “historia” y la circunscribe al “destino” de un país. También es un libro con el aura que en nuestros días regalan las ventas. Como Historia secreta de Costaguana, de Juan Gabriel Vásquez, una “historia” también muy colombiana, que en la Feria del Libro de Bogotá de 2007 se vendió tanto como la de Abad Faciolince. Esa conjunción entre mercado, literatura de calidad y prestigio merecería un análisis. Pero este texto no es más que una sucesión de apuntes de un escritor, es decir, de un crítico, durante sus vacaciones.

Por tanto me permito la evocación y me doy el lujo de ser absolutamente personal. El eje colombiano-venezolano, que seguramente se podría ampliar a la región andina, a América Central, incluso a México, por no hablar de Japón, Australia, Estados Unidos, Inglaterra y gran parte de España, se cruza con el eje argentino y se produce -en mi cabeza llena de puntos rojos- un cortocircuito. Ese cortocircuito me retrotrae a septiembre de 2008. A raíz de un artículo que Gonzalo Garcés, escritor argentino, publica en Babelia, intercambiamos una serie de cartas en mi blog. Su tesis, resumida, es la siguiente: la literatura española cuenta “historias”; la argentina, reflexiona sobre el lenguaje literario. La mía, abreviada, le responde: la literatura española más interesante considera que el lenguaje es un problema, no una herramienta; no es una cuestión de países ni de fronteras, sino de lectores. Etcétera. Las cartas están el blog.

Ahora me doy cuenta de que mientras escribía esas cartas estaba encerrado, en Mataró y en Mallorca, terminando una novela. Se titula Los muertos. Es la razón última de esas cartas y de los cortocircuitos de que hablo en este texto y de los puntos rojos que he ido acumulando durante demasiado tiempo.

Pero no nos pongamos demasiado dramáticos, que este hotel dispone de piscina y he descubierto que Raúl Zurita publicó una novela en los años 90 y la he conseguido y la voy a leer. El radar o la mira telescópica láser nunca se desactivan, pero a veces se relajan. A ver si hay suerte.


***

Jorge Carrión nació en Tarragona (España) en 1976. Es doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra, donde da clases de Literatura Contemporánea y de Escritura Creativa. Fue miembro del consejo de redacción de la revista Lateral entre 2001 y 2005 y actualmente forma parte del consejo de dirección de la revista Quimera. Es crítico cultural del suplemento ABCD y colabora en diversas publicaciones españolas e hispanoamericanas, como National Geographic Viajes, Letras Libres, Otra parte, Señales, El Papel Literario o Revista de Occidente. Ha publicado el ensayo Viaje contra espacio. W.G. Sebald y Juan Goytisolo (Iberoamericana, 2009), la antología de crónicas Norte es Sur (Debate Venezuela, 2009), el libro de viajes Australia. Un viaje (Berenice, 2008), la crónica La piel de La Boca (Libros del Zorzal, 2008), el libro de artista GR-83 (Autoedición, 2007), el libro de crónicas y ensayos de viaje La brújula (Berenice, 2006) y la novela corta Ene (Laia Libros, 2001). Además, ha editado el volumen El lugar de Piglia. Crítica sin ficción (Candaya, 2008). Sus relatos de no ficción han sido antologados en Alemania, Cuba, Argentina, México y España.

www.jorgecarrion.com

Publicado el 7/7/2009

Inicio | Vacaciones críticas