Poesía y traducción

Ibon Zubiaur


1. Traducciones

2. Sobre Ibon Zubiaur

El silencio se extiende. Gime apenas, soneto inédito de Ibon Zubiaur

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1. TRADUCCIONES

Hugo von Hofmannsthal

Claro que algunos tienen que morir ahí abajo,
Donde estrían los remos pesados de los barcos;
Otros habitan al timón, arriba,
Ven el vuelo del pájaro y las tierras de estrellas.

Algunos yacen siempre con los miembros pesados
En torno a las raíces de la vida intrincada;
Otros van dirigidos a las sillas
En torno a las sibilas y las reinas,
Y allí se sientan ellos como en casa,
Ligera la cabeza y ligeras las manos.

Pero una sombra cae de aquellas vidas
Sobre las otras vidas de ese lado;
Las ligeras están a las pesadas
Ligadas como al aire y a la tierra.
Los cansancios de pueblos olvidados
No puedo yo quitarme de los párpados,
Ni mantenerme al margen del alma horrorizada
De la muda caída de lejanas estrellas.

Tejen muchos destinos junto al mío,
Juega y los mezcla todos la existencia;
Mi parte es más que la delgada llama
O que la exigua lira de esta vida.

(Publicado originalmente en en Can mayor, Tenerife, nº 10 (Abril 2004), pp. 8-9; y en Crítica, Puebla (México), XXVI, nº 108 (Enero-Febrero 2005), pp. 164-165.)

***

Rainer Maria Rilke

CANTO DE LAS MUJERES AL POETA

Ve cómo se abre todo: y así somos;
pues no somos más que esa beatitud.
Lo que en el animal fue sangre y noche,
se hizo en nosotras alma y continúa

gritando como alma. Y hacia ti.
Claro que tú lo acoges en tu rostro
como a un paisaje más: suave y sin ansia.
Y por eso pensamos, no es por ti

por lo que grita. ¿Mas no eres aquél
en quien nos perderíamos del todo?
¿Y es que seremos
más en algún otro?

Con nosotras se acaba lo infinito.
Pero tú sé, tú boca, que te oigamos;
pero tú, Tú Que Nos Dices, tú sé.

(Publicado en Vulcane, Tenerife, n° 7 (Septiembre 2004))

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August von Platen

SONETO XLV

Para encontrar consuelo a mi dolor
Busco el lugar y la hora favorables;
Mas tu imagen me acecha a cada rato
Y lo más próximo desaparece.

La sociabilidad no logra atarme,
La soledad es cosa de los sanos;
Si pienso, agravo con pensar la herida,
Si fantaseo, quéjome a los vientos.

Si he de sanar un día de esta pena,
Vuélveteme, muéstrateme propicio,
Pues sólo tú me faltas, criatura!

Amé a más de un amigo y fui engañado;
Que lea el mundo al cabo de estas hojas
Que a todos los demás te he preferido.

(Inédito)

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Christoph Martin Wieland

JUNO Y GANIMEDES
(vv. 417-512)

Si vuestra rigurosa castidad,
Disciplina, frialdad, ser impasible,
Y repugnancia por las alegrías
Con que, según decís, sólo espíritus bajos se deleitan,
Nos ha desavenido hasta este día,
No quiero decidir por lo presente.
Baste con que mis gustos han cambiado,
Y que ahora soy, sobre esas alegrías,
Enteramente de vuestra opinión.
Antes, querida mía, lo confieso
(Aunque no sea fama muy elegante),
En esto he sido un cerdo epicural.
Besaba cuanto viera, hadas, princesas,
Ondinas, sílfides, y Galateas,
Ninfas del bosque, todo en general,
Ya flacas, gordas, altas o bajitas,
Rubias, más bien morenas, o ambas cosas;
Con todas me sabía conformar.
Nunca podía ver sin emoción
A una moza saliendo de una fuente;
No podían mostrarme una rodilla
Sin perjuicio, al contrario que a Titón.
Si su alma también era atractiva
Me traía del todo sin cuidado,
Razonables o no, me daba igual;
El encanto que irradia lo interior
No alcanzaba a sentir; veía, en suma,
Ya en Palas o en cualquiera de las Musas,
Lo que en una pendeja como Silvia:
El ardor juvenil de una mirada,
Fina piel y unos pechos rebosantes.
Sólo que de este ánimo grosero,
Te puedo asegurar, me he distanciado,
Y no es cosa de ayer, completamente.
El fervor de la sangre lo aplaca la experiencia.
Hoy me deja una náyade ligera,
La menor de las Gracias, y hasta Venus
Igual de indiferente que a una estatua.
La más bella mujer de carne y hueso,
Como el sol que se esboza entre las nubes,
Tan sólo es para mí un mero reflejo
Del brillo de esa íntima belleza
Visible únicamente al puro espíritu.
Un hombre sabio, un griego, me enseñó
A conocer la esencia de lo bello;
Hasta el néctar va pareciéndome carnal,
Y si entiendo a Platón correctamente,
Mi espíritu se ha de nutrir un día,
Como el grillo (que por eso es tratado de divino),

Sólo de aire y de ideas.
Bajo esta luz habéis de ver el tierno amor
Que me une a Ganimedes.
Su hermoso espíritu, su ánimo virtuoso,
Las gracias que embellecen sus costumbres,
La inocencia que brota de sus ojos;
Esto, y no sus rubios cabellos, sus rosadas mejillas,
Es el encanto que me tiene prisionero.
Verás que nada pinta aquí la carne.
Al menos no se aspira, en este amor,
A nada corporal.
Lo bello verdadero lo capta la razón,
Y no engendra jamás vulgar deseo.
En suma, Ganimedes, pareciéndose a Amor,
Aunque retiene el ojo casto de Diana,
Aunque a menudo, cuando está escanciando
Hasta la vieja Vesta le hace ojitos,
Con todo ello, es, sin embargo,
En base a mi actual sistema,
Nada más que un espíritu coronado de niebla.”

¿Nada más que un espíritu?” interviene aquí Juno con sarcasmo,
“¿Acaso los espíritus se besan?”
“¿Y por qué” dice Zeus “no iban a hacerlo?
Tan sólo hay que saber diferenciar.
Los galanes vulgares picotean, cual gorriones,
Tan sólo por saciar el apetito;
Ganimedes y yo, por contra, nos besamos
En forma metafísica y abstracta,
Y este apetito, yo te lo aseguro,
Hasta el galán vulgar nos reconoce.
Son las almas, mujer, las almas solas
Las que en un beso nuestro se derraman;
Del cuerpo enteramente despojadas,
Disueltas por completo en embeleso,
Se mezclan ambas dos y se confunden.
Me hago cargo de que esto es muy profundo.
Que no lo entiendas es muy disculpable;
Son secretos que, no me cabe duda,
El que no está iniciado no comprende.
Por lo demás, si fuera que mis juegos con muchachos
Te han enojado el noble corazón,
Sabrás que en esto cuento por modelo
Nada menos que a un sabio como Sócrates.
Y un sabio es, como Séneca asevera,
Un dios, incluso un poco más; si Sócrates
Coquetea con jóvenes muchachos,
Yo tendré que poder hacer lo mismo.”

(Ch. M. Wieland, Juno y Ganimedes. Edición bilingüe. Bartleby, Madrid, 2007)
http://junoyganimedes.blogspot.com

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William Shakespeare

DE TROILO Y CRÉSIDA
(Acto III, escena 3)

Ulises:

El tiempo tiene, mi señor, un morral a la espalda,
En el que guarda las limosnas del olvido;
Un monstruo colosal de ingratitudes.
Esas sobras son las hazañas del pasado, devoradas
Tan rápido como se efectúan, olvidadas
Tan pronto como se hacen. Perseverar, mi querido señor,
Mantiene el brillo del honor: haber hecho es estar
Pasado ya de moda, como malla herrumbrosa
En un ridículo monumental. Toma el camino del instante;
Pues el honor viaja por un desfiladero tan estrecho
Que sólo cabe uno. Mantén, así, la senda;
Pues tiene mil hijos la emulación
Que uno a uno lo intentan; y si dejas pasar,
O te apartas a un lado del camino directo,
Se precipitan todos como la marea entrante
Y te dejan atrás;
O, como a un caballo aguerrido caído en la primera línea,
Yaciendo como pavimento para la abyecta retaguardia,
Pisoteado y rebasado. Porque lo que ellos hacen en la actualidad,
Aun menor que lo tuyo en el pasado, debe sobrepasar lo tuyo;
Pues el tiempo es como un anfitrión a la moda
Que estrecha levemente la mano de su huésped que se va
Y con los brazos extendidos, como a punto de volar,
Abraza al que ahora llega. La bienvenida siempre nos sonríe,
Y el adiós se retira suspirando. Que la virtud no busque
Su remuneración por lo que fue;
Pues la belleza, el ingenio,
La alta cuna, el vigor de los huesos, el mérito en el servicio,
El amor, la amistad, la caridad, están sujetos todos
Al envidioso y calumniante tiempo.
Un toque natural hace pariente a todo el mundo:
Que todos en unánime consenso elogian las minucias nuevas,
Aunque estén hechas y moldeadas con las cosas pasadas,
Y dan al polvo que está algo dorado
Más alabanzas que al oro empolvado.
El ojo actual elogia el objeto actual:
Así que no te maravilles, hombre grande y completo,
De que todos los griegos empiecen a adorar a Áyax,
Ya que las cosas móviles captan antes al ojo
Que lo que no se agita. En su momento fuiste el aclamado,
Y aún podrías serlo, y ojalá lo seas todavía
Si no te entierras vivo
Y envainas en tu tienda tu reputación”.

(Inédito)

DE ROMEO Y JULIETA
(Acto III, escena 2)

Julieta:

Extiende tus cortinas ajustadas, oh noche ejecutante del amor,
Para que puedan guiñar los ojos de los fugados, y Romeo
Saltar hasta estos brazos, sin que se hable de él, y sin ser visto.
Los amantes pueden ver de hacer sus ritos amorosos
Por sus propias bellezas; o, si el amor es ciego,
Como mejor concuerda es con la noche. Ven, oh noche civil,
Matrona sobriamente ataviada, toda en negro,
Y enséñame a perder una partida victoriosa
Jugada para inmaculadas doncelleces.
Encapucha mi sangre, aún sin hombre, aleteando en mis mejillas,
Con tu manto negro, hasta que el amor extraño, vuelto atrevido,
Tenga por simple modestia el amor verdadero actuado.
Ven, noche; ven, Romeo; ven tú, día en la noche,
Pues yacerás sobre las alas de la noche
Más blanco que la nieve fresca sobre el lomo de un cuervo.
Ven, dulce noche; ven, noche amante de semblante negro,
Y dame a mi Romeo; y cuando muera
Tómalo y córtalo en pequeñas estrellitas,
Y hará el rostro del cielo tan hermoso
Que todo el mundo estará enamorado de la noche,
Sin rendir culto al estridente sol.
Ay, he comprado la mansión para un amor,
Mas no lo he poseído, y aunque estoy vendida,
No he sido disfrutada: tan tedioso es este día
Como la noche que precede a un festival
Para el niño impaciente que estrena vestiduras
Y aún no puede llevarlas.”

(Inédito)



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William Butler Yeats

LOS HUMORES

Cae el tiempo y decae,
Como vela apagada,
Las montañas y bosques
Tienen todos su día;
Pero, ¿cuál, del tumulto
De los ígneos humores
Ha cesado, disuelto?

(Inédito)

DESEA LAS TELAS DE LOS CIELOS

Si tuviera las telas bordadas de los cielos,
Forjadas con la luz de plata y oro,
Las telas del azul oscuro y claro
De la noche y el día y el crepúsculo,
Tendería las telas a tus pies:
Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños a tus pies;
Pisa suave, pues pisas en mis sueños.

(Publicado en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, nº 648 (Junio 2004))

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Ewa Lipska

GENTE PARA PRINCIPIANTES

Gente para principiantes.
Ahí están. De nostálgicos telegramas.
Derribados de los recuerdos.
Póstumos.

Ahí están. Chistosos remos en las manos.
En senderos de rocas aún las huellas.
Una piedra espantada cayendo entre sus voces.
Sin dar de baja hasta hoy los jirones de frases.
Fragmentos de cartas volcánicas.

Ahí están. Desinteresadamente clásicos.
En el armónico silencio del desayuno
Cuando untamos el pan con mantequilla
y se vierte desesperanza por la mesa.

(Inédito)

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Krzysztof Kamil Baczyński

ESTE TIEMPO

Mi querida, mi amada. Qué tiempo tan sombrío.
Noche oscura, ya tan larga noche oscura, con todo sin estrellas,
tras la que los espectros de los árboles arrancados a la tierra – tiemblan.
Tristes cielos sobre nosotros como cruz de las manos rotas.
Las cabezas retumban por la tierra, y las noches descienden al día,
y los días se van a la noche, y no son barcas – son ataúdes lo que paren,
al mundo van por las tumbas, se va el tiempo en los sueños.

Y los corazones – tan pocos, y los labios – tantos.
Nosotros mismos – tan pequeños, tan sólo un paso – nos volvemos mito.
Nosotros mismos – qué nubecillas en el cruce de caminos,
donde los cañones de los siglos y la cruz, mas Dios sobre ella.
Estas cuerdas, ¿son del cadalso? Largas, acabadas en campana –
quizá la campana del espacio. Y tal debilidad de las manos.
Y se esfuma –lo oigo – esa fuerza como arena en el cristal
de relojes antiguos. Nos despertamos en el sueño
sin voz y sin fuerza y se oye retumbar la cuerda
de las chapeadas máquinas de la tormenta. Cielo sangriento, parecido a
la rosa – yace sobre nosotros como generación de las montañas.
Y fluye el crepúsculo. Reina el silencio. Crujido de cráneos rotos;
y el viento empieza a ulular a veces, y la época aplastará con la roca.
No el cesar de nuestros corazones. Qué tiempo tan sombrío.

10.IX.1942

(Publicado en Clarín, Oviedo, IX, n° 49 (Enero-Febrero 2004))

***

Ludwig Hohl

DE MATICES Y DETALLES

I, 38

El trabajo sólo es una deliberada concordancia con el crecimiento.

(Lógica conducente: ¿es que hay realmente algo que sea difícil? No hay nada. Lo que “podemos” es fácil. Pero en todas partes decimos sin razón – porque nosotros podemos – que aprender no es difícil: aprender eso fácil es difícil. – Todo lo que se puede es fácil, escribir los dramas de Shakespeare y la música de Bach – para el que ha llegado hasta allí; pero ¿por qué han llegado tan pocos? – Nos familiarizamos con las cosas; lo uno es tan fácil como lo otro, “lo más difícil” como “lo más fácil”, cuando hemos llegado. – Nos familiarizamos con las cosas, crecemos en ellas. ¿Qué es el trabajo? Un fomento consciente, deliberado de este familiarizarse, de este crecer.)

II, 3

HACER ALGO BUENO. Poder reconocer lo que a uno mismo no le hace falta, pero a otro, que es distinto, le hace falta, como necesario.

II, 4

HACER ALGO MALO. Hacerle a uno un remolque con su pasado, poner todas las piedras que se puede hallar, atar después –: y demostrar a dónde no puede ir éste.

II, 8

LOS ELFOS. Con el claro de luna surgen elfos. Tiempo y distancia hacen aparecer un territorio envuelto en aroma y fulgor. Así, el pueblo aquel de los Alpes Occidentales lo veo ya, por efecto de unos pocos años, en extraños colores de oro, y aquella estancia es transformada para mí en lo prodigioso, me hechiza con lo indecible, – ya el pueblo ha comenzado a salir de una geografía, a unirse a los bancos de rocas en los mares del sur y a los ligeros bosques de mi infancia en que se cuela el sol (éstos sembrados de piedras forradas de musgo y rocas como castillos, que con su innombrable luz como de sueños penetran en mi día); sí, a trasladarse a las cosas sempervirentes del paraíso, a las más prodigiosas que conozco de todos los pueblos y tiempos ... ¡Cómo! ¿Es que habría de faltarme toda fantasía? (Fantasía es la capacidad de concebir correctamente algo lejano, otra situación, no, como suele creerse en general, equivocadamente y de cualquier modo – pues eso podría hacerlo cualquiera.) – Comienza a resurgir entonces ante mí, el pobre día a día en aquel pueblo, mísero como era, con las grises fatigas, dificultades por todos los lados, esfuerzos infinitos, interrumpidas sólo por tan breves momentos de un cierto bienestar, de unidad con el lugar ... ¿Y acaso no me ocurrirá así un día (suponiendo que logre una distancia de ella) con la existencia actual? – ¡ah, qué hay aquí de maravilloso y de dorado!

... Cuando te acercas – –, cuando extiendes la mano hacia ese fulgor sin nombre de la noche –, hacia la plata flotante y esplendente de ese mar de niebla que se extiende desde el refugio de la alta montaña, llenando el valle, en la noche de luna, como si pudieses cruzar por él sobre el abismo hasta los otros montes fulgurantes a la luna: cuando te acercas y extiendes la mano (parado desvalido en el sendero desierto y oscurecido ya a medias): ¿dónde está? ¿quién es? ¡Aquí sólo hay niebla, gotas de agua, piedra! – Y algo constante, único, unido, externo sigue estando ahí, actuando a través de mí, de mi vida, mis ojos que ven desde la distancia ...

No debes atraer a los elfos hacia ti, no puedes poseerlos, ni encerrarlos en tu armario; se desvanecen si los atraes.

(¿Y es que has tenido que perderlos para siempre? ¡Marcha! los volverás a ver – si las noches son buenas.)

Son una imagen de aquella otra cosa ilustre que sólo puede verse a través del trabajo incesante – trabajo, nadar en la corriente de los fenómenos cambiantes, tu movimiento perpetuo, que mantengas la cercanía y distancia correctas, vuelvas a alcanzarlas a cada momento –: de la verdad.

(Ludwig Hohl, Matices y detalles, DVD, Barcelona, 2008)

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2. SOBRE IBON ZUBIAUR

Ibon Zubiaur (Getxo, 1971). Estudió Psicología y Piano y se doctoró en Filosofía con una tesis sobre la poesía de Cernuda. Desde 2002 a 2008 impartió clases de literatura en la Universidad de Tübingen, en Alemania; durante el curso 2004-2005 fue también profesor invitado de la Universidad de Lublin en Polonia. Desde septiembre de 2008 dirige el Instituto Cervantes de Múnich.

Ha publicado los siguientes libros y ediciones:

La construcción de la experiencia en la poesía de Luis Cernuda, Reichenberger, Kassel, 2002.

Andrés Ortiz-Osés, Razón y sentido. Aufsätze zur symbolischen Hermeneutik der Kultur, Edición de Astrid Melzer-Titel e Ibon Zubiaur, Traducción de Ibon Zubiaur, filos-Verlag, Erlangen, 2006.

W. B. Yeats, Encrucijadas, Edición bilingüe. Traducción, prólogo y notas de Ibon Zubiaur, Bartleby, Madrid, 2006.

Pioneros de lo homosexual (K.H. Ulrichs, K.M. Kertbeny, M. Hirschfeld), Edición de Ibon Zubiaur, Anthropos, Barcelona, 2007.

Christoph Martin Wieland, Juno y Ganimedes, Edición bilingüe. Traducción, prólogo y notas de Ibon Zubiaur, Bartleby, Madrid, 2007.

Adalbert Stifter, Brigitta, Traducción y prólogo de Ibon Zubiaur, Bartleby, Madrid, 2008.

Ludwig Hohl, Matices y detalles, Traducción y prólogo de Ibon Zubiaur, DVD, Barcelona, 2008.

Brigitte Reimann, Los hermanos, Traducción y prólogo de Ibon Zubiaur, Bartleby, Madrid, 2008.

Rainer Maria Rilke, Worspwede, Traducción, prólogo y notas de Ibon Zubiaur, TREA, Gijón, 2010.

Ha publicado también numerosos artículos y traducciones en revistas como Letras Libres, Clarín, Cuadernos Hispanoamericanos, Diálogo filosófico, Zeszyty naukowe, Crítica, Turia, Quimera, Romanistisches Jahrbuch, Arcadia y otras, así como en diversos volúmenes colectivos.

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El silencio se extiende. Gime apenas
El alma enajenada en el abismo
Sin fondo del deseo. Tu mutismo
Forja un espeso manto de cadenas.

Pesan más que la niebla estas escenas
Calladas de impotencia. Siempre el mismo,
Su cruel y sosegado mecanismo
Quiebra sombras de espinas por mis venas.

Un último dolor. Nada responde.
Sólo el viento que silba en el desierto
Lugar de mi esperanza. No sé dónde,

Pero perdí tu voz. Queda este incierto
Marco de pesadilla que la esconde,
Y el eco de las lágrimas que vierto.

(soneto inédito de Ibon Zubiaur)


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Publicado el 20/5/2010



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