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La lengua ciega, de Juan Antonio González Fuentes


Foto de Mónica Sanjosé

Juan Antonio González Fuentes (Santander, 1964) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Cantabria. Ha publicado los libros de poemas: Además del final (1998), La luz todavía (2003) y Atlas de perplejidad (2004). Está incluido en trabajos como Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005). Ha editado y antologado la poesía de José Luis Hidalgo y escrito sobre la obra de José Hierro, Alejandro Gago, Manuel Arce, María Zambrano, Juan Ramón Jiménez, o Aleixandre. Colabora en www.ojosdepapel.com y en Revista de Libros.

PRESENTACIÓN DE LA LENGUA CIEGA POR ÁLVARO POMBO

La lectura de La lengua ciega produce un efecto análogo al que siente quien extrae material de una mina y ese material, verbal, terroso, desacostumbrado, tiene que ser tratado en busca de la significación: el metal precioso. Se diría que los significados de los textos de este poeta no se dan en primer término –la referencia real queda velada– sino que tienen que ser obtenidos al final de la lectura. El significado en limpio es el resultado del proceso verbal del poeta y del lector y es una resultante, en el sentido en que se hablaba hace años de la realidad como resultado: la realidad poética no es un dato, sino un resultado de estos poemas. Esto hace que los textos de González Fuentes sean a la vez abiertos y ciegos, salvajes como propuestas de animales que han de ser domesticados todavía. Nos encontramos pues, ante un original poeta que ayuda al lector a desembarazarse del trillado lenguaje de la tribu para purificar los sentidos y las significaciones de lo que, por estar aún por decir, resulta muy difícil de extraer y de decir de una vez por todas. Un excelente poeta de lo oscuro.

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MEDIODÍA

Mediodía. La materia interior del verano. Aquello que significa el clima claro del mundo, sus llamas oscureciendo palomas y lenguaje, el temblor que aprende a respetar la prueba e intimidad del horizonte.

OÍR DEL ECO

a Pureza Canelo

De no sé dónde llega este oír del eco que con ojos de alba humaniza el árbol y bebe en el poema y escucha la música de todo; esa música que llega al final andando la forma (agua) del sol por el sol: azar de hombre que se promete en escarcha.

La ley del infinito en el minuto atolondrado de la nieve afónica, sin afueras o gozo insondable, rima esperada con jardín cerrado y sin oficio de números que silban, que dañan el servicio gratuito de las nubes que ahora somos, hijos nosotros mismos de una voz minúscula, casi oculta, que no sirve al revés y retraída a la tregua, que no es útil para ganar nunca en los más breve que nos da la piedra.

EL MISMO MAR

a Álvaro Pombo

El mismo mar, otra vez el mismo mar, el mismo mar del norte y su olor mendigo a humo; esa clase de amor iluminada a lo lejos por el calor de la piedra más sumisa.

Por delante y de mi hacia fuera el mar tenía sed. Pero para entonces se encontraba demasiado lejos de nosotros. Y así lo recuerdo al final de la mañana blanca, lejos, en el silencio que se pronuncia alto, cuando luce el sol y muere la voz sobre la voz sin sangre, voces hasta el cauce nuevo de la voz callada, vencidas por la música de un naufragio en otro mar que ya no es mío.

La lengua ciega
Juan Antonio González Fuentes
80 páginas
8 euros
Colección poesía, 128

Publicado el 29/9/2009

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