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Las elegías, de Friedrich Hölderlin,
en edición de Juan Andrés García Román

Las elegías representan al Hölderlin más ambicioso, el más osado y traspasado por el íntimo afán místico e idealista de hacer confluir la historia humana y el devenir social y político del hombre con el «espíritu de la naturaleza». Escritas a caballo entre los siglos dieciocho y diecinueve y en una Alemania en pleno fervor romántico en la que Madame de Staël declaraba entrar admirándose, igual que quien entra en una catedral, estos textos son acaso el más perfecto retrato de toda la generación que alumbró nuestra conciencia de modernidad. La expansión musical y emotiva de las elegías logra como pocos poemas de la literatura universal el propósito de cercar la totalidad de lo viviente dentro de una redescubierta unidad cósmica. Pero si bien Hölderlin expresa como nadie el entusiasmo por las ideas libertarias e ilustradas, tampoco escamotea el temor y el estupor ante una Europa inmersa en el proceso sangriento y convulso de las guerras napoleónicas cuyo final dejará a la postre al continente frente a frente con la cruel realidad política de la Restauración. Si se pudiera decir que los treinta años que siguen a la Revolución Francesa esbozan una historia contemporánea en miniatura, entonces deberíamos afirmar que el más legítimo actor de ese entremés es Friedrich Hölderlin, quien fue capaz de relacionar divinidad con comunidad humana en la voz de Menón enamorado, pero quien, al cabo, hubo de morir enclaustrado, enloquecido, renunciando a su identidad y a su propio nombre. La edición de Juan Andrés García Román, que ha traducido para esta misma editorial los Poemas a la Noche y otra poesía póstuma y dispersa de R. M. Rilke, ofrece al lector contemporáneo una versión depurada de las elegías que pretende, ante todo, reproducir de un modo diáfano el ritmo del pensamiento hölderliniano, pero que no olvida la dimensión estrictamente métrica del texto.

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REPRODUCIMOS A CONTINUACIÓN EL FRAGMENTO INICIAL DE LA ELEGÍA EL ARCHIPIÉLAGO

DER ARCHIPELAGUS

Kehren die Kraniche wieder zu dir, und suchen zu deinen
Ufern wieder die Schiffe den Lauf, umatmen erwünschte
Lüfte dir die beruhigte Flut, und sonnet der Delphin
Aus der Tiefe gelockt am neuen Lichte den Rücken?
Blüht Ionien? ists die Zeit? denn immer im Frühling,
Wenn den Lebenden sich das Herz erneut und die erste
Liebe den Menschen erwacht und goldner Zeiten Erinnrung,
Komm ich zu dir und grüß’ in deiner Stille dich, Alter!

Immer, Gewaltiger! lebst du noch und ruhest im Schatten
Deiner Berge, wie sonst; mit Jünglingsarmen umfängst du
Noch dein liebliches Land und deiner Töchter, o Vater!
Deiner Inseln ist noch, der blühenden, keine verloren.
Kreta steht und Salamis grünt, umdämmert von Lorbeern,
Rings von Strahlen umblüht, erhebt zur Stunde des Aufgangs
Delos ihr begeistertes Haupt und Tenos und Chios
Haben der purpurnen Früchte genug, von trunkenen Hügeln
Quillt der Cypriertrank und von Kalauria fallen
Silberne Bäche, wie einst, in die alten Wasser des Vaters.
Alle leben sie noch, die Heroenmütter, die Inseln,
Blühend von Jahr zu Jahr und wenn zu Zeiten, vom Abgrund
Losgelassen, die Flamme der Nacht, das untre Gewitter
Eine der holden ergriff und die Sterbende dir in den Schoß sank,
Göttlicher! du, du dauertest aus, denn über den dunkeln
Tiefen ist manches schon dir auf und untergegangen.

Auch die Himmlischen, sie, die Kräfte der Höhe, die stillen,
Die den heiteren Tag und süßen Schlummer und Ahnung
Fernher bringen über das Haupt der fühlenden Menschen
Aus der Fülle der Macht, auch sie, die alten Gespielen
Wohnen, wie einst, mit dir, und oft am dämmernden Abend
Wenn von Asiens Bergen herein das heilige Mondlicht
Kömmt und die Sterne sich in deiner Woge begegnen,
Leuchtest du von himmlischem Glanz und so, wie sie wandeln,
Wechseln die Wasser dir, es tönt die Weise der Brüder
Droben, ihr Nachtgesang im liebenden Busen dir wieder.
(...)

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EL ARCHIPIÉLAGO

¿Vuelven a ti las grullas y los barcos
buscan de nuevo el rumbo camino a tus orillas?
¿Envuelven a las olas con su aliento las brisas deseadas
y solea el delfín, desde el fondo atraído, su lomo en nueva luz?
¿Florece Jonia? ¿Es tiempo? Pues siempre en primavera,
cuando se les renueva el corazón a los que viven
y despierta en los hombres el primer amor y el recuerdo de tiempos dorados,
vengo hasta tu silencio, Anciano, a saludarte.

Tú, siempre poderoso, aún vives y descansas en la sombra
de tus montes, igual que antaño, y ciñes todavía con brazos de muchacho
a tu tierra querida, y de tus hijas, las florecientes, Padre, de tus islas,
ninguna se ha perdido todavía.
Se alza Creta y verdece Salamina, orlada por la luz que filtran los laureles.
Florecida de rayos toda en torno, a la hora del alba eleva Delos
su cabeza extasiada, mientras Tenos y Quíos
se desbordan de frutos de púrpura.
De las ebrias colinas mana el vino de Chipre y de Calauria caen
arroyos plateados como antaño en las aguas antiguas del padre. Todas viven,
las madres de los héroes, las islas, floreciendo de año en año,
y cuando algunas veces, liberada del fondo del abismo,
la llama de la noche, la tormenta interior,
desde abajo prendía a una de aquellas, las propicias, hasta hundirla en tu seno moribunda,
entonces, tú, divino, perdurabas, pues para ti ya es tanto
cuanto ha nacido y muerto en lo oscuro y profundo.

Pero aquellas también, las silenciosas, las celestiales fuerzas de lo etéreo,
que desde lo lejano, donde está la energía en plenitud,
traen el día sereno y el amable reposo y el presagio sobre todos los hombres sensibles,
también ellos, los viejos compañeros de juegos,
viven contigo igual que en otro tiempo y, con frecuencia, al declinar la tarde,
cuando la luz sagrada de la luna viene hasta aquí de las montañas de Asia,
y en tus olas se encuentran estrellas con estrellas,
entonces, tú iluminas con fulgor celestial
y tal como ellas cambian, tus olas con su curso se transforman;
suena la melodía de los hermanos otra vez en lo alto
su nocturna canción en tu pecho que ama.
(...)

 

   

Las elegías
Friedrich Hölderlin
Edición de Juan Andrés García Román
184 páginas
14 euros
Colección poesía, 129

Publicado el 29/9/2009

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