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Doméstica, de Julio Rodríguez
(XVI Premio de Poesía Ciudad de Mérida)

Julio Rodríguez (Oviedo, 1971) es profesor universitario, guionista y escritor, no necesariamente por este orden. Ha publicado la novela El mayor poeta del mundo (Premio Vargas Llosa de Novela 2005) y el libro de poemas Naranjas cada vez que te levantas (Premio Emilio Alarcos de Poesía 2007).

La poesía de Julio Rodríguez es moderna y, por lo tanto, clásica al mismo tiempo, es contenida y luminosa, sobria e incisiva, universal y, sin embargo, extrañamente familiar. Poesía en estado puro. Poemas sencillos, fulminantes, con vocación de transparencia, a veces rasgados por el arañazo del dolor y la muerte, pero siempre dispuestos a festejar la vida alrededor, a la celebración del ocio, del abrigo y también, por qué no, de la intemperie, del paso firme de los días y, sobre todo, del amor cotidiano y doméstico.

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DOS POEMAS DE DOMÉSTICA

AMNÉSICO & DISTANTE

Me cuesta recordar (cuando no quiero
verte cerca) que yo no soy Vallejo,
ni Girondo, ni Carver, que no calzo
más que un 42, que no levanto
el vuelo sin tus alas, que no hago
milagros, sino apenas
poemas imperfectos que no llegan
(tampoco yo) a ninguna parte.
Me cuesta recordar que tus zapatos
dan sentido a mis pies, que cada paso
que doy sin ti es en falso, y cuando salto
la única red a mano son tus brazos.
Me cuesta recordar que no hay más cera
que la que arde en tus dedos cuando juegas
con las velas en los restaurantes.
Me cuesta recordar (cuando te quiero
ver lejos) que no hay nada
de cielo en mi ventana si te alejas.

PRIMERA CICATRIZ

Mis abuelos vivían con nosotros en casa.
«Hace una hora que le oí toser
pero no imaginé lo que pasaba»,
repetía mi madre aquella noche
(mi padre, mientras tanto,
trataba de arreglar
las cosas por teléfono).
Mis hermanas y yo
conocíamos bien la enfermedad
(la rígida trombosis del abuelo),
pero la muerte apareció de golpe,
una noche cualquiera apareció de golpe
con aquel aleteo transparente
sacudiendo el silencio
y toda su crudeza de avispero.

Y supimos entonces
que la muerte era eso:
la mariposa extraña y lenta
que daba vueltas por la casa
con aire de cometa nueva.
La muerte era una mala racha,
una polilla alrededor de aquella
felicidad de ser tan sólo niños
que nunca más volvió a cerrar sus alas.

 
Doméstica

Julio Rodríguez
80 páginas
9 euros
Colección poesía, 143

Publicado el 4/4/2011

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