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Autoría, de Julieta Valero
(XXII Premio de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad)


Julieta Valero (Madrid, 1971) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Ha publicado relatos, poemas y artículos en diversos medios literarios y ha participado en numerosas antologías: Inéditos, 11 poetas (2002), Todo es poesía menos la poesía. 22 poetas desde Madrid (2004), 11-M. Poemas contra el olvido (2004), Poesía pasión (2005), Palabras sobre palabra: 13 poetas españoles jóvenes (Chile, 2009) y Fuga de la nada. 16 propuestas poéticas (2009), entre otras. Es autora de los poemarios Altar de los días parados (Madrid, Bartleby, 2003) y Los Heridos Graves (Barcelona, DVD Ediciones, 2005, IV Premio de Poesía Joven de RNE-R3). Algunos de sus poemas han sido traducidos y publicados en Francia, Italia y Marruecos. Desde 2008 es coordinadora en la Fundación Centro de Poesía José Hierro.

PRESENTACIÓN DE AUTORÍA, POR EDUARDO MOGA

Autoría supone, a la vez, un ahondamiento en el cosmos lírico de Julieta Valero, y una estilización de sus rasgos más característicos: su lucha por perfilar un yo incierto, y acaso imposible, en una realidad sin otros hilos conductores que la decadencia y el estupor, se resuelve en estos poemas encendidos y deshilachados, pero cuyo deshilachamiento les otorga una insólita cohesión. Los conflictos del amor y la cotidianidad, encarnizados, se traban en un combate lingüístico cuyo resultado, siempre brillante, transforma el mundo. El irracionalismo de Julieta Valero es, en realidad, otro realismo, más incisivo, menos lineal, lleno de una alucinada sensatez. Su palabra permea las cosas y zarandea la identidad: la reconstruye. Su mirada es una música rota.

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ÍTEMS PARA UN TSUNAMI

En el colmado de abajo aceptaron a mi planta trepadora a cambio de un kilo de arroz.

Mirando bullir el arroz engañé a la prisa y se quedó dormida junto a los trozos de hielo.

Ahora la palabra frío conserva su manantial y su Estalingrado pero designa también tus pies pequeños que me buscan cada noche.

Cada noche tú imitas a Boris Kaloff y tomamos al monstruo por el niño. El cabo de la risa en nuestra almohada es el espejo donde la rutina se ve las arrugas y llora.

Algunas madrugadas hablamos de tener hijos sin la comadreja de las tropas que invaden. No es Navidad pero sé que nos preocupan verdaderamente los niños palestinos. Ningún reportaje escinde el material de sus casas del inventario de nuestro miedo.

Hay una cuenta que no me sale y eso me recuerda como hoja y aquel viento. Me refiero al tiempo que me queda atravesado por la pértiga de la felicidad. Tengo dudas con la densidad del aire aunque en los depósitos de lo que importa tu sonrisa es un número primo. De aquí a la eternidad. No sé más pero matemáticos bondadosos con grasa en el pelo se han sentado en su pupitre, descalzos y tristes, a balancear estos enigmas.

De lo escondido ya sólo me interesa cómo se las arreglará la esponja del amor para crecer más allá de la barrera de coral.

Sospecho que la belleza debe ser algo que se desparrama con tino. No vale la sustitución de materiales. Ese truco era un conejito blanco que huyó hacia los helechos de la adolescencia.

Desde que sé que envejezco con la certeza que se sabe una fresa en la boca me gustaría que cada vez que me cansa mi madre me creciera una demanda de amor con el perímetro de los días que sus manos han sido benéficas. Una caricia detrás de otra para que su círculo me extrajera esta imbecilidad lineal, la muela de la ingratitud sonando en la bandeja de lo inapelable.

Debes estar al llegar. Cuando eso ocurre Marguerite Yourcenar tiene un pensamiento obsceno y planea su regreso.

El regreso es el único movimiento posible y sin embargo choca siempre con la rótula de los emprendedores. De esto deduzco que los recién nacidos ya se están rehabilitando, que las estadísticas quedan pasteurizadas en las incubadoras.

Donde quiera que esté Praxíteles te mira satisfecho. Por mi parte, he roto con el miedo: lo hubiera perdido todo de no dar contigo. La mesa está puesta. Aunque sabes de mis limitaciones con las salsas y la Cábala, también tu ambición es sabia: una bolsa blanca que se mueve con el viento.

Autoría
Julieta Valero
80 páginas
9 euros
Colección poesía, 134

Publicado el 19/4/2010

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