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Aparece la segunda edición de Adulto extranjero, de Martín López-Vega


Foto de Sarabel Delgado

Llega a las librerías españolas la segunda edición de Adulto extranjero, poemario de Martín López-Vega, que incluye nuevos poemas. Con esta ocasión, el autor ha escrito el texto que aquí reproducimos.

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CONFESIONES (POCAS) DE UN EXTRANJERO ADULTO
por Martín López-Vega

Siempre he pensado que es mal asunto comenzar por tomarse uno demasiado en serio a sí mismo. Tomarse en serio es empezar a volverse un poco estatua, y no todos tenemos madera de estatua. Además: con madera solo se hacen caballos de Troya…

Estaba en la Guadalajara de México por asuntos feriales y una tarde que decidí airearme un poco di con mis pasos en el Instituto Cabañas. Al ir a sacar la entrada, la taquillera me dijo: “Adulto extranjero”. No había ningún matiz raro en la forma en que lo dijo, pero a mí me dio la risa, porque pensé: vaya, es como si me hubiera leído y me estuviera haciendo una caricatura… Me gustó tanto que pensé que aquello tenía que ser el título de un libro mío, aunque tardé en decidirme a que fuera el de este. Yo tenía, como working title, Perfect days (en parte por lo irónico, pues de perfect tenían más bien poco, y en parte porque la cancioncita de marras sale unas cuantas veces en el libro), y, antes de ese, Un vaso de sed. Pero creo que he elegido bien…

Si hiciera un poema caricaturizándome (y no sería la primera vez) pasaría, seguro, en una ciudad extranjera. Es una de mis manías más evidentes. Creo que es porque me gusta escribir poemas cuando me doy de baja en el contexto (por decirlo con un verso que me gusta mucho de Kjell Espmark), cuando estoy, como en otro verso de Denise Levertov, más “alerta ante lo posible”. Afortunadamente no todas las cosas importantes me pasan cuando ando triscando por los extranjeros del mundo, pero sí que siento que esa “localización” ayuda a entender el instante de cada poema como único e individualizado, un poco elevado sobre el tiempo cotidiano, lo que es algo que sí me importa al escribirlos.

Por lo demás, no me interesa escribir poemas de viaje. No diré que no se me haya escapado alguno, pero eso, la ciudad ajena, el momento de paso, es solo un primer nivel en la construcción de los poemas, el decorado en el que luego ocurrirá lo que sea.

Y los poemas que me gustan no son fotografías de lo que ocurre en esos lugares, sino radiografías. Pienso que un poema sirve si nos ayuda a entender algo que no entendíamos, a subir un escalón vital. Creo que sigo escribiendo poemas por eso, porque es mi bastón en este mundo raro. Poner en un papel lo que me ocurre, ordenarlo, buscar sus sentidos ocultos, trabajar con imágenes que, al cabo, son espejos deformantes: creo que más o menos esa ha ido siendo mi poética.

Un par de reseñas sobre Adulto extranjero insistían en una cierta voluntad de rareza que, debo confesar, no tengo. Ahora bien, hay algo que para mí es esencial: la duda. Si escribo un poema para buscarme, para entenderme, si hay algo evidente es que no puedo tener la respuesta de antemano. Y, además, a mí escribir poemas por escribirlos, me aburre. Escribir por segunda vez un poema que ya he escrito no me motiva en absoluto. Si lo empiezo es porque busco algo, o porque ha venido una imagen a decirme que debo seguirla, que me llevará a algún sitio. Escribir poemas de Martín López-Vega me aburre, y además, seguro que aburriría a los lectores (sean los que sean) que uno tenga. A mí, además, siempre me han gustado los poetas que libro a libro buscaban algo más, que de algún modo, me hacían superar extrañezas iniciales para luego llevarme a algo nuevo y enriquecedor. Si el poeta no va por delante investigando nuevas formas de decir, ¿quién lo va a hacer? Es una de las responsabilidades que uno asume cuando escribe un poema y cuando publica un libro.

Supongo que Adulto extranjero es un libro de crisis, si es que hay alguno que no lo sea. Hay un poema de James Merrill que me rondaba mucho la cabeza cuando el libro empezaba a tomar forma, uno que se titula “La cura”. Creo que algunos de sus modos están en los poemas largos del libro, aunque releído ahora ya no lo sienta tan cercano. Pero el tono de poema “en directo”, escrito minuto a minuto (y de hecho fue un poco así) que tienen poemas como “Alfama” o “Danziger Strasse”, uno de los inéditos que se incorporan en esta segunda edición, creo que vienen de esa lectura, del deseo de ser capaz de usar esa misma estructura y enriquecerla con otras cosas. Escribí este libro intentando encontrarme y, aunque lo que encontré no era lo que buscaba, dejé el camino tan desbrozado que acabar encontrándome era cuestión de tiempo. De eso, espero, irá mi próximo libro…

Hay algunos temas que ahora me parecen medulares en Adulto extranjero. Uno es la incapacidad para resistirnos a la fugacidad de cuanto nos pasa. El intento de buscar fuerzas para hacerlo, de lograr estabilidad en cosas que duren. Otro sería cómo encontrar el ánimo para reemprender el camino una vez que se descubre eso, que tampoco esta vez habíamos encontrado lo que buscábamos.

Hay también algunos poemas familiares. Mientras escribía este libro murieron mis dos abuelos maternos. Mi abuelo paterno fue, en muchos aspectos, mi padre, en el sentido de que siempre lo he sentido como la figura con la que confrontarme. No sé si nos pareceremos mucho o poco, pero en él aprendí muchas cosas y sí que me reconozco en tantas otras de su carácter. Mi abuela era la memoria, la que nos contaba las historias de familiares a los que ni siquiera conocíamos. Así que se fueron, juntos, la memoria y el espejo, y eso es también un poco de desvalimiento.

A la vez, este es mi libro más gamberro. No solo porque proponga unas instrucciones para el fin del mundo (que mi amigo García Martín se tomó en serio), sino porque por fin creo que en él está mi sentido del humor. Los collages de “Leyendo el periódico en voz alta” son el resultado de una vieja afición mía, coleccionar titulares auténticos pero absurdos (ya he abandonado la colección, o casi, porque son muchos). Los últimos que tengo apuntados son:

El FBI teme a Barbie.
Un satélite zombie se arregla solo.
Canibalismo entre galaxias.
Chuck Norris: “Con Obama Jesús no hubiera nacido porque la virgen hubiera abortado”.

Escribo poemas autobiográficos porque la vida que me interesa entender es la mía (cuando logre eso ya me pueden poner más deberes) pero eso incluye, naturalmente, el mundo que me rodea. Por eso hay también muchos poemas de museos. Algunos de mis poetas favoritos buscaban sus epifanías en las obras de arte y hoy creo que hay que preguntarse dónde podríamos buscar una epifanía de esa clase, porque los museos están llenos de turistas (nosotros entre ellos) y no se puede ver casi nada, y si se ve, a veces pasa como con la Gioconda, que por culpa del cristal de protección que le han puesto es imposible contemplarla sin ver reflejado en su frente el cartelito verde de “Exit”. También hay museos repetidos, de esos que uno encuentra por todos los países de Europa y que exhiben las mismas cosas para explicarnos cuán distintos somos unos de otros.

Otra buena porción del libro se va en intentar entender nuestras actitudes sentimentales… Probablemente es la más cruda, para bien y para mal. Uno de mis lemas al escribir el libro fue evitar autocomplacencias de cualquier clase, así que me ha salido un poco bruto, pero sincero siempre, creo.

Cuando uno publica una colección de poemas siempre pueden pasar dos cosas: que la publica antes de tiempo, cuando aún le quedaban por escribir uno o dos poemas de ese ciclo, o después de tiempo, lo que le lleva a incluir algunos que ya deberían ser del libro siguiente. La oportunidad de esta segunda edición de Adulto extranjero me ha permitido hacer las dos cosas, y alguna más… He quitado algunos poemas, tres. Dos de ellos eran dudas en el momento de hacer el libro, y aquí los he cambiado por otros dos sobre los que también dudaba (no quería un libro muy extenso, por eso no los incluí entonces). He retirado el último poema largo de la primera edición, “Bairro Alto”, porque me parece que respondía más a la intención de amontonar cosas que no había sido capaz de decir antes que a un poema acabado. En su lugar, está ese poema que me quedaba por escribir de Adulto extranjero y que vino tarde, “Danziger Strasse”, que escribí en agosto, y con el que de hecho se cierra el ciclo. Los otros dos poemas nuevos, “Dos” y “Libro de presagios” son de hace apenas unos días y quizás debería haberlos guardado para lo que sea lo próximo, pero me hace ilusión verlos ahí como semilla, como presagio.

No sé si tiene algún interés lo que uno mismo pueda decir de sus poemas (lo digo por mí, claro; a mí me encanta leer las reflexiones de los poetas que me gustan sobre sus propios poemas). A mí me gusta leer lo que los demás tengan que decir de ellos, porque siempre se aprende o se recuerda algo. Cuando acabé este libro sentí más que nunca la certidumbre de que nunca volvería a escribir poemas, pero, parece (lo siento por ustedes) que me equivocaba una vez más. En cualquier caso, vayamos a lo importante, ¿han leído el libro de Louise Glück Las siete edades, que acaba de publicar Pre-Textos? ¿Y la maravillosa edición de los cuadernos de viaje de Basho que Jesús Aguado ha preparado para Dvd? ¿Y el Potrillo de Charles Wright que acabamos de editar en Vaso Roto? ¿O la deliciosa En mitad de la noche un canto de Jirí Kratochvil? Y que haya quien se queje de que se publiquen muchos libros…

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PRÓXIMAS PRESENTACIONES DE ADULTO EXTRANJERO

Madrid
Miércoles 9 de marzo, 19.00 h.
Librería Rafael Alberti
Presenta Abraham Gragera

Zaragoza
Miércoles 30 de marzo, 20.00 h.
Librería Antígona
Presenta Ignacio Escuín Borao

Barcelona
Jueves 31 de marzo, 19.00 h.
Librería La Central (c/Mallorca)
Presentan Jesús Aguado y Sergio Gaspar

Publicado el 1/3/2011

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