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ENTRAR
EN MONSTRUOS EN SU LABERINTO
En el año
2003, y con el título de Por vivir aquí, Bartebly Editores
publicó una antología de poetas catalanes en castellano, un
proyecto dirigido por Manuel Rico que daba cabida a una veintena de
autores nacidos entre 1952 y 1971. La muestra de poemas y poetas que
se esconde en nuestro laberinto toma su punto de partida temporal más
o menos donde acababa el de aquella selección, a pesar de que sus
objetivos difieran en gran medida, ya que si entonces se trataba de
dar eco a una serie de escritores consagrados o en vías de estarlo,
aquí se trata más bien de rastrear una posibilidad, de plantearse
una hipótesis, a partir de una serie de preguntas con múltiples
implicaciones: ¿se escribe poesía joven en castellano en
Catalunya?, ¿cómo es esa poesía?, ¿a qué impulsos, ambientes o
influencias responden sus representantes?, ¿a qué obedece su
elección lingüística?, ¿su escritura, como ellos, es bilingüe?,
¿cuál es su relación con los poetas que escriben (sólo) en
catalán?, ¿existe la más mínima consciencia de grupo?, ¿sostienen
una estética común?
Lo decimos ya:
la mayoría de estas preguntas quedarán sin respuesta, pues a pesar
de actuar como acicate de la presente antología, exceden de largo
sus posibilidades. Valga nuestra propuesta, en todo caso, como paso
inicial, como primera aparición conjunta de un grupo de poetas que
vienen desarrollando sus trayectorias de formas muy diversas y que,
acaso sin saberlo, ofrecen interesantes puntos de intersección que
al lector, si le apetece, le tocará descubrir. Trece
son los monstruos que se esconden en este laberinto, el más joven de
ellos nacido en 1986, el mayor en 1974. Todos son de Barcelona o
alrededores, o al menos han vivido aquí durante la mayor parte de sus
vidas. Todos se sirven del castellano, pese a que algunos de ellos
utilicen también el catalán como lengua de creación. Todos escriben
desde la más absoluta libertad, sabedores de que la literatura se
justifica por sí misma, más allá de proclamas, de politiqueos y de
intereses creados.
Ludovico Morales ***
El sueño de la razón produce monstruos,
como bien podría haber dicho el gran poeta apócrifo
Ferdinand de Saussure. Pero la vigilia de los monstruos edifica
laberintos para encerrarse dentro, y trazar un límite, un
delirio de pasadizos y rincones entre la cosmética de la polis y
la furia que obedece a ese orden más oscuro, más
secreto del caos. El laberinto niega el tiempo lineal, la evolución y el
principio de causalidad. El héroe que viene de la polis pretende
desentrañar un enigma, abrir un único camino, encontrar
al monstruo, darle muerte y resolver el laberinto. El monstruo prefiere
recorrer el laberinto por el puro gusto de hacerlo, sin
pretensión de hallar una salida. Irá encontrándose
con sus propios rastros una y otra vez, aquí y allá, no
sólo por el camino correcto, sino por las infinitas calles
ciegas. El eco multiplica, dispersa y confunde las pisadas.
¿Quién es el que persigue, o el que espera, o el que
acecha?
Juan Manuel Macías
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