Lecturas de verano
por Sergio Gaspar

De la utilidad de degenerar todos los géneros, incluidos los literarios

El caracol
alcanzará la cumbre del Fuji
en el cuarto verso

del haiku.

Publicado el 22/9/2008

Para iniciar la despedida

Mi amigo Manuel Vilas cita unas palabras de Ballard en la firma invitada “Manuel Vilas (7 meses de España)”, que ustedes podrán encontrar en www.dvdediciones.com.

Vilas y Ballard afirman: “El pasado no existe.”

Estoy de acuerdo. Felipe II no existe. Hitler y Stalin no existen. El presidente Aznar, entrevistándose con el presidente Bush en un rancho de Texas, ni es presidente ni existe. Yo, atravesando la avenida Diagonal camino del colegio de los Hermanos Maristas, no existo. Mi madre tampoco existe.

El pasado no existe, pero lo que está pasando en el presente –una posible definición de presente sería: todo lo que está pasando-, eso sí tiene existencia. Y, paradójicamente, uno de los acontecimientos que más pasan en cualquier presente son las representaciones del pasado.

El presente se nos presenta llenísimo de pasado(s), ocupadísimo por pasado(s) y preocupadísimo por alguno(s) pasados(s), tiempos sin existencia que en ocasiones aparecen yuxtapuestos, otras complementarios y con frecuencia en abierto y feroz conflicto.

Quien quiera irse del pasado deberá marcharse del presente.

¿Existen los fusilamientos de Paracuellos del Jarama? Obviamente, no. ¿Existen los miles de desaparecidos del bando republicano en la Guerra Civil Española, una guerra que tampoco existe? No, indudablemente. Y, sin embargo, aquí y ahora seguirán presentándose y representándose todos ellos en este largo día lunes del 8 de septiembre de 2008.

No parece que tengamos otra opción: quien quiera irse del pasado deberá salirse del presente.

¿Nos salimos?

Publicado el 17/9/2008

Tolstói

Lev Nikoláyevich Tolstói se convirtió a la religión del Vegetarianismo en sus años maduros. Para Tolstói, matar a un animal para alimentarse era una acción inmoral, un gesto sucio y degradante. Escribe: “Si un ser humano aspira a vivir más amorosa y espiritualmente, su primera decisión debería ser la de abstenerse de comer carne.” El hábito de alimentarnos de carne asesinada y muerta, lejos de constituir una fuente de placer genuino, se transforma en origen de numerosos males, entre ellos la violencia del hombre contra el hombre. Escribe Tolstói: “Mientras existan los mataderos, existirán los campos de batalla.”

¿Por qué motivo, siempre que regresamos de nuestras vacaciones, o casi siempre, nos recibe una desgracia?

Se fue la luz durante sesenta horas y se pudrieron las hamburguesas que dejamos en el frigorífico, dispuestas para ser fritas y cenadas la noche de nuestro retorno.

Los vecinos de arriba se han comprado un piano. Su peso y su música los han depositado exactamente sobre y contra nuestra silenciosa habitación de trabajo.

Nos han entrado cacos y nos lo han robado todo, incluso los libros, incluso nuestros amados ejemplares de Estructuras sintácticas y Aspectos de la teoría de la sintaxis de Noam Chomsky.

En el buzón nos esperaba una carta siniestra de Hacienda.

Nos han invadido las hormigas.

En efecto, cuando Maria y yo regresamos de Jávea, nuestro apartamento lo habían invadido las hormigas. Miles de bichos minúsculos y oscuros paseaban enloquecidos por el cristal de la quesera, sobre la blancura del frigorífico, por el suelo de la cocina, por el parqué flotante del pasillo. Habían entrado en el baño y recorrían la geografía de la tapa del váter, ascendían por las baldosas blancas, entraban y salían de la bañera, surcaban el techo vueltos del revés.

Recuperados de la estupefacción inicial, comenzamos a pisar, a aplastar, a matar. Abrí el armario de la cocina y empuñé un par de insecticidas, en cada mano uno. Caían las hormigas como moscas desde la puerta del frigorífico al suelo, desde las baldosas del baño, desde el techo. Menos de veinte minutos más tarde, Maria vaciaba en el cubo de basura por segunda vez el recogedor repleto de cadáveres, mientras que yo, agotada la munición de insecticida, aplastaba con mi dedo derecho e índice a las últimas supervivientes, refugiadas detrás del frigorífico.

Aquella misma tarde acudí a la tienda de armas.

-Quiero el producto más potente para matar hormigas.

La joven dependienta me mostró un cilindro de metal, gigante y rojo.

-Es éste.

Leí el nombre del producto: Tolstói.

-Me lo llevo.

Creo que no he leído en todo el verano un texto con más atención y verdadero interés que las instrucciones de uso del arma letal llamada Tolstói, que ahora empuño en mi mano derecha.

AUTORIZADO PARA USO POR EL PÚBLICO EN GENERAL

Pulverizar a una distancia de 25 cm. de manera continua. No utilizar en presencia de personas y animales domésticos.

Muy tóxico para los organismos acuáticos, puede provocar a largo plazo efectos negativos en el medio ambiente acuático.

PRIMEROS AUXILIOS: Retire rápidamente a la persona de la zona contaminada y quite la ropa manchada o salpicada. Controle la respiración. Si fuera necesario, respiración artificial. Traslade al intoxicado a un centro sanitario. NO DEJE SOLO AL INTOXICADO EN NINGÚN CASO.

CONSEJOS TERAPÉUTICOS: Administrar Atropina hasta que aparezcan signos de atropinización. Controlar la cianosis.

PELIGROSO PARA EL MEDIO AMBIENTE.

EXTREMADAMENTE INFLAMABLE.

Autorizado por la D. G. S. P. nº: 05-007-20018

No sólo con un revólver se puede matar a un hombre. La vida cotidiana se nos presenta llena de posibilidades.

Publicado el 15/9/2008

¿Qué se lee en verano en las piscinas españolas? (y II)

En esta piscina española del Parador de Jávea, Maria está leyendo Las benévolas, Jonathan Littell, RBA; yo, Poesías castellanas completas, Garcilaso de la Vega, edición de Elías L. Rivers, Castalia. Mi ejemplar –nacido de la segunda edición, 1972, y comprado en mis años universitarios- aparece subrayadísimo, anotadísimo, sucísimo.

Maria lleva varias tardes de piscina leyéndose Las benévolas, un tostón de 991 páginas. ¿Por dónde andas?, le pregunto. Por la 673, me responde. Calculo que le faltarán unas 7 horas de lectura para completar las 20 que exige el libro. Maria siempre termina los libros que empieza, salvo que se trate de diccionarios, páginas amarillas o textos similares. Yo no. Yo aguanté hasta la página 208, hasta este estimulante final de párrafo: “Me he dicho con frecuencia que la próstata y la guerra son los dos dones que Dios concedió al hombre para compensarlo por no haber sido mujer.”

Yo me he dicho con frecuencia que (casi) ningún crítico de los que reseñaron las 991 páginas de Las benévolas se las leyó. Hicieron bien. Todo el mundo sabe que, para cobrar una reseña, no hace falta leerse el libro a reseñar, sino a) que lo parezca; b) que te la paguen.

Leo a Garcilaso de la Vega.

Soneto V

Escrito ‘stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo :
vos sola lo escribistes : yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros ;
mi alma os ha cortado a su medida ;
por hábito del alma misma os quiero ;

cuanto tengo confieso yo deberos ;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Un tipo que lee a Garcilaso en una piscina española, no lo duden, ni es español ni forma parte de la literatura española.

Si fuese español, o bien no leería, o pasaría el verano sin leer, o quizás hojearía un superventas. Si perteneciese a la literatura española, o bien no leería, o no se le habría ocurrido este verano leer, o estudiaría un superventas en busca de la fórmula del éxito, o sostendría entre sus manos una traducción de los sonetos de Shakespeare, pero jamás una edición de los sonetos de Garcilaso de la Vega.

Yo estoy leyendo a Garcilaso de la Vega; en consecuencia, no pertenezco a la literatura española.

Intentaré demostrárselo.

PRUEBA Y TEXTO ÚNICOS.

Permanezco tumbado en una hamaca de la piscina, navegando sobre su cálida lona azul por el larguísimo aburrimiento del verano. Me distraigo como puedo. Observo el espectáculo de la piscina, mi pequeño y aburrido mundo. Estudio la papelera más cercana, a la que asoman botes vacíos de coca-cola, bolsas destripadas y comidas de patatas chips, una revista leída y abandonada del corazón. Escucho el crecimiento de la hierba, la música de las nubes, las olas lejanas en la playa, porque mis oídos se aburren también como toda mi existencia, hasta que de repente percibo un cuerpo de mujer ofrecido por un bikini minúsculo y rosa. Mi aburrimiento ha cesado incomprensiblemente, como la guerra de la independencia, como la guerra civil española, como el franquismo, como el diluvio universal. Ahora sólo pienso en introducir mi pene en alguno de los agujeros de ese cuerpo fascinante y hondísimo, en su agujero principal y natural, en los contranaturales y secundarios, cualquiera me sirve, me sirven todos mejor. Y pienso: “Con tantas mujeres como existen en el mundo para meterles la polla, con tantas mujeres y cosas como hay para eso, por ejemplo, meterla en la vagina de tu madre, meterla en el culo de una puta o de un travesti o en tu propio culo, meterla entre unos emparedados bimbo o en la idea de la castidad, meterla en un túnel de metro, en un perrito caliente sin perrito, en un flan, en una sandía, con tantos sitios que me ofrece el mundo, ¿por qué ahora sólo tengo un espacio en el inmenso mundo destinado a mi polla?”

Me acuerdo entonces del soneto V de Garcilaso y lo comprendo por primera vez en mi vida, mejor que tras haber participado en un comentario de texto dirigido por el mismísimo Tzvetan Todorov.

Yo no nací sino para joderos ;
mi pene os ha cortado a su medida ;
por guante de mi polla misma os quiero ;

cuanto trempo confieso a vos deberos ;
por vos trempé, por vos sigue crecida,
por vos se moja, a vos mojaros quiero.

AQUÍ CONCLUYEN LA PRUEBA Y EL TEXTO ÚNICOS.

Bastantes miembros de la tribu literaria española, o bien no considerarían literatura española a este bello texto, o bien ni siquiera lo aceptarían como literatura.

Emularían a Josep Pla cuando responde a las preguntas sobre sus gustos literarios que le hiciera Joaquín Soler Serrano en la histórica entrevista del programa televisivo A fondo, un documento audiovisual entrañable:

Soler Serrano: ¿Tolstoy?

Pla: ¡Sí, sí! Guerra y Paz es una gran novela.

Soler Serrano: ¿Dostoyevski?

Pla: ¡Nada! Creo que es un degenerado.

Abro paréntesis. La literatura de gran parte del siglo XX –y, si no cambian las cosas, la del siglo XXI- podría clasificarse entre los partidarios de Guerra y Paz de Tolstoy y los defensores de Memorias del subsuelo de Dostoyevski, esta última por cierto publicada en DVD Ediciones. Cierro paréntesis.

Ahora bien, si texto que he aportado antes como prueba única fuese la traducción de un autor de lengua inglesa, preferiblemente de uno publicado por Anagrama o Mondadori, bastantes de los bastantes miembros de la tribu literaria española no dudarían de que fuese literatura, quizá literatura feísta o guarra, pero literatura sin duda. Incluso algún despistado –o radical- afirmaría que se trata de literatura española traducida directamente del inglés.

Si se enfrentasen a una traducción del chino mandarín o el polaco o el italiano, tal vez les asaltase alguna vacilación. Tratándose de una traducción del inglés, jamás. Todo lo que se ha escrito en inglés es literatura y un subconjunto, por lo que parece, literatura española.

El mundo es así de sencillo, y se mueve con calma en la tarde acogedora de verano.

Maria continúa leyendo Las benévolas, asumiendo con gusto el riesgo de jubilarse antes de terminarla. Garcilaso lleva casi quinientos años empalmado en su soneto V. El caracol, dentro del haiku, sigue subiendo el monte Fuji.

Publicado el 8/9/2008

¿Qué se lee en verano en las piscinas españolas? (I)

Seamos claros. En verano –otoño, primavera e invierno-, en la mayor parte de las piscinas de España, la mayor parte de la gente no lee nada. Pero también debemos ocuparnos de lo que (casi) no existe. Como Teruel, o como la gente leyendo en las piscinas españolas.

Debemos salir a esta plaza vacía y torear este toro transparente.

Va por Teruel, y por mi amigo Manuel Vilas, creador de España.

A las cinco en punto de la tarde, tras dos horas de maravillosa siesta, bajé a la piscina del Parador de Jávea y le pedí al socorrista la toalla. Elegí la mejor sombra libre de palmera, situé en la sombra una hamaca, cubrí la hamaca con la toalla y, en ella, deposité fragmentos de mi identidad: un teléfono móvil, una camisa blanca que acababa de sacarme, la cartera con las tarjetas de crédito, dos tapones de cera para los oídos y un libro, negro como una cucaracha bien negra, la novela España de Manuel Vilas.

Me tumbé en la hamaca -¿tumbarse vendrá de tumba?- y abrí el libro por la página 93. Leí:

1. PÓKER. No te preocupes que los tiros se los daré yo –dijo, mientras sonreía y sacaba la pistola de una mochila verde. Sentado en una silla había un chico joven, atado de pies y manos y amordazado. Estaba temblando. Había oído lo de los dos tiros. Lo había oído porque entre otras cosas lo habían dicho para que lo oyera. Se autoengañó, pensó que sólo se trataba de meterle el miedo en el cuerpo. –Manuel, te vamos a meter dos tiros en ese pedazo de cabeza fascista que tienes.

Podía haber dejado a mi amigo Manuel Vilas atado y amordazado dentro de la novela, y que le pegasen todos los tiros que quisieran, pero Maria no había querido bajar a la piscina aquella tarde y yo me encontraba solo, así que decidí rescatarlo con la fuerza de mi palabra.

-Sal de ahí, Manolo –pronuncié.

No salía.

El terrorista B dijo “ahora te vamos a juzgar”. Y de la oscuridad salió una mujer, la terrorista C, que dijo “si lo juzgamos, es que aún dudamos de su culpabilidad, no puede ser juzgado, sólo puede ser ejecutado” y puso una pistola en la sien de Manuel. “Quitadle la mordaza”, exigió. El terrorista A lo desamordazó, y Manuel sintió un horrible dolor en los labios, como si le estuvieran arrancando la boca. Notó sangre en la lengua.

-Sal de ahí, Manolo. ¿No ves que te van a matar otra vez, joder? –insistí.

Pero Manuel no salía.

Le dolía que una mujer tan hermosa no parase de insultarle. –No es el hijo de un albañil, es el hijo de Franco, de Aznar y del fascismo –dijo el terrorista A y volvió a poner a Manuel de rodillas.

Decidí pasar a palabras más persuasivas y mágicas.

-Manolo, aquí fuera hay una piscina, es verano y venden cerveza. Hay tías buenas y se puede nadar.

Y, entonces, Manuel Vilas se levantó del suelo donde estaba arrodillado, salió de la página 98 de España y preguntó:

-¿Dónde venden las cervezas?

Y ahora permanecemos los dos juntos, a la sombra de una palmera que nos sonríe, bebiendo cerveza y sonrientes también, felices y brillantes como bestias cernudianas. No son ni las seis y ya nos rodean cinco latas vacías en la hierba. Ahora empezamos a contemplar con claridad el mundo.

-Manolo –digo a Manuel-, no te lo vas a creer, pero esa tipa de ahí delante está leyendo España.

Manuel mira y ve un bikini verde loro sobre una mujer madura. La mujer sostiene un libro de cubiertas negras cucaracha en sus manos turísticas de leche.

A la llamada de España acude Manuel, con su cerveza en la mano. Yo le sigo, con la mía.

-Señora, permítame que me presente. Soy Manuel Vilas, autor de España.

-Señor Vilas, encantadísima. Un grandísimo gusto conocerle en esta piscina. Nos fascina su novela. Yo pertenezco a un club femenino de lectura en Oslo –soy sueca- y a las diecinueve miembras del club nos ha maravillado España. De hecho, decidí viajar este verano a su país para leerla de nuevo en su propia salsa. ¿Me firma España, por favor?

Manuel Vilas, sin soltar la cerveza, firma el libro con natural naturalidad, como el profesional del best-seller que es, y se encamina a la siguiente hamaca, en la que, como es lógico, un hombre joven con gafas de concha y patillas también lee España.

-España es una novela, con todas sus sílabas, NO-VE-LA –diserta el joven-. El (anti)personaje que recorre esta novela se llama aburrimiento. El insoportable aburrimiento causado por frases como: a) una novela debe tener personajes reconocibles, que se repitan en todos o algunos de sus secuencias o partes o capítulos; b) una novela debe desarrollar una trama principal y varias secundarias a lo largo de sus secuencias o partes o capítulos; c) si cada capítulo o parte o secuencia tiene tramas distintas, lo llamaremos colección de relatos, aunque el autor se empeñe en llamarlo novela, aunque la denominen también así diversos críticos, aunque haya lectores que afirmen que les gusta esta novela, aunque pueda ser una novela, pero, por si acaso, nosotros llamaremos a la novela libro de relatos.

Manuel Vilas, impasible, firma el nuevo ejemplar de España y, cuando se da la vuelta, descubre una fila de catorce habitantes de la piscina del Parador de Jávea, cada uno con su novela en las manos. Evidentemente, se ha corrido la voz. Manuel Vilas está con nosotros.

Mientras va firmando, acuden más y más habitantes de la piscina. Acude también el socorrista, el camarero del bar, los empleados del Parador, porque nadie quiere perderse su ejemplar firmado.

Los lectores llegan con sus bañadores, sus cremas de protección solar, sus uniformes de recepcionistas, su felicidad, sus ejemplares de España.

Pero algunos traen el libro equivocado. Una adolescente muestra a Vilas El niño con el pijama de rayas, John Bayne, Salamandra. Vilas escribe: Con cariño, a esta joven lectora. John Bayne. Un hombre muy maduro le presenta Un mundo sin fin. Vilas toma el pesado libro entre las manos y escribe: Con respeto, a este lector de mi obra que no esperaba encontrarme en las piscinas españolas. Ken Follet. Un par de mujeres traen El asombroso viaje de Pomponio Flato. Vilas escribe: Con afecto, a estas simpáticas amigas de mi literatura. Eduardo Mendoza.

El joven con gafas de concha y patillas se ha subido a una pila de veintidós ejemplares de España y diserta:

-¿No les parece curioso que la literatura española de la democracia apenas haya tratado el tema de España, salvo para escribir textos que puedan convertirse en guiones de películas de la Guerra Civil, o cosa parecida?

-España es la parodia del género novela, la parodia del sentido común de entender el concepto novela de una parte abundante de los críticos, autores y lectores españoles. Por eso no puede ser un libro de relatos: porque no es la parodia de un libro de cuentos, sino de una novela, del concepto dominante de novela.

-Por eso sus partes se llaman capítulos y son intercambiables. Porque estamos aburridos de novelas con capítulos que no son intercambiables, pero absolutamente prescindibles.

-España es la novela del futuro: no hace falta leerla completa para enterarse de qué va. Como un libro de poesía.

Cuando cerraron la piscina del Parador de Javea, a las ocho de la tarde, Vilas, que había tenido que abandonar la lata de cerveza en la hierba porque necesitaba de ambas manos para complacer a sus admiradores, y en consecuencia empezaba a no ver claro el mundo, había firmado no menos de doscientos ejemplares de España, dos de El niño con el pijama de rayas, dos más de El asombroso viaje de Pomponio Flato, uno de Un mundo sin fin, ninguno de El juego del ángel, y cinco Biblias, tres de ellas en inglés.

Una de las Biblias me permitió que la firmase yo. Escribí: Con mucho cariño, te dedico este libro que no he escrito. Dios.

Publicado el 31/8/2008

El peñón de Ifach (III y despedida)

Enumero tres seres que me encantan del mundo: Jorge Luis Borges, Michel Foucault y las clasificaciones.

Por ello, el primer párrafo de Las palabras y las cosas, en edición de 1971 de Siglo XXI Editores, figura entre mis sucesiones de palabras preferidas y más leídas.

Escribe Elsa Cecilia Frost, traduciendo a Foucault y citando a Borges:

Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar al pensamiento –al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía-, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro. Este texto cita “cierta enciclopedia china” donde está escrito que “los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas”. En el asombro de esta taxinomia, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto.”

Deliciosa y sabrosa la mención de Foucault a “la abundancia de seres”. Me invita a pensar la realidad en términos gastronómicos. Pienso en el mundo como en una comida tan abundante que necesitaré las clasificaciones para digerirla y asimilarla. Mundo: alimento o veneno. Clasificar: digerir la nutritiva, pero también tóxica, abundancia de la realidad.

Deberé –deberemos- tener mucho cuidado con nuestras clasificaciones porque, de su acierto, dependerá que luzcamos una figura deseable o que nos transformemos en cerdos comprando calorías en las grandes superficies, que aumente o disminuya nuestra salud, que vivamos muchos años o que nos visite una muerte fulminante.

Clasificar el mundo es cuestión de salud y, en ocasiones, de vida o muerte.

Ahora pongo en mi plato un único individuo, por ejemplo, pongo a Felipe II. Cuando debemos digerir a un solo ser, frases como “Felipe II se clasifica en Felipe II” o “Felipe II se divide en Felipe II y Ava Gadner” suenan exóticas, raritas, como antes sonaban raritos los maricones. Lo mismo sucede si decimos, continuando con los entretenidos juegos de lenguaje de las clasificaciones, enumeraciones y definiciones: “Mi pene se clasifica en mi pene” o “Mi pene se divide en mi pene y mi vagina”. Observemos, sin embargo, que, a medida que repetimos estas frases, nos vamos acostumbrando a ellas. El suceder de la humanidad muestra que podemos acostumbrarnos a cualquier frase, a cualquier clasificación, a cualquier pensamiento.

Esto es lo maravilloso y lo horroroso: podemos acostumbranos a cualquier pensamiento.

En 1837 se abolió la esclavitud en España, pero únicamente en la península. A los territorios de ultramar –Puerto Rico, Cuba- no les afectaría la abolición. Por aquellas fechas vivírían unos 200.000 esclavos en Cuba, que se aproximarían a los 400.000 unos años más tarde.

También en 1837 –pero podría haber sido cualquier año antes o después, incluso ahora y 2008- comerciantes ilustrados, políticos enérgicos, escritores y pensadores, defendían con naturalidad y elegancia la idea de que los negros no eran hombres, sino un eslabón entre el animal y el hombre. Así pues, jugando a clasificar, una parte del mundo podía dividirse en a] hombres, b] negros y c] animales.

Más adelante, los negros entrarían en la clasificación de los seres humanos. Se convertirían en hombres, además de seguir siendo negros.

Podemos acostumbranos a cualquier clasificación: esto es lo maravilloso y lo horroroso.

Mientras subía el Peñón de Ifach –debo confesarles, sin arrepentimiento, que en mi anterior lectura les mentí, que no permanecí en quieto éxtasis de profeta frente a los Once Mandamientos, que ascendí con Maria y con los otros turistas a la cumbre del Peñón-, mientras subía por una estrecha, resbaladiza y peligrosa senda, con el mar rugiente decenas de metros más abajo, llamándo-me-y-llamándo-los, se me ocurrió clasificar a aquella multitud turística subiente y bajante en a] los que piensan que otro turista les empujará cuando pase y se estrellarán en el abismo, b] los que desean empujar a otro mientras pasa y lanzarlo al abismo, c] los que lo hacen, d] los que no piensan nada de esto, ni se les ocurre, e] las gaviotas, f] los que desean empujar y temen que les empujen, ñ] Michel Foucault leyendo el caracol del haiku, ;] los que no desean empujar, o contienen sus ganas, porque respetan y/o aman al prójimo, *] *, @] los todavía por clasificar, a] adiós.

¿A qué clase de las anteriores pertenezco? Dudo entre el asterisco, a] adiós y los seres f], esos que quieren empujar y tienen miedo de que les empujen.

No haría falta perder el tiempo en realizar una encuesta para conocer a qué clase pertenece la mayoría de esta multitud subiente y bajante.

Pero vamos a hacerla, porque me sobra tiempo que perder.

Lo que dijo una nórdica cincuentona, adiposa: Soy un ser d], sin duda.

Lo que dijo su hija rubia y recién salida de la adolescencia, preadiposa: Soy también una d], como mi madre.

Un padre francés, con su niña en brazos: Bueno, ahora todos somos un poco @, pero no, en realidad soy un d], lo soy.

La niña: Soy una niña, no un niño, ¿verdad, papá?

Un matrimonio madrileño, que se alojaba en el Parador de Jávea, en la habitación contigua a la mía, que me reconoció: Ambos somos seres d], no lo dude. Oiga, su mujer y usted no serán b] o f], imagino.

La jauría de jóvenes nórdicos que chillaba en el túnel: Somos b], aquí todos somos b], jaja, de birra y basura. Somos basura bebiendo birra. Apártate, tío.

Una tía-ojosverdes-tetasduras-largaspiernas-cuerpobonísimo: Soy adiós.

Cuatro monjas de incógnito y jubiladas que no pasaron de largo, a diferencia de la tía anterior: Todas somos d], todas. Todo nuestro convento es d], todo. Todo el mundo es d] si contesta a la encuesta desde lo hondo de su corazón.

El pleno del Congreso de los Diputados de las Cortes Españolas que, por una de esas casualidades de la vida, había acudido a pasar el día en el Peñón de Ifach, con José Bono al frente: Todos d], sin votos en contra ni abstenciones. Todos los españoles somos d].

Los diputados nacionalistas catalanes, vascos y gallegos: Nosotros no somos españoles, pero también somos d]. Que queden claras ambas cosas.

La mayoría social es d]. Esto no es bueno ni malo. Esto es: como la ley de la gravitación universal.

Hace años leí un brillante resumen de la ética de Bentham, que les reproduzco. Escribe Guyau, en La moral inglesa contemporánea:

Yo soy hombre; y como tal, todo lo que no soy yo me es indiferente. Pero interviene el temor al castigo, y me dice: Si tú no respetas el bien y la vida de los demás, ellos no respetarán tu bien ni tu vida; habrás hecho un mal cálculo. Yo lo oigo y me abstengo de todo lo que pueda acarrearme la pena de sanción. He aquí, pues, un primer paso en el orden de los hechos; es, por decirlo así, un paso atrás: después de mi tendencia a invadirlo todo, vuelvo sobre mí, entro en los límites de mi dominio y soy justo. Mas la ausencia de temor, con ser una excelente cosa, no me basta, como no bastaba a los epicúreos, para constituir mi felicidad. Mi placer, en efecto, no es acabado; me encuentro estrecho en mi yo; para ser intensa, mi felicidad necesita dilatarse y comprender la felicidad de los otros; fáltale el goce más dulce, el de la simpatía, y para obtenerlo voy hacia el otro, me hago benévolo, benéfico y hasta desinteresado. La sociedad queda así fundada.”

Por lo que parece, no sólo Hitler y Stalin eran grandes optimistas y defensores de la felicidad de la Humanidad. También lo era Jeremy Bentham.

Y tal vez, desde una perspectiva de psicología evolutiva, tuviese razón. Desde un punto de vista sociológico, en absoluto. Las mayorías sociales son seres d]: No temen que el otro, el no-yo, pueda tiralos al abismo cuando caminan por una senda; no lo temen porque ni lo piensan; ni se les ocurre tampoco el pensamiento de empujarlo; ni elocubran en reprimir sus impulsos por temor al castigo; ni terminan, finalmente, no arrojando al otro al abismo por amor.

¿Juega el camarero mileurista con la posibilidad de envenenar la pizza que le sirve al cliente? ¿Imagina el hombre sentado en la peluquería que en cualquier momento, quizás ahora mismo, un desconocido con tijeras le cortará una oreja? ¿Piensa la conductora del metro en aumentar la velocidad hasta la catástrofe mediática? ¿Lo desea? ¿Teme la pareja de novios que se acerca al cine en metro que la conductora haya decidido suicidarse y eliminarlos?

Viajamos por una gigantesca y transitada autopista de doble dirección –se llama vida social-, en la que con un simple golpe de volante, o pisando de repente el freno o a fondo el acelerador, podrían matarnos y podríamos matar. Si la inmensa mayoría de los viajeros no perteneciese a la clase d], la vida y la autopista resultarían intransitables.

Pocos pertenecemos a las clases que acompañan a d]. Por fortuna. A pocos nos asalta la sospecha de si seremos asteriscos. Pocos, como yo, viajamos por la carretera nacional 240, Lérida-Huesca, en dirección a Barbastro numerando cada uno de los automóviles con los que me cruzo. Sé que el décimo se estrellará contra mí.

Nunca sucede, pero yo sigo contando.

Publicado el 21/8/2008

El peñón de Ifach (II)

Yo nunca subí al Peñón de Ifach. Subieron Maria y la cámara fotográfica. Porque sucedió que, a los pocos segundos de entrar en la deseada senda, tropecé con este cartel de órdenes pentalingües que reproduzco:

A ustedes les parecerá un simple cartel, pero se equivocan de plano. Yo comprendí de inmediato que Dios –en este caso, la Generalitat Valenciana, otra de las múltiples variantes de Dios- me estaba entregando sus Once Mandamientos para el Siglo XXI y me había elegido como su profeta.

Los reproduzco y comento con humildad y reverencia.

1. DISFRUTE DEL RECORRIDO MARCADO. ATIENDA A LAS SEÑALES DE LAS PISTAS.

Ni la Generalitat Valenciana, ni Dios, ni el Poder, van a negaros el placer de disfrutar del mundo en este siglo XXI, pero deberéis hacerlo en fila india y sin saliros de la senda.

2. POR SU SEGURIDAD, UTILICE CALZADO ADECUADO.

Vuestra salud y vuestra seguridad serán las formas de vuestra felicidad. Olvidaos de la libertad, artefacto caduco de los siglos XIX y XX, innecesario.

3. CONSERVEMOS NUESTRA FLORA. OBSERVE LAS PLANTAS SIN DAÑARLAS.

Vuestras plantas vivirán felices en los Parques Naturales y Múltiples Espacios Protegidos de Vosotros. Podréis observarlas por internet, por canales temáticos, en la pantalla de vuestros móviles, en los best-sellers que se escriban, en los poemas de Garcilaso de la Vega, estudiarlas en la escuela. No podréis hacerles daño y seréis también felices.

4. ESTÁ PROHIBIDO HACER FUEGO. COLABORE.

Sin comentarios.

5. HÁGASE RESPONSABLE DE SU ANIMAL DE COMPAÑÍA. LLÉVELO SIEMPRE ATADO.

Vuestros perros y mascotas no se librarán tampoco del Poder, al igual que vosotros seréis castigados si pretendéis libraros ilegalmente de ellos. Cagarán y mearán en vuestras casas y reciclaréis sus heces.

6. NO ESTÁ PERMITIDA LA ACAMPADA EN EL PARQUE NATURAL.

Y en el futuro no os estará permitido visitarlo. Y los Parques naturales, con su fauna y su flora, serán felices. Y vosotros con ellos, pero lejos de ellos.

7. CAMINE, DISFRUTE DEL PAISAJE.

Sudaréis a pie. Y seréis más solidarios, y más saludables, y más sostenibles que si sudarais en bicicleta, o en 4 x 4, o en moto de cross. Ha llegado el tiempo de caminar hacia los transportes públicos en los que el Poder os conduzca a vuestros trabajos y vuestros hogares. Vuestro carné de conducir, como vuestra libertad, no serán de este siglo.

8. ESTÁ PROHIBIDO FUMAR. RESPIRE AIRE PURO.

Occidente dejará de fumar y multiplicará las centrales nucleares para crear aire limpio.

9. RESPETE LA FAUNA. OBSERVE LOS ANIMALES SIN MOLESTARLOS.

No comentaréis en vano mandamientos ya comentados. Y seréis felices en silencio.

10. PERCIBA EN SILENCIO LOS SONIDOS DE LA NATURALEZA.

Y seréis felices en silencio.

11. MANTENGA EL PARQUE LIMPIO. UTILICE LAS PAPELERAS.

Vuestra tarea en el siglo XXI, y por los siglos de los siglos, será mantener limpio el mundo. Y seréis felices barriéndolo y sacándole el polvo.

No obstante, la carne humana y todavía posmoderna es débil, es rebelde también, y se resiste a aceptar la sabiduría contenida en los Once Mandamientos, como tuve ocasión de comprobar cuando Maria regresó de la cumbre del Peñón y me trajo noticias.

Me informó de que la cumbre estaba llena de colillas de cigarrillos, repleta de gente que llegaba asfixiada a lo alto, se sentaba y no se le ocurría otro descanso que ponerse a fumar. Me informó de que jóvenes extranjeros ascendían en chanclas, mujeres maduras en zapatos de tacón, exponiéndose a torcerse los tobillos o a arañarse los dedos de los pies, en especial el gordo. Me dijo que una jauría de jóvenes nórdicos, no menos de diez me dijo, se había puesto a chillar en el interior del túnel. Sus gritos estremecían la montaña, salían como obuses por ambos lados del túnel y provocaban estampidas de gaviotas mar adentro, en dirección a Ibiza. Me dijo que vio adolescentes bajando por las laderas, más allá de las sendas. Me dijo que había perros y perras sueltos persiguiendo a la fauna y orinando en la flora.

Todo esto me contó –y más que me callo-, y comprendí que mi tarea de profeta iba a ser interminable, como la serie de los números naturales.

Entonces habló el viento, el que suena en el último poema de los Cantares de Pound.

La frontera entre el incivismo y la resistencia al Poder aparece tenue y confusa, en ellas se abrazan el paraíso y el infierno, nos dijo.

Antes de entrar en nuestro Renault Laguna, Maria depositó en una papelera próxima tres latas vacías de cerveza, dos folletos turísticos desgarrados y arrugados, y media docena de colillas que había recogido de la tierra pisoteada por más de 100.000 visitantes al año del Peñón de Ifach.

Publicado el 18/8/2008

El peñón de Ifach (I)

Al día siguiente de nuestra llegada a Jávea, Maria y yo decidimos ejercer de turistas. Y acertamos de pleno, porque no hay nada más adecuado en esta zona alicantina para disfrazarse de perfectos turistas que visitar el Peñón de Ifach y ascender a su cumbre.

A las 8:01 a.m. –el restaurante abría a las 8:00-, ya estábamos sentados en la terraza del Parador de Jávea, a la sombra refrescante de las palmeras, con hermosas vistas al Arenal y al Cap Prim, bebiendo sendos zumos naturales de naranja. Yo me bebí cinco, como tengo por costumbre. El día funesto en que retiren el zumo natural de naranja dejaré de ser cliente de los Paradores de España.

Eran las 10:00 a.m. cuando salíamos con nuestro Renault Laguna camino del Peñón de Ifach. Tres cuartos de hora más tarde lo encontramos, detrás de un espeso biombo de rascacielos.

El más listo de los cuatro fue el Renault Laguna, que se quedó en el aparcamiento al pie del Peñón. El caracol del haiku que sube incansable el monte Fuji, al ver la pinta empinada que tenía el Peñón, sugirió que lo dejáramos en la guantera del coche. Él se lo buscó. Terminó sudando más que nosotros. Un automóvil al sol de verano de España nada tiene que envidiar a la más cruel sauna finlandesa.

Iniciamos la pendiente aproximación a lo que pronto descubriríamos que se trataba del control de acceso. Caminábamos entre una hilera de hormigas-turistas, paralelos a otra hilera de turistas-hormigas aún más madrugadores que descendían sudadísimos, satisfechos, no sé si del paraje y sus vistas maravillosas o de que todo hubiese terminado.

Maria describió minuciosamente la situación:

-Aquí hay mucha gente.

Allí había tanta gente que un cartel avisaba al visitante de que, por motivos de seguridad, no te permitirían acceder al Peñón hasta que abandonasen el recinto los que habían entrado antes que tú. Me sentí como frente a un vagón de metro, resignado a dejar salir antes de entrar.

Vistas de la naturaleza desde El Peñón de Ifach

Y aquí estamos, a las 11:00 a.m, esperando que nos permitan iniciar el ascenso a la hora prevista de las 11:30, según nos ha indicado una amable y deportiva empleada del Parc Natural del Penyal d’Ifac.

La empleada entretiene a los que esperan con ilustradas explicaciones:

El Peñón de Ifach se llama, pronuncia y escribe Penyal, o Peyal d’Ifac en nuestra lengua valenciana.

Imponente mole calcárea de 332 m. de altitud, fue declarado Parque Natural por la Generalitat Valenciana en 1987.

Sus 45 ha. protegidas lo convierten en uno de los Parques Naturales más pequeños de Europa y, sin embargo, es el más visitado de los parques de la Comunidad Valenciana, superando las 100.000 personas al año.

La riqueza de su fauna y de su flora justifica esta cifra de visitantes.

Perdonen. Oigan, perdonen. No se puede pasar. No paso. Stop.

La empleada ha detenido con habilidad lingüística y gesto firme a una familia francesa y despistada que se adentraba en la senda.

Impresiona la riqueza malacológica en especies de moluscos pulmonares terrestres, en otras palabras, caracoles.

Entre las casi 80 especies de aves catalogadas, fíjense en el cormorán moñudo o el halcón Eleonor, que visita nuestras costas desde el lejano Índico. Seguro que nadie de ustedes ha venido de tan lejos.

De las gaviotas no les digo nada, porque abundan tanto que es casi imposible terminar la excursión sin que alguna se haya posado en nuestras manos o cagado encima.

Perdonen. Oigan, perdonen. Stop. He dicho que stop. No paso. Stop.

Dos jóvenes rubios, blancos, altos y extranjeros, desnudos de cintura para arriba, pretendían inequívocamente saltarse la espera. La palabra del poder los detiene y los regresa al grupo.

El Peñón perteneció al municipio de Calp hasta 1862, año en que pasó a manos privadas. Precisamente uno de sus propietarios excavó a inicios del siglo pasado el túnel que les permitirá a ustedes salvar el inaccesible paredón de la cara norte y ascender a su cumbre por detrás. Fíjese en el túnel. Realmente impresiona.

Un papá que mantiene en brazos a una niña llorando desde el comienzo de las explicaciones señala el túnel a la pequeña con esperanza de que se calle.

La niña sigue llorando biológica, el caracol del haiku sigue subiendo el monte Fuji y las gaviotas siguen y no paran de gritar. Así es el mundo.

Pero nuestro mundo (occidental y posmoderno) es bien distinto. Se nota que la gente no soporta la espera, no soporta que se interponga el tiempo entre su deseo y la satisfacción de su deseo. Cuatro jóvenes hiperbóreos se han colado unos metros más allá y ahora ya ascienden, satisfechos y saludando con las camisetas sacadas. Un matrimonio discute en voz baja porque la mujer se quiere ir, porque está cansada de esperar, porque hace mucho calor, porque se quiere ir. Un hombre consuela al grupo del que forma parte diciéndoles que ya verán, que les dejarán entrar antes de las 11:30, porque siempre sucede así. Una gorda con gafas comunica a sus amigas, en un inglés que no entiendo, que es una vergüenza tenernos media hora bajo este sol español infernal. La gente se lamenta o protesta en idiomas que no entiendo, pero entiendo sin duda que protestan.

Occidente no quiere esperar. Occidente lo quiere todo y lo quiere ahora. La pasión de esperar forma parte del pasado y de los países tercermundistas o en vías de desarrollo. Nosotros ya estamos hiperdesarrollados.

Por fortuna siempre podremos, para entretener la espera, ponernos a leer La sociedad de la decepción, Entrevista con Bertrand Richard, de Gilles Lipovetsky, Anagrama, 2008. Me jode citar un libro de Anagrama, pero no me queda otro remedio por necesidad textual.

Un hombre lee un libro y un libro lee a un hombre al pie del Peñón de Ifach. Me siento como los cuatro versos iniciales del poema de Wallece Stevens, pero sin casa ni noche, a plena luz del día y lejos de cualquier hogar.

La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma.

El lector devino libro, y la noche de verano

fue como el ser consciente del libro.

La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma.

En calma no estamos, pese a todo.

Somos deseo al que han prometido satisfacerse sin tiempo de espera. Pero la espera sigue ahí, laberinto de tiempo por el que debemos transitar. Ninguna jugada de dados la abolirá del todo, ninguna hipoteca que cubra sin avalistas el 110 % del valor de nuestro piso, ningún crédito personal al consumo de 3.000 € al instante, ningunas rebajas de verano de hasta el 70 %. Somos deseo cada vez más frustrado, pese a satisfacerse.

No me extraña que Occidente, tanto el moderno como el posmoderno, suponiendo que sean distintos, se haya sentido tan atraído por las doctrinas orientales de superación del deseo. No me extraña que Occidente desee no desear, eso sí, sólo a ratos, como quien se echa la siesta o acude al gimnasio, como una dieta para eliminar los kilos de grasa de angustia que nos sobran, porque el tiempo de espera, cuando nuestro deseo se ha vuelto hiperdeseo, hipermoderno e hiperexcesivo, ya es tiempo sólo de frustración.

Tendremos que aprender nuevamente a esperar.

Lean esta noticia con atención:

Los aviones volarán más despacio para emitir menos CO2. La normativa europea para ahorrar gases obligará a encarecer los billetes.

Están leyendo el futuro de Occidente. Llegaremos unos minutos más tarde adonde deseamos. Tendremos que ahorrar más para pagar nuestros deseos.

Son las 11:27 a.m. Empezamos a subir por el Parque Natural del Peñón de Ifach tres minutos antes de la hora prevista. Disfrutémoslo, porque en el futuro se prohibirá el acceso de los humanos a los parques naturales.

Publicado el 12/8/2008

Sin título

¿Qué hace el caracol del haiku cuando nadie lo lee? ¿Sigue subiendo el monte Fuji?

Publicado el 9/8/2008

El caracol, en su haiku, sigue subiendo el monte Fuji

Sin texto.

Publicado el 7/8/2008

¿Existe vida después de la palabra posmodernidad?

Me ha alegrado coincidir este verano con mi amigo Agustín Fernández Mallo en la lectura de un libro. Me refiero al ensayo del profesor Rafael del Águila que Taurus acaba de editar.

El ensayo se titula Crítica de las ideologías, se subtitula con acertada voluntad de síntesis El peligro de los ideales, y arranca con una potente cita del Premio Nobel de Literatura Gao Xingjian: “Un hombre sin doctrina se parece más a un hombre”.

No voy a pedirles a ustedes que hagan el esfuerzo de comprar y leer este libro en concreto, tampoco ningún libro, y mucho menos uno que no haya publicado DVD Ediciones, pero sí voy a pedirles –en realidad, voy a ordenárselo, porque cualquier texto encierra de forma implícita la exigencia de que lo leamos-, voy a ordenarles, por tanto, que lean de nuevo la frase de Gao Xingjiam.

Un hombre sin doctrina se parece más a un hombre.

Y, ya puestos a adoctrinar, les ordenaré que la lean por tercera vez.

Un hombre sin doctrina se parece más a un hombre.

Me están entrando unas ganas gordas y doctrinales de obligarles a leer por cuarta vez lo mismo, pero me contengo, porque el mayor miedo de un texto consiste en no ser leído, y, en consecuencia, no poder ordenarle nada a nadie.

Además, acaban de irrumpir tres lectores con deseos de contraargumentar, o de tocarme las pelotas.

El lector 1 dice: “En una de sus anteriores lecturas de verano, usted escribía, y cito textualmente:

Si este verano regresan ustedes vivos de la playa, si se salvan de tantos gramos de luz, acudan a su librería más cercana –toda librería puede ser una farmacia- y compren Breve historia de la sombra, de Charles Wright, con traducción y prólogo de Jeannette Lozano, edición bilingüe español-inglés, DVD Ediciones, Barcelona 2008.

Ergo, usted se contradice, usted me estaba invitando al esfuerzo de comprar un libro, y además, para mayor esfuerzo, de poesía”.

El lector 2 dice: “¿No cree que la sentencia Un hombre sin doctrina se parece más a un hombre, a medida que se repite, suena cada vez más a genuina doctrina china?”

El lector 3, el etimológico, apuntilla: “Doctrina, vocablo inequívocamente relacionado con doctor, del latín doctor, -oris, ‘maestro, el que enseña’, derivado de docere, ‘enseñar’. Ya lo ve, toda enseñanza sueña con convertirse en doctrina. En el benéfico acto de enseñar encontraremos la maléfica aspiración de adoctrinar”.

Los tres lectores desaparecen de la escena y entra, preocupadísimo, mi texto, la lectura de verano que lleva por título “¿Existe vida después de la palabra posmodernidad?”. Mi texto, como cualquier persona que aspire a aparentar cultura en Occidente, conoce con exactitud el comienzo de un verso de Hamlet y, ya más vagamente, mucho más vagamente en realidad, como se demostrará, unas cuantas palabras que lo siguen:

-Ser o no ser. ¿Qué es más digno para una lectura de verano publicada en www.dvdediciones.com, emparentada con las entradas de los bloges, destinada seguramente a tener 0 comentarios y, también seguramente, a que sólo la lea su autor?

-¿Qué es más digno para una criatura lingüista de internet, este inmenso continente poblado de criaturas rápidas y mínimas, que sabe que cuanto más extensa y compleja sea más aumenta su ya altísima probabilidad de no ser ni comentada ni leída?

-¿Qué es más digno, insisto: ser todo lo larga que le pida el cuerpo, hablar y largar y no parar, o limitarse a no ser ni compleja, ni extensa, algo compartible y accesible, algo internáutico, algo así como ¿por qué no te callas?, o como xDxD…dnd tiene el xoxo? pq no se depilan el felpudo estas japos??

Tranquilo, texto. Empecemos de nuevo.

¿EXISTE VIDA DESPUÉS DE LA PALABRA POSMODERNIDAD?

Agustín Fernández Mallo publicó el 24-7-2008 lo siguiente:

http://www.elcultural.es/HTML/20080724/Opinion/Opinion23679.asp

La modernidad del siglo XX produce terror, en efecto. Stalin y Hitler fueron absolutamente modernos, y absolutamente optimistas, y absolutamente partidarios de la fe inquebrantable en ideales destinados a crear el ser humano nuevo, justo y satisfecho en una sociedad tan perfecta que, en su seno, la crítica o la duda sólo podían tratarse como enfermedad o delito.

Los campos de concentración, de rehabilitación y de exterminio no son errores de la modernidad del siglo XX, sino piezas de su mosaico, pinceladas de su óleo o píxeles de su fotografía digital.

Con este panorama tan poco alentador, el nacimiento de la palabra posmodernidad, en su uso de duda y crítica constantes y generalizadas de las ideas y los ideales de la modernidad, una de sus acepciones más necesarias y queridas por mí, se justifica plenamente. Lo mismo cabe decir de la desconfianza en los macrorrelatos y las macropolíticas que han terminado con tantos millones de sus protagonistas humillados, encarcelados, torturados y asesinados. Y otro tanto puede afirmarse de la crítica higiénica de cualquier ideal de salvación humana –no sólo los que propugnan los viejos fascismos y comunismos, sino también los nuevos conservadurismos y fundamentalismos religiosos, cristianos o islámicos-, porque, en cuanto te descuides, sus defensores pasarán de enseñártelos con pedagogía a imponértelos por la fuerza.

Agustín Fernández Mallo, como muchos otros desde hace décadas, como muchísimos más desde siempre, tiene motivos de sobras para afirmar que la humanidad abstracta le importa un pimiento y que sólo le interesan las llamadas que se hacen entre sí seres humanos concretos, porque, como nos aclaró Wittgenstein, después de aclararse él mismo, “el significado de una palabra, en muchos casos, es su uso en el lenguaje”.

Humanidad, solidaridad, progreso, hermosas palabras que se han usado y se siguen usando como herramientas –toda palabra es una herramienta, como un condón o una cuchara- para construir y justificar el terror. ¿Cómo no desconfiar, entonces, de esas palabras-herramientas?

Ahora bien, ¿cuál es uno de los usos de posmodernidad? ¿Para qué y contra qué se ha usado y se continúa usando también ese nombre en los juegos lingüístico-sociales que practica Occidente?

No me parece excesivo afirmar que ciertos usos frecuentes del nombre posmodernidad son llaves con las que se ha cerrado, o al menos dificultado, el acceso a un espacio de pensamiento y acción: aquél en el que se practique y se piense un futuro distinto al del capitalismo, el mercado o la democracia liberal.

Da miedo entrar en él. Da miedo volver a ser criminales.

Reconozco que yo soy uno de los millones de clientes del Gran Hotel Posmodernidad. Es un hotel confortable. El servicio es bueno y el precio, por ahora, puede pagarse. Pero, en bastantes de sus habitaciones, el aroma a ambientador se está mezclando sin remedio con el olor a mierda.

A veces miro por las ventanas del Gran Hotel. Son como la pantalla de mi ordenador: no se ve lo que hay detrás, sólo lo que está dentro.

Aparto los ojos de la pantalla y observo a mi texto, tumbado en el parqué, animal lingüístico, el mejor amigo de este hombre. Me apena que vaya a quedarse sin lectores.

No tienes remedio, me dice con sus ojos. Hasta el título te ha salido demasiado largo.

Publicado el 5/8/2008

K, Ñ, W, X: las iniciales más tímidas del abecedario español

A mí no me molesta no haber escrito La Eneida, ni Libro de buen amor, ni El Quijote, ni Hamlet, ni Trilce, ni Cien años de soledad, ni siquiera me duele no ser el autor de La sombra del viento o El juego del ángel. Lo que me atormenta es no haber sido capaz de escribir un diccionario.

Donde esté un diccionario, aunque sea escuálido y destinado a parvulitos, que se quite cualquier obra cumbre de la literatura universal.

No me importa no ser Petrarca o Flaubert, ni siquiera Arturo Pérez Reverte. Lo que deseo ser es Joan Corominas o María Moliner.

Jaime Gil de Biedma afirmó que quería ser poema. Yo quiero ser diccionario.

Tengo uno en mis manos. Pesa a mundo.

Las entradas con la inicial A empiezan en la página 1 y concluyen en la 153. La inicial M empieza en página 823 y termina en página 907. También hay iniciales menos invasoras, menos extravertidas, menos optimistas. Por ejemplo, Q mide 10 páginas, menos que los 14,5 cms. de media que nos asignan de pene a los caucásicos blancos. Y (griega) mide 4 páginas, un verdadero micropene.

Pero las iniciales de verdad introvertidas, acomplejadas, las que deberían visitar a un psiquiatra por una timidez patológica que seguro es síntoma de depresión profunda, de voluntad de desaparición, son la K –del personaje K. de Kafka-, la Ñ –de España, que no se atreve a ponerse delante de casi nada-, la W –que no ha digerido aún las 8 páginas que mide la U, ni las 35 de la V, ni, mucho menos, las 50 de la G-, y la X, harta de que la conozcan sobre todo como el culo de un prefijo.

K, Ñ, W, X ocupan cuatro páginas en este resumen del mundo. En realidad, ni cuatro páginas, porque a todas les sobra espacio por arriba y por abajo. Podríamos juntarlas en dos páginas, apretándolas un poco.

Así es el mundo: dos páginas para cuatro letras en un mundo-diccionario de más de mil cuatrocientas páginas.

Si alguno de ustedes ha leído mi anterior lectura de verano, la titulada “En julio también es otoño: avance editorial” (¿Me permiten un paréntesis? Observen: otoño pero no ñooto, coño pero no ñoco… ¿Tengo o no tengo razón, ñoco?), en fin, si recuerdan esa lectura, quizás entenderán por qué voy a ocuparme brevemente de la Ñ.

¿Deberíamos escribir gnoquis o ñoquis? Puede parecer una tontería, pero si lo piensan a fondo, si lo meditan despacio y sopesando todos los puntos de vista, descubrirán que en efecto lo es.

No ñaado más.

Bueno, sí. Ñaadiré: ¡Viva Ñaespa, la campeona futbolística de Europa, la patria mal escrita!

Publicado el 2/8/2008

En julio también es otoño: avance editorial

Jeannette Lozano, recomendable poeta mexicana, ha traducido para DVD Ediciones Breve historia de la sombra, uno de los libros más sugerentes de Charles Wright, que aparecerá este otoño en la colección de poesía de la editorial.

Entre las escasas satisfacciones que proporciona ejercer de editor, figura la de conocer textos que aún no han sido publicados.

He aquí un poema de Charles Wright y de Jeannette Lozano.

ELOGIO DE THOMAS HARDY

Cada segundo la Tierra es impactada
.........................................por dos mil quinientos gramos de luz solar.
Cada segundo.
Intenta imaginarlo.
...........No me extraña que el alma anhele una sombra profunda,
Y no, como solemos pensar, la luz.
No me extraña que dentro todo sea oscuro.
Gruñidos, acosos caninos,
todos descienden y regresan,
Danza de vocales, doliente,
Esperando ser alineados en un espacio que jamás brillará.

Distintos a la luna de octubre, violentos y deslumbrantes, diminutos
Se precipitan por el poniente
..............
hacia la intersección de Ovidio
Junto a un tiempo de invisibles ofrendas.
Distintos a las hojas del fresno, su pátina de luna, pervive
Acaso un día más.
Distintos de nuestro menguado ser, gotean, deslavan el límite.

No me extraña tampoco que los cuerpos en Occidente anhelen una sombra profunda, con tantos gramos de luz solar cayendo en sus pieles tumbadas a lo largo de las playas o en torno a las piscinas. No me extraña que se vendan tantas cremas protectoras solares, ni me sorprende que se tema tanto en nuestras sociedades enfermas de obsesión por ser saludables, cada día más, el diluvio de los cánceres de piel.

Si este verano regresan ustedes vivos de la playa, si se salvan de tantos gramos de luz, acudan a su librería más cercana –toda librería puede ser una farmacia- y compren Breve historia de la sombra, de Charles Wright, con traducción y prólogo de Jeannette Lozano, edición bilingüe español-inglés, DVD Ediciones, Barcelona 2008.

Encontrarán a modo de apéndice en este libro un sabroso intercambio epistolar entre Charles Simic y Charles Wright, a propósito de la imagen y la metáfora.

¿Hay algo que pueda interesar más a un poeta que la metáfora y la imagen?

Pues sí, naturalmente. Publicar su propio libro, ganar un premio, ser reseñado…, pero olvídense ahora de nuestras disculpables debilidades líricas y lean una de las cartas de Simic a Wright.

Commendatore,

Es cierto que la imagen es menos y la metáfora más. Como dijo el Maestro: en el conocimiento, suma; en la sabiduría, resta. La Imagen es Zen, la Metáfora, Cristiana.

Si la imagen, en verdad, es descriptiva, entonces la narrativa de la imagen se puede rastrear, tanto como las huellas en la nieve bajo el sol, distinguibles aunque siempre al borde de la desaparición. Así, uno podría, supongo, argumentar a favor de una narrativa imaginística en el poema, siempre bajo el riesgo de perderla tras ser hallada. Así, la narrativa que permanece fuera del poema será siempre la imaginísticamente más poderosa.

Como dijo San Juan de la Cruz, para conocer tu camino, debes cerrar tus ojos y caminar la oscuridad. Yo diría lo mismo respecto a la imagen. La verdadera imagen emerge de la oscuridad, algunas veces permanece allí y sólo puede rastrearse su contorno luminoso; otras veces surge a la intemperie y sólo el contorno luminoso se puede rastrear, un “pentimento” contra el mundo mirado. La verdadera imagen no pertenece ni al Imaginismo ni al Surrealismo. Pertenece al Vacío. Lo cual significa que su poder no es de este mundo y, por último, que es apofántico, un borde luminoso sobre la lengua. (La falsa imagen, por supuesto, de pronto se torna aparente y fácil.) Todo lo anterior sólo para confirmar tu observación de que la progresión va de la imagen a la visión a lo inefable. Pero no concuerdo en que exista una separación, en un último grado, imaginística, entre Surrealismo e Imaginismo. Tal distinción existe sólo en el tiempo, no en el espacio, o en una tercera dimensión, ajena a aquellas dos, de la cual nace la imagen.

Ya que la narrativa de la imagen no tiene lugar en el tiempo, como usted dice, entonces parece más probable que tenga lugar fuera de las fronteras temporales del poema mismo, y existirá más como una un continuo y una sucesión de sobreposiciones que eventualmente formen la línea de la historia por acumulación. El ojo interior, que cubre y descubre a un mismo tiempo mediante palimpsestos.

Si el mito es el objetivo último de la metáfora, la iconolatría es el sitio de reposo de la imagen.

En lo anterior, la metáfora es lo viejo, imagen lo nuevo. La metáfora es memoria, la imagen presciencia…

Los gnósticos son enmarañados y gnómicos, rechinando sus dientes, royendo maxilarmente los ingenuos gnoquis de la verdad, lo cual es como un traductor gnéisico. ¿Existe un gnomo o un gnu? No.

Suyo en hypgnosis.

3 de marzo de 1994

Publicado el 25/7/2008

Desde la ermita de Sant Joan

La familia de mi mujer tiene casa en La Conca de Barberà, una comarca de la provincia de Tarragona. Es un lugar bueno, bonito y barato. Yo, como resulta frecuente entre los españoles hipotecados, aprovecho las casas de pueblo familiares con la intención de que las vacaciones no arruinen mi economía.

En La Conca de Barberà, encontraremos Montblanc. Formando parte de una alta y potente roca roja, desde la que se divisa Montblanc en el llano, unos trescientos metros más abajo, con sus claras murallas del siglo XIV restauradas con inteligencia, encontraremos la ermita de Sant Joan de la Muntanya. Valdrá la pena encontrarla.

He caminado decenas de veces, en las tardes de verano, hasta Sant Joan, saliendo desde la ermita próxima de La Santísima Trinitat, en el término de L’Espluga de Francolí.

El mundo tiene espacios mágicos y Sant Joan de la Muntanya es uno de ellos. Me fascinan su emplazamiento, el baile inmóvil entre el rojo de las rocas y todos los verdes de la vegetación. Me fascina no saber si estoy ante una piedra convertida en iglesia o ante una iglesia que continúa siendo piedra sin construir.

En el supuesto de que Sant Joan de la Muntanya haya sido finalmente construida, tal vez la edificó la princesa Elionor d’Urgell en 1414, después de retirarse del mundo o de que el mundo se la sacase de encima. Elionor viviría en aquellos paisajes durante dieciséis años como una eremita, en contemplación y penitencia, en una cueva llamada ahora Cova de Nialó. Elionor murió de peste en 1430.

Maria y yo hemos llegado al Mirador de Sant Joan. Son las seis de la tarde.

El Mirador es el nombre de la parte superior de la enorme roca en cuyas tripas, excavándolas, construyeron la ermita primitiva. El Mirador es el techo de piedra de la ermita. En El Mirador ondea siempre una senyera catalana, incluso aunque no sople ni una gota de viento. Hace pocos años colocaron en el saliente de la roca unas cadenas azules para protegernos de la atracción del abismo. Todo esto está muy bien, todo esto es necesario, pero el tesoro que guarda El Mirador es un libro de firmas y un bolígrafo, protegidos de la humedad y la lluvia en su cajita metálica, azul como el azul de las cadenas que nos salvan del abismo.

Este libro de firmas resume el mundo. Este libro de firmas es una novela total, como la que escribió Joanot Martorell o el Ulises de Joyce.

Mirador de Sant Joan

(Foto tomada de www.deandarporcasa.com)

Maria y yo leemos en la tarde de verano palabras de amor.

He tardado 30 años en encontrar a mi media naranja. Llevamos 2 meses juntos y esta es nuestra 1ª excursión juntos. Delante del altar hemos prometido volver dentro de 10 años. Espero poder cumplir esta promesa. Perdonar la letra, pero tengo las manos heladas.

Maria y yo leemos palabras en las que suena la duda del amor, como en los ensayos líquidos de Bauman.

El tiempo pasa i todo lo relativiza. Sigo queriéndote pero de otra manera. Una manera más madura.

Somos Laura y Felip que acabamos de casarnos en Lleida. Somos muy felices.

Felicidades, tíos. Yo es la 3ª vez que me he casado. Laura, ¿estás buena? A lo mejor acabaré casandome contigo. O con Felip. ¿está bueno?

Maria y yo contemplamos el difícil y lento aprendizaje de escribir el mundo.

Tinc 7 anys i em dic Eva. He pujat a Sant Joan i m’agradat molt.

Nunca faltan en El Mirador, bajo la senyera que ondea incluso sin viento, los catalanes cabreados con España y tal vez con la ortografía.

Desde el mirador de la ermita de sant joan, veient un tros de la nostra estimada terra, sabem que paguem penyora a espanya i que abiat ja no la pagarem. Visca Catalunya lliure.

Nunca faltan en El Mirador gentes venidas de lejanas tierras.

Desde las Turcas (CUBA) hasta la Ermita de SAN JOAN. “PATRIA O MUERTE” VENCEREMOS.

Nunca falta la gente con perro en El Mirador.

Por aqui con mis perros Rudi y Roko. Saluda, Roko, guaú, guaú, guaú…

Ni falta tampoco la gente que, sola o con perro…

De pronto, Maria da un bote, me abandona con mis palabras y sale corriendo y gritando. ¡El AVE, Sergio! ¡Veo el AVE! ¡El AVE está cruzando La Conca!

El AVE ha salido del túnel de La Riba y atraviesa el llano a velocidad de vértigo. Según parece, adelanta a los coches que circulan por la autopista, adelanta a las nubes y a las aves, y desaparece por el extremo opuesto de La Conca. Maria está alegre, muy alegre, más alegre que leyendo el libro de firmas, y yo pienso en que debo aceptar de una vez por todas que me han aumentado las dioptrías, vencer el miedo de que me anuncien que voy a quedarme ciego y visitar sin falta al oftalmólogo.

El AVE se ha ido. La princesa Elionor lo despide aún con su mano sin carne.

Cuando Maria se sienta de nuevo a mi lado, se ha convertido en Josep Pla. Como les he anunciado antes, Sant Joan de la Muntanya es un espacio mágico.

-Tengo que reconocerle, señor Pla, que no he visto ni torta, pero a juzgar por la duración de los gritos ese tren no habrá tardado ni cinco minutos en atravesar esta hermosa comarca catalana. El mundo progresa, señor Pla.

El señor Pla alza la mano con la que no sostiene el vaso de whisky y señala a lo lejos.

-¿Ve usted esa yunta de mulos tirando de un carro, con un par de muleros, que acaban de aparecer por el Coll de Lilla?

-Ya veo que usted no ve muy bien. Yo se lo cuento, joven. Las palabras, igual que el periodismo o la literatura, están pensadas para gente que no puede o no sabe o no quiere ver el mundo.

-Esos mulos saldrán de La Conca. No lo dude. Ese tren tan moderno y esos mulos alcanzarán el mismo lugar. Sólo es un asunto de tiempo.

-Imagino que usted, joven, conocerá el célebre haiku del caracol que asciende el monte Fuji, la cumbre más alta del Japón.

-Aunque no me gusten los haikus, éste del caracol tiene su gracia.

-Cargol,

molt lent, molt lent, puja

el mont Fuji.

-La velocidad sólo nos convierte en más rápidos, no en menos estúpidos.

El señor Pla es ahora sincrónico. El señor Pla no se quita el cigarro de la boca mientras habla. Inspira el humo al tiempo que espira las palabras, y se mete whisky en el cuerpo por la boca mientras salen las palabras de su boca. El señor Pla hace simultáneamente tres cosas incompatibles: hablar, fumar y beber. Cuatro cosas, en realidad: hacer boina, porque el señor Pla no lleva boina, sino que la hace.

Pla se levanta, aplasta con la alpargata el haiku con su caracol dentro y desaparece.

A El Mirador, a este paraje donde se respira la soledad, no para de llegar gente. Nunca faltan en El Mirador personas que, solas o con perro, a pie o en bicicleta, huyen del mundo o acuden a encontrarlo.

Subo con mi perro a buscar paz y tranquilidad, a respirar felicidad, como desde hace más de diez años lo hago casi cada día.

Vuelvo a subir aquí, aquí se respira tranquilidad, subiendo aquí me doy cuenta de que las cosas más valiosas no son las que nos cuestan más dinero, sino las pequeñas que sabemos aprovechar. Hasta siempre.

Falta gente como vosotros en este mundo de consumismo. Abrazos para todos los que habeis cuidado esta ermita. Abrazos.

Nunca faltan okupas en El Mirador.

Sant Joan, llàstima que no pugui kedar-me aki i ke els pins no siguin marihuana.

Desde El Mirador se contempla la belleza del mundo. Desde este lugar privilegiado, se comprende que la ortografía catalana, pero también la castellana, necesitan mucho, mucho cariño.

Es un dia ple de llum i de sol. La Conca desde acà es molt maca.

Yo y Marta estamos echos polvo, pero ha valido la pena subir aquí. La Conca está llena de niebla, parece que podriamos ir en bicicleta por las nubes.

Desde El Mirador se aprende que debemos burlarnos del mundo y de su infinita belleza.

Perdona que no se me levante la polla ante tanta belleza, pero estoy agotao.

La burla es necesaria para protegernos, como el pesimismo.

Debemos irnos. Siempre debemos irnos. Es una cuestión de tiempo. Al levantarse, Maria pisa sin querer el haiku ya aplastado. Yo lo remato a propósito con mis botas Panama Jack. Primero con una, luego con otra. Cada bota pesa medio kilo.

El caracol, bestia imparable, sigue subiendo el monte Fuji.

Publicado el 19/7/2008

Mi felicidad no depende de lo que me pase

Es 9 de julio y todavía no han ilegalizado a los pesimistas en España. La vida siempre te regala razones para mantener en alto el pabellón del optimismo.

El 3 de julio yo estaba cenando en Barbastro con unos poetas y, sin embargo, amigos con los que participaba en un curso de verano organizado por la UNED y apoyado por el Ayuntamiento de Barbastro.

Cuando masticaba una sabrosa aceituna negra, se me partió una muela. Todas las olivas con hueso deberían ser ilegalizadas, sin excepciones. Miré mi pequeño trozo de muela en el plato, al lado de un hueso gigantesco de aceituna, y supe que al día siguiente regresaría a Barcelona para visitar al dentista con urgencia. Lo supe porque, aunque la felicidad no dependa de lo que nos pase, si una muela te empieza a doler a rabiar, en vez de actuar como un sabio y consolarte con un manual de autoayuda, caes en la vulgar costumbre de acudir al dentista.

Y en el dentista estoy, convertido en un frasco de calmantes, desesperando. En la mesilla, varias revistas fashion de decoración y periódicos atrasados. Hojeo uno.

Gaspar Hernàndez entrevista a Denis Genpo Merzel, maestro zen, en la última página de El Periódico de Catalunya del 2 de julio de 2008.

Gaspar Hernàndez ha elegido un titular que me viene de perlas: “Mi felicidad no depende de lo que me pase”.

Estoy salvado, pienso, pero el sabio y paradójico maestro zen me avisa de inmediato que con este pensamiento empieza mi condena.

No busques tu salvación. Si buscas salvarte, ya has sustituido el presente por el futuro. Si te alejas del presente, te has alejado de tu felicidad. Quédate en el presente. Cuando vivimos en el presente, estamos en la mente que no busca.

Vale. Usted es el maestro, maestro. Pero usted parece estar en un presente en el que no le duele una muela, a juzgar por la fotografía de su rostro en calma y calvo que acompaña esta entrevista, y yo estoy en un presente en el que me duele la muela a rabiar.

Yo experimento una felicidad incondicional. Mi felicidad no depende de lo que me pase. Por supuesto, puedo estar triste o enfadado, pero la tristeza o el enfado desaparecen si estoy en mi lugar.

¿Cómo es ese lugar, maestro?

Es un lugar de vacío.

Me da miedo, maestro. No conozco el vacío.

No lo tengas. Ese lugar de vacío es lo que más conoces, es el momento presente, es donde siempre estás.

¿Y ahora no estoy en el presente, maestro?

No lo estás, aunque tampoco te hayas ido de él, porque te has situado fuera y dentro de él al no haber aprendido que estás en tu presente.

¿Cómo se aprende a estar en el presente, maestro?

Estando.

En esto apareció una joven enfermera pronunciando mi nombre. Mi cerebro se partió de golpe en dos: mi hemisferio izquierdo, el de la mente pequeña, el que trabaja analíticamente y nos separa del resto de la existencia, se fue con la enfermera en busca del dentista; mi hemisferio derecho –curioso que el derecho sea el bueno y el izquierdo el malo-, el hemisferio de La Gran Mente, el que sabe que no estamos separados de los otros seres, se quedó leyendo la entrevista de Gaspar Hernàndez a Denis Genpo Merzel, que acaba de publicar el libro Gran Mente, Gran Corazón –todas las palabras en mayúscula- en la editorial La liebre de marzo.

Como el hemisferio de La Gran Mente es superior y más atractivo que el de la mente pequeña, mi cuerpo se quedó sentado con mi hemisferio derecho, leyendo juntos El Periódico de Catalunya. Así que, cuando el dentista vio entrar el hemisferio de mi mente pequeña, le aclaró pedagógico que poca cosa podría hacer un cirujano occidental si, además de la mente, no se presentaban un cuerpo y su dentadura.

Dicen que los manuales de autoayuda tienen muchos lectores en nuestro mundo infeliz. Y debe de ser verdad, porque, cuando mi mente pequeña empezó a farfullar y a echarle la culpa a La Gran Mente de haber acudido a un dentista sin traerse la dentadura, el hombre la interrumpió, alzó con calma las palmas de sus manos y anunció:

-No me diga más. Todo está claro entre nosotros. Gran Mente, Gran Corazón, del maestro zen Denis Genpo Merzel, editorial La liebre de marzo. Lo he comprado por internet. Es un libro estupendo.

Ahora permanezco en mi presente, curado. Curado de mi muela y de mi mente. Necesitamos la cirugía y la sabiduría. Vivir es tan jodido que no debemos prescindir de nada. Ni del Tranxilium ni de los pensamientos tranquilizantes.

Pero hay cosa que no termino de ver clara, maestro zen Denis Genpo Merzel. De todas sus palabras, hay una que me sobra: felicidad. Me sobra que nuestro objetivo, pensado desde Oriente o desde Occidente, deba ser la felicidad. Me sobra que me ordenen ser feliz.

Maestro, lea conmigo este soneto de Borges, si no tiene pendiente otra entrevista de promoción de su libro. Está escrito en inglés, como su manual, para que todo el mundo lo entienda.

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
Un instante cualquiera es más profundo
Y diverso que el mar. La vida es corta

Y aunque las horas son tan largas, una
Oscura maravilla nos acecha,
La muerte, ese otro mar, esa otra flecha
Que nos libra del sol y de la luna

Y del amor. La dicha que me diste
Y me quitaste debe ser borrada;
Lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo me queda el goce de estar triste,
Esa vana costumbre que me inclina
Al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

¿Qué le ha parecido?

Lo que era todo tiene que ser nada. Cojonudo. Suena a Buda y a Shakespeare. Eso me lo apunto para mi próximo best-seller. ¿Este Borges no fue un analista argentino, discípulo de Lacan? Me suena. ¿Y por qué escribía en inglés? ¿En Brasil y Argentina no hablan en español?

El pensamiento de que no necesito la felicidad me calma. Tanto como el Tranxilium que desayuno por las mañanas.

Publicado el 11/7/2008

Usted necesita ser pesimista, no lo dude

Cada uno se entretiene como puede. Yo me entretengo imaginando quién desaparecerá antes, si seré yo o los periódicos de pago y de papel. Entretanto, sigo comprando diarios y el 28 de junio de 2008 pagué 1,10 € por El País.

En la página 72, este titular: “La ley que obliga a dar noticias felices indigna a los espectadores de Rumania”.

Parece que el Senado de la patria de los vampiros acaba de aprobar la llamada ley de noticias felices, que pretende obligar a que, en los medios audiovisuales, tengan el mismo peso las noticias negativas y las positivas. El Senado quiere proteger al pueblo rumano de las nefastas consecuencias que producen en su psicología las noticias negativas. El Senado quiere que el pueblo sea feliz. El Poder siempre quiere que seamos felices.

Ese mismo día leí una entrada de cristalycolores.com, blog del periodista de la República Dominicana José Francisco Arias. La fecha de la entrada era 29 de junio de 2007 y su título: “El pesimismo, el poder, el PLD, el PRD”.

Leamos juntos: “Cuando el Partido Revolucionario (PRD) y el PPH estaban en el poder, 2000-2004, rebatían todo planteamiento crítico que se hacía a su gobierno (…) con aire arrogante, concluían en que quienes se quejaban eran dominicanos pesimistas (…) al tiempo que exhortaban a no dejarse atrapar por ese pesimismo (…) El Partido de Liberación Dominicana (PLD), entonces en la oposición, alimentaba los planteamientos críticos de comunicadores (…) Ahora la página se ha virado. Tenemos a comunicadores al servicio del PLD y su gobierno que a través de diversos programas de radio y televisión señalan, con aire de doctos, que quienes hablan de deficiencias, de carencias (…) de que la situación económica para los sectores medios y bajos está durísima son pesimistas”.

¿Les suena esto, que, según parece, se refiere a un país situado a varios miles de kilómetros de España? El Poder lo tiene claro en cualquier punto del mapa: denostar el pesimismo y recomendar el optimismo.

No descarto que el Poder también desee la felicidad de los que gobierna, pero su máximo deseo no puede ser otro que mantenerse en el poder. El Poder sabe sin ninguna duda que el optimismo en los medios de comunicación de masas constituye una de las defensas más poderosas del Poder. Y sabe que, si el pesimismo se infiltra en los medios de comunicación, se están dando los primeros pasos de un relevo de poder. El Poder es optimista porque se quiere mucho a sí mismo.

En 1932 el Comité Central del PCUS sacó adelante un decreto con este título: “Sobre la reorganización de los grupos literarios y artísticos”. El texto tenía su miga y su gracia porque dejaba fuera de la legalidad cualquier corriente literaria y artística distinta del realismo socialista. Además de ser malas literaturas y malas artes, las otras corrientes pasaban a ser ilegales. La solución perfecta, inspirada por Stalin: ilegalizar al contrario. En lugar de escribirle una reseña negativa, ilegalizarlo. En lugar de no votarle en un premio, ilegalizarlo. En lugar de no publicar su original, ilegalizarlo. La ilegalidad del adversario: un deseo que anida en lo más misterioso del corazón de cualquier escritor, crítico, académico o editor que se crean sin dudas razonables la superioridad de su opción estética.

Pocos años más tarde, el Primer Congreso de Escritores (Legales) consagró la existencia única del realismo socialista, uno de cuyos principios vertebradores, parece que inspirado por Stalin, sería la exigencia del optimismo ante la revolución socialista.

Stalin es uno de los grandes defensores del optimismo en el siglo XX.

Si a usted no le importa que le sigan machacando, haga caso a Stalin. Si usted desea defenderse ante el poder del Poder, sea realista y practique el pesimismo ahora que aún puede, antes de que a alguien se le ocurra ilegalizar a los pesimistas.

Sin pesimismo no hay alternacia de poder en las sociedades de la comunicación. El poder lo sabe. El poder desea que no lo sepamos.

Publicado el 6/7/2008

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