Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
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Vilas y Gaspar conversan sobre sus literaturas

foto de Daniel Mordzinski




Ofrecemos a continuación la conversación íntegra que mantuvieron los escritores Manuel Vilas y Sergio Gaspar en la revista Summum.

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CONVERSACIÓN ENTRE MANUEL VILAS Y SERGIO GASPAR

Sergio Gaspar. El mejor amigo de un escritor no es un perro, sino quien le compra sus libros. Acabo de publicar un libro presuntamente de poemas, titulado Estancia. ¿Ya te lo has comprado, Manuel?

Manuel Vilas. Sí, lo he comprado, y tienes razón, es el acto más decisivo que puede hacerse a favor de un libro: comprarlo. Leí Estancia en el Ave. Creo que a Estancia le sienta bien el Ave. Me ha sorprendido la polifonía formal de tu libro, la convivencia intencionada de elementos formales diversos que se integran en una sola visión literaria.

SG. Me alegro de que menciones la polifonía de Estancia. Yo me propongo con la sucesión de sus textos atacar el concepto de libro de poesía “armónico” y “unitario”que predomina entre muchos de nosotros. Me parece, como mínimo, un concepto aburrido y, seguramente, castrante de nuestra literatura. Armonía significa etimológicamente combinación. ¿Por qué tenemos que limitarnos a combinar en un libro de creación literaria tipos de textos que ya han sido reunidos hasta el aburrimiento y, por costumbre de los lectores y de la crítica, se ha aceptado y alabado su combinación? Schönberg escribe en Tratado de armonía: “Los sonidos extraños a la armonía, o bien no existen, o en caso de que existan no son extraños a la armonía.” Me parece que ciertos defensores del libro “armónico”, “poético”, “unitario”, lo que hacen es prohibir otras formas de armonía que no entienden.

MV. Ya salió el tema de la policía, no de la polifonía, sino de la policía, era inevitable que no saliera ese tema. Una palabra crucial que tú has dicho: el aburrimiento. Pero también me resultan muy aburridas nuestras habituales críticas al mainstream. Casi me resulta más aburrido criticar al mainstream que el aburrimiento que el maisntream contiene. Tú mismo, como editor, sabes que tienes que vender libros si quieres seguir editando libros. Tienes que pactar con la policía si quieres seguir editando libros. En todo caso, se trata de conocer hasta dónde podemos llegar en nuestras relaciones con la policía. Pero la policía nos deja hacer cosas, tampoco exageremos. Yo me llevo bastante bien con la policía. Me gusta cómo van vestidos, y me meten caña sus motos y sus pistolas. Pero no me voy a poner literario ahora. Sigamos con la argumentación seria: el problema radica en saber si es posible algún tipo de renovación en la literatura española, eso es todo. Tu libro Estancia plantea ese tema. Muchos libros y muchos escritores españoles están planteando ese asunto.

SG. Yo creo que la relación de cierta literatura emergente en estos últimos años con el mainstream español, con la policía crítica y editorial española, es ambigua y tiene grietas, como señalas. Por un lado, una parte del sistema de poder literario descalifica a esta literatura emergente. Afirma que los nocilleros, o los afterpops, u otros semejantes, no aportan nada nuevo, que nada han descubierto. Falso. Aportan, como mínimo, algo fundamental, algo que a algunos les causa bastante miedo: la incorporación de nuevos nombres que pueden hacerles la competencia, que de hecho se la están haciendo. Por otro lado, editoriales de facturación poderosa, como Mondadori, Alfaguara o Anagrama, se han decidido a publicar esta literatura emergente, con mayor o menor entusiasmo. Esta literatura, dato fundamental, tiene su origen en editoriales de facturación menos poderosa, como DVD Ediciones, Caballo de Troya, Berenice o Candaya. Tú mismo eres uno de los mejores ejemplos de esta situación ambigua. Cuando publicaste la novela España en DVD Ediciones, a principios de 2008, críticos de prestigio se fijaron en ella y señalaron su originalidad. Podía haber sido silenciada, si el mainstream español no tuviese grietas ni se plantease estrategias de renovación. No lo fue. Resultó un éxito importante de crítica, está encontrando lectores entusiastas y una editorial como Alfaguara se fijó en ella. De hecho, la novela que continúa España aparecerá este otoño en Algafuara, precisamente uno de los paradigmas del mainstream español, que sin embargo está apostando con cierta fuerza por autores nuevos y distintos. Por cierto, ¿tú ves relaciones entre Estancia y España, aparte de tener títulos de una única palabra que empiezan por la sílaba “es” y terminan en la vocal “a”?

MV. Es verdad: están pasando cosas distintas, y eso, como mínimo, nos ilusiona. En algún momento tendrá que ocurrir la literatura del siglo XXI. Me gustaría que hubiera más exploración en la forma literaria. Es allí donde veo puentes entre Estancia y España, en la exploración de los límites de los géneros literarios. Cuando digo exploración digo exploración inteligible y necesaria, moralmente necesaria, no literatura experimental. Yo, además, me tengo por un realista. Los corrimientos en los géneros me parecen un síntoma de que la literatura se renueva. Internet ha favorecido también esa exploración. Por otro lado, la sociedad española se está globalizando, y yo imagino que eso demandará un tipo de literatura que dé cuenta de esa globalización.

SG. En efecto, a España y a Estancia las reúne su voluntad de explorar las posibilidades de la vida con el instrumento de las posibilidades del lenguaje. Eso sí: nunca gratuitamente. Como tú señalas, debe ser una exploración moralmente necesaria. Un escritor que no se resigne a lo comercial, a carecer de cualquier otra identidad que no sea la de su comercialidad, está moralmente obligado a provocar seísmos de mayor o menor escala en lo que se escribe dentro de su comunidad, dentro de su actualidad. Estancia y España pertenecen a una literatura de terremotos. Mueven los géneros, mueven los contenidos aceptados y aceptables, mueven la actitud del escritor ante el mercado. Crean otro paisaje, después del terremoto. Cuando yo leí el original de España por primera vez, meses antes de editarlo, recordé las ideas de Batjin expuestas en Teoría y estética de la novela. Batjin nos recuerda que la novela, históricamente, ha sido un tipo de discurso con voluntad de crítica de otros géneros, un discurso que también se autocritica y parodia constantemente, que tiene la capacidad de sonreírse de los otros discursos y de sí misma. La novela es el discurso de la imperfección constante, porque constantemente se mantiene abierta a la entrada de todas las presencias del presente, las formales y las de contenidos. Algunos de nuestros novelistas parecen haberse olvidado de que El Quijote está en el origen de la novela moderna precisamente por no ser una novela como las que se escribían en su época. Ésta es la paradoja: el presente se expresa mejor cuando no lo hace con las fórmulas dominantes en el presente. España y Estancia están ahí: en el desequilibrio, en la exploración del vértigo del presente, mezcla de horror y de ternura, en el terremoto. El presente siempre es inestable.

MV. Bueno, acabas de decir un poema en prosa. Completamente de acuerdo con lo que dices. Hoy se escribe más desde el Persiles que desde el Quijote. La intención paródica de la novela es también una intención moral; se trata de dudar de cualquier sistema de aprehensión de la realidad. Por ejemplo, la descripción de personajes de la novela convencional necesita constantemente ser parodiada, y es una necesidad moral. A mí no me parece que la realidad sea real, sea segura. Por tanto, mi sistema de representación de la realidad parodia continuamente cualquier sistema prefijado de representación de la realidad. Sí creo que un artista tiene que dinamitarlo todo, pero por odio al aburrimiento, no por afán de notoriedad ni de transgresión. A mí la transgresión por la transgresión no me pone. A mi literatura la mueve el horror ante el aburrimiento. El aburrimiento es lo peor.

SG. Me parece que este otoño no te vas a aburrir. Alfaguara publica Aire nuestro, tu nueva novela, tras los calores estivales. Siento curiosidad por conocer qué semejanzas y diferencias encuentras entre España y Aire nuestro, y, ya de paso, entre DVD Ediciones y Alfaguara.

MV. La diferencia más importante es que Aire Nuestro es un libro más globalizado que España, no gravita solo sobre la realidad española. Las semejanzas entre las dos novelas están en la mirada del narrador, en la negación de la realidad, y en la transformación de la Historia en una fiesta salvaje. Y en cuanto a DVD Ediciones y Alfaguara yo diría que, en mi caso, las dos editoriales se han complementado. Yo tengo un proyecto literario que DVD Ediciones ha comenzado a visibilizar. Alfaguara lo visibilizará aún más. Yo creo en la literatura. Creo, además, que la literatura se mueve. Si no creyese en la evolución de la literatura, tampoco creería en la literatura. Creo que me pasa lo mismo que a ti, gran Gaspar. Nuestro sentido del humor no tiene límites.

Publicado el 20/12/2009

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