Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
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Manuel Vilas (siete meses de España)

http://manuelvilas.blogspot.com



foto de Daniel Mordzinski

DVD Ediciones comenzó este año publicando España, de Manuel Vilas. La apuesta editorial no ha sido desmentida. El amplísimo interés que el libro ha despertado en la crítica y la gran acogida por parte de los lectores lo han convertido en un fenómeno literario nada común entre nuestras letras, tan acostumbradas a la calma chicha y el tedio y la pereza. España ha ascendido en poco tiempo a ese curioso estatus de libro de culto. A siete meses vista, ¿cuáles son las claves de España? Reproducimos a continuacón una breve charla que hemos tenido con Manuel Vilas, una muestra de las reseñas más significativas que la obra ha merecido en diversos medios escritos y, finalmente, el texto íntegro de la presentación de España a cargo de Eloy Fernández Porta.

J.M.M.

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UNAS PALABRAS CON MANUEL VILAS

Parecen lejanos ya los años en que los poetas sociales y Cecilia usaban el nombre de España con mucha naturalidad. Ahora, saltándote todas las preceptivas, has convertido España en España. Ni siquiera algo así como Que trata de España... ¿Provocación, resumen lúcido? ¿Todo, finalmente, cabe en España?

Me pareció que seguíamos siendo españoles, y ahora ya, en el siglo XXI, de una forma casi irónica. La palabra España, además, está medio maldita y eso me hacía gracia. Pero un tipo que escribe en España y en español no puede ser otra cosa que un escritor español, se ponga lo estupendo que se ponga. Me apeteció reinventar la idea de España. En el fondo, soy un intelectual, aunque no lo parezca. Y es verdad que lo parece muy poco. Pero conozco los discursos historicistas hispánicos: soy filólogo, me lo he leído casi todo. Me gusta Américo Castro. En mi novela Menéndez Pelayo saca a bailar a Paulina Rubio. Me gusta el carnaval. Hay una fiesta. Mi libro es una fiesta donde todos han bebido más de la cuenta y están calientes. Una vez, en una recepción del Premio Cervantes a la que me invitaron por error, hablé con Juan Carlos I del esquí. Le dije: “Majestad, ¿has esquiado en Cerler?, a que en Cerler se esquía de puta madre, a que sí, ¿eh?”.

Poniéndonos griegos, se suele admitir que la tragedia surgió de antiguos bailes en honor a Dionisos, con su coro de sátiros. De hecho, tragedia tiene que ver con cabra. Estas cosas siempre me han venido a la mente leyendo y releyendo tu libro. Y ese carácter coral me recuerda a Nietzsche, y a la “descarga artística de la náusea de lo absurdo” que él veía en el coro cómico del ditirambo. ¿La historia de España es una tragedia coral que sólo se puede comprender desde la sátira?

Nietzsche escribía libros inclasificables. He leído mucho (y creo que bien) a Nietzsche, no lo he leído de gratis, lo leí porque quise sacarme unas oposiciones de filosofía. Lo he contado en un poema. No, no es una tragedia la historia de España. No es nada, porque como dice Ballard el pasado no existe. Tengo visiones místicas sobre eso, sobre la inexistencia del pasado. Pero sí, me gusta Nietzsche. Está bien que me saques ese nombre porque sí tiene que ver con lo que escribo, aunque no sé de qué manera. Lo leí bien, sí. Me acuerdo que fue en 1997 y en 1998. La sátira es un género muy difícil; yo creo que no soy un escritor satírico. Para ser satírico, hay que tener una moral, y yo no la tengo. O me parece que no la tengo.

Tu libro es un cuerpo literario difícil de clasificar: colección de cuentos, novela... ¿Crees en los géneros? ¿hay alguna intención en llamar novela a España? Realmente, ¿Qué es España?

No, no creo en los géneros. Eso es algo escolar. La realidad de las cosas no se da en forma de géneros literarios. Creo que mi libro está cerca del concepto de uso de novela, pero no es una novela tradicional. Creo que la idea clásica de novela no sirve para narrar lo que está pasando en el siglo XXI, y esto lo están diciendo muchos escritores, como Eloy Fernández Porta, Agustín Fernández Mallo, Juan Francisco Ferré, Jordi Carrion, Robert Juan Cantavella, o Vicente Mora, por citar unos pocos. En mi caso es fundamental la influencia de la cultura Pop.

El libro ha sido profusamente elogiado en los medios, y podríamos hablar de esa extraña unanimidad entre crítica y público. Para terminar, ¿podrías esbozarme tus impresiones sobre la andadura del libro en estos meses?

Me ha sorprendido mucho su recepción. Casi no me lo creo. No creía que este país tolerase que algunos escritores nos saliéramos de lo previsto, y parece ser que lo está tolerando. Algo está cambiando en la literatura española. Por fin algo se mueve. Es increíble que algo se mueva. Yo creo que a la gente de entre 20 y 40 años les aburre la literatura española clásica y tradicional (lo cual no quita para que sea una excelentísima literatura), y había que hacer algo en ese sentido. Las editoriales se han dado cuenta de eso, se han dado cuenta de que todo está cambiando. Fernández Mallo pone una cita al principio de “Nocilla Experience” que comparto plenamente: “en esta vida se puede ser de todo menos coñazo”. Lo normal es que las cosas cambien. No sé por qué en literatura no tendría que haber cambios. Los hay en todas partes: en pintura, en psicoterapia, en ciclismo (dile a un ciclista que se dope con Epo de hace tres años, te pedirá Epo de última generación), en música, en arquitectura, en fontanería, en medicina, en sexología, en nutrición. Imagínate que te falta una pierna y quieres que te pongan una prótesis y un capullo se empeña en que te pongan una prótesis de los años sesenta. A veces la institución literaria se parece a la Iglesia católica en su deseo de inmutabilidad, y eso es un coñazo. Y eso es lo que no se puede ser: coñazo. La vida es un fenómeno inclasificable, está lleno de salvajes pliegues. Ahora la vida está cambiando, eso es todo. Nos dedicamos a trasladar a un papel la vida cambiante. Para mí la vida es una fiesta jubilosa. Quiero que lo que escribo celebre este mundo.

ESPAÑA EN LOS MEDIOS

Sergi Doria, en ABCD, 20-3-08

Peio H. Riaño, Publico, 6-3-08:

(...)Un discurso pop que está despegando en el panorama literario de nuestro país y que ofrece al lector una visión muy cínica de la realidad. De lo que nos han contado (...) el libro avanza y recorre, a modo de manual, por el perfil más árido de lo que somos.(...)

Luis Antonio de Villena, El Mundo, 26-3-08:

(...)claro que hay una literatura nueva, pero no viene obviamente de las gastadísimas "poéticas postmallarmeanas" que dicen los franceses, sino del enfrentamiento absoluto con la hodierna y salvaje pluralidad sucia de la vida(...)

Jon Kortazar, babelia, 5-4-08:

(...)Adscrita a la novela, resulta ser un espejo convexo en el que se refleja la idea plural de una sociedad, más bien una forma distorsionada y una idea poliédrica, irónica y sardónica de una realidad nacional.(...)

Javier Moreno, deriva.org

Rosa Beneitez, Afterpost

Juan Francisco Ferré, Diario Sur, 28-4-08

Flavia Company, El periodico de Catalunya, 23-4-08:

(...)Es difícil plantear una sinopsis, pues cualquier intento sería de un burdo reduccionismo.(...)Sí puede decirse, en cambio, que es una obra que se pregunta por la identidad (la propia, la del grupo), por la responsabilidad que en ella tiene la mirada de los otros, y que presenta la vida como una fuerza poderosa, una fiesta, contra la que nada pueden historia ni Estado.(...)

Diego Salazar, Letras Libres, num. de mayo, 2008

Edmundo Paz Soldan, boomeran(g)

Antonio J. Rodriguez, El día, 25-mayo-08:

(...)otro de los más polémicos y destacables frentes abiertos de España: la cruzada contra el anquilosamiento de la literatura y el establishment académico(...)

Vicente Luis Mora, Quimera, num. de junio:

Los temas y motivos recurrentes de la obra de Vilas son la metamorfosis, la condición española emblematizada por zeta, el consumismo y el dinero, la vampirización como medio de abordar la temporalidad y las relaciones interpersonales, los coches como espacio y como símbolo social, las atmósferas degradantes, la crueldad y el mal, la teología negativa y la metaliteratura(...)

Masoliver Ródenas, La Vanguardia, 18-junio-08:

(...)Fragmentos que es posible y necesario reconstruir como un rompecabezas(...)un vuelo de la imaginación que a través de una ciencia más ficticia que real nos lleva asimismo a la fragmentación del tiempo, a la desaparición de sus fronteras, a fechas que parecen trasportarnos a otros espacios y a otro tiempo(...)

TEXTO DE LA PRESENTACIÓN DE ESPAÑA, POR ELOY FERNÁNDEZ PORTA

LOS DESAFECTOS DE LA PATRIA

Del alto estilo y la baja estofa. ¡Oh, Ejpaña! El singular tratamiento de nuestro tema que propone este libro -novela desencuadernada, país en bruto, vendido a peso- es indisociable de la evolución creativa de su autor, que parece haber encontrado en este motivo el crisol de sus valores. En efecto, en relación con la carrera de Manuel Vilas España da fe de una transformación creativa que está apuntada ya desde los inicios de su obra. En uno de sus poemas primerizos, “Hölderlin”, leemos la siguiente descripción del vate por antonomasia: “Primero, un joven exaltado (…), luego un loco más entre los que abonan los campos de la tierra”. Por una parte, la exaltación idealista y la búsqueda del absoluto; por otra, la materialidad y lo irracional: el idealista como abono. La primera vertiente está más presente, o acaso más explícita, en el primer tramo de la obra del autor zaragozano, esto es, en sus poemarios de los años noventa. Libros como Las arenas de Libia muestran a un autor de filiación romántica y genealogía francesa, practicante de un Gran Estilo y un élan más bien insólitos en la lírica española de la época. A la luz de sus libros posteriores pudiera pensarse que esta primera fase es preparatoria o que resulta demasiado distinta del realismo cruel de sus textos recientes. No obstante, el vínculo entre esos dos momentos de su producción se nos antoja necesario. Lo muestra su antología El nadador (Poesía, 1988-2002), que consigna el paso del Vilas 1.0, exaltado y soñador, a un Vilas 2.0, rijoso y delirante, que abona los baldíos y terruños de nuestros lares con las carroñas de los grandes sistemas de pensamiento. Se comprueba en versos como los de “El último hombre”, donde la anécdota escogida ya no es trascendental sino cotidiana –un diálogo en una terraza mallorquina-, la perspectiva ya no es áurea sino terrenal, pero el tratamiento formal, bien lejos de los postulados del realismo poético y de la “experiencia” en cualquiera de sus promociones, opta por el verso extenso y monumental, otorgando un vuelo aéreo a la escena: “y tú, Trajano, llevarías en tu espléndido lomo un botiquín de la Cruz Roja”. Versos que exceden las veinte sílabas para describir situaciones cotidianas; poesía con derivas narrativas, contrafigura de una narrativa rica en acentos líricos: esta serie de contrastes entre el alto estilo y la baja estofa se convertirá en adelante en la marca de fábrica del autor. Así Españia.

Abyectos: el torturador como funcionario. La situación narrativa más propia de España es la abyección perpleja, esto, es, la comisión de un acto extremo con plena conciencia de sus consecuencias y sin cargo de conciencia. Miguel Ángel Blanco asesinado; un escritor de fuste ninguneado por un crítico negador; Marisol brutalizada por un psicópata; un hombre a quien su esposa engaña con ciento cuarenta y seis amantes. Todas estas escenas tienen un dramatismo exacerbado, pero también una conmovedora frialdad. El ofensor cumple su tarea con formalidad de funcionario; la víctima, en buena parte de los casos, acepta su destino, con laica resignación, así su destino fuera el del país entero. Codificada y planificada, la crueldad social requiere de un soporte tecnológico que la organice: es el tema del pimer capíulo, el Noevi, un sistema para grabar y archivar todas las conversaciones, que se convierte así en el disco duro absoluto de los vínculos personales[1]. En otras versiones más tradicionales el acto abyecto daba lugar a una catarsis; en España –el país, la novela- aquel se ha convertido en un formalismo de funcionario. Vuelva usted mañana a por su próxima degollina: en los tiempos de la extremitud Vilas se presenta como el crítico de la burocracia del horror.

RealTime: La aceleración al futuro. El destino de un país siempre se proyecta sobre el mañana. Un horizonte de prosperidad, de progreso, de realización del destino nacional como manifest destiny: tal es el repertorio de los mítines, de la oratoria política, del discurso público en general. Las ilusiones de trascendencia figuradas en un Futuro Mejor: este es el principal motivo satírico del libro. La monarquía, las representaciones del poder político, los premios y prebendas aparecen aquí como formas del Apocalipsis. ¡Una plaga de mejillones cebra acabará con la nación! En varios casos la proyección al futuro es parodiada por medio del género que mejor la representa: la ciencia-ficción. La excursión a la fotosfera del sol o la escena de un astrónomo depresivo que ya sólo ve basura en los astros nos ofrecen la más prosaica materialidad del mañana. Contra las ilusiones ideológicas que utilizan el porvenir como horizonte inasequible y excusa de los errores presentes, España viene a mostrar el mañana como pecio, como ruina impresentable de todos los ahoras. Esta estrategia culmina en la sección final del libro, con una Breve Historia del Tiempo que presenta el terruño dentro de varios siglos[2], y cuya escena conclusiva es la situación abyecta y futurista por excelencia: la crucifixión, representada aquí con un sentido más propio de los Monty Python que de la Biblia. De este modo el anhelo de Eternidad que recorría la primera época del autor reaparece, en versión bufa, como un eterno temporal sostenido con tingladillos y chabola, con remedos de esparadrapo en los bordes.

Vilas' dramatis personae: Una tipología. En la nación abyecta y proyectada los personajes encarnan identidades fluidas o caricaturescas, sin punto medio. La disparidad de los protagonistas es unificada por una figura central: la del autor mismo, cuyo nombre aparece asociado a varias identidades diferentes, cambiando de texto en texto, adoptando las personalidades más dispares. Esa diferencia genera una tríada de actores interrelacionados:

- El mediador chiflado. El crítico literario debería ser el puente puente entre el creador y el público, entre el talento individual y la vox populi. Pero el que aquí aparece ha dimitido de su papel, y practica, de manera concienzuda, un bloqueo informativo: a través de él no pasará ninguna información relevante sobre el genio literario. Otros personajes complican o problematizan el papel del intermediario: el astrónomo se niega a describir los astros, y sólo nos muestra la basura estelar; la ninfómana, por el contrario, se convierte en el personaje de paso de toda la comunidad masculina. En la tradición de la novelística social la figura del mediador resulta fundamental para describir la comunidad. En la trilogía de Dos Passos es la prostituta; en las novelas gráficas de Will Eisner, el casero del bloque: son los personajes que gozan de mayor extensión pública, los que más gente conocen: los que construyen, mal que bien, la comunidad, sea barrial o ciudadana. Mediación: punto nodal de los encuentros, de las situaciones, de los datos. En la comunidad desobrada de Ehpaña los encuentros se han hecho imposibles: el mediador trastornado nos muestra una colectividad demediada.

- El muerto viviente. Una figura recurrente en la narrativa de su autor, donde los electrodomésticos y los muebles tienen voz, convertidos en sórdidos dibujos animados, y los cadáveres permanentes conviven con los que aún están de permiso. En algunos casos la voz de ultratumba sirve para conseguir un registro entre verista y psicodélico: tal sucede con el monólogo de la ninfómana muerta, que contempla sus proezas sexuales con la indiferencia de un panteón. En otros, el vivo y el muerto solventan en el más allá las diferencias que los alejaban en vida, como en el encuentro del padre y el hijo o la conciliación entre el escritor y el reseñista. En esta sonata de los espectros con fondo de rock Vilas reelabora otra vertiente de nuestra novelística nacional: la vía goticista-expresionista, de raíz gallega y tronco cañí, en que el detalle más creíble se combina con la aparición más fantasmal. Asediada por espectros y proyectada en tromba hacia el mañana, la actualidad histórica sólo es un trampolín -tobogán de hambrientos- para los deslizamientos del tiempo.

- El espíritu de la nación encarnado. El tema de Espanya, que durante algún tiempo pareció desterrado de la narrativa reciente, vive una insólita recuperación en la narrativa reciente. Lejos parecen quedar los días en que Javier Marías declaraba que ese motivo resultaba demasiado remoto o añejo –y proponía, y con él otros autores, una escritura asépticamente internacionalista, con títulos pensados para ser traducidos del inglés y un borrado sistemático de todos los signos locales[3]. Quizá la figura que mejor lo represente sea el personaje central de esta gavilla de narraciones: el espíritu del país, encarando en el nombre del autor como padre putativo. El espíritu de España parece unamuniano, recoge la vieja aspiración noventayochista de alegorizar el destino nacional en una figura particular, pero ese impulso trascendental cobra una forma de dibujos animados, un Mortadelo explotado y recompuesto en cada nuevo episodio. Aquí vienen a morir las ilusiones esencialistas: en el toon, la viñeta final, la persecución de los agentes de la T.I.A. con portada del diario "La bola".

Eloy Fernández Porta

[1] La posibilidad de archivar y utilizar los discursos privados es un tema distintivo de la estética afterpop, que expresa la suspicacia respecto de la oralidad espontánea en la época de la digitalización total. Versiones parecidas de este motivo pueden encontrarse en la obra de Óscar Aibar, y en particular en el relato "Rumores" (posteriormente adaptado al cine por él mismo), que describe una organización multinacional dedicada a traficar con leyendas urbanas. He dedicado a este tema algunos de los artículos de la serie Terrorinfo, publicada en Quimera, así como un relato cuya figura central es el Verduléitor, la Biblioteca de Babel que contiene todas las variantes sobre todos los cotilleos habidos y por haber.

[2] Esta versión descacharrante de la SF coincide con el Mariano Gistaín de La vida 2.0, uno de los primeros libros que propusieron releer las cosmicómicas como si estuvieran escritas desde el comedor de casa.

[3] Los males y motivos de la nación reaparecen, en la narrativa última, en las representaciones de una España inesperada y grotesca (Gabi Martínez), que limita con Europa limitándola y limitándonos (Mercedes Cebrián), donde lo carpetovetónico asume la forma del periodismo gonzo (Robert Juan-Cantavella).

Publicado el 7/9/2008

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