Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Raúl Quinto


Raúl Quinto (Cartagena 1978) licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada. Actualmente reside en Almería donde ejerce como profesor de secundaria. Ha publicado los libros de poemas Grietas (Dauro, 2002; reeditado junto a Poemas del Cabo de Gata, La Garúa, 2007), La piel del vigilante (DVD, 2005) y La flor de la tortura (Renacimiento, 2008). Aparece en numerosas antologías y ha sido traducido a varios idiomas. Codirigió la revista electrónica Oniria y la colección de poesía de La Garúa Libros. Colabora con la compañía de danza contemporánea DA.TE para la que ha realizado la dramaturgia de la obra Fronteras. Su última novedad es Idioteca (El Gaviero, 2010).

***

COLLAGE IDIOTA
(a base de fragmentos de
Idioteca, El Gaviero ed.)

La historia es sencilla, en la antigua Corinto una mujer ama desespe­radamente a un hombre que al amanecer debe partir a la guerra. Es la noche de los besos que crujen como cristales dentro del corazón, de lágrimas y palabras que suenan a conjuro, a canción de cuna, a no podrá la muerte arrebatarme este olor. Es de noche, y bajo la luz nerviosa de las velas, ella coge un cuchillo y repasa los perfiles que la sombra de su amado proyecta sobre el muro. Así. Ya está. De esta forma nació el arte de la pintura. Del amor y la sombra. Eso dicen.

Tu corazón bombea sangre, tu dedo cambia de canal.

Ahí está. Al borde de un preci­picio, un tipo asomado a un océano de niebla. Si da un paso más será devorado por el abismo. Está de espaldas a ti y a mí, de espaldas al mundo entero, viste de forma elegante y el viento de las altu­ras lo despeina.

Schumann. Mayhem. Pieter Bruegel el viejo. HP Lovecraft. Yves Klein. John Henry Fuseli.

Alguien con el manual de instrucciones de todo esto.

A esta hora entre el atardecer y la noche las estrellas se ven mejor, ahí arriba también hay un plan infinito. Belleza y caos. Cada punto de luz ilumina un planeta como éste, donde cualquier cosa puede estar sucediendo, donde cualquier posibilidad es real.

Porque es vuestra sangre lo que brota en los manantiales secretos de la literatura, vuestro dolor conjugado el que articula los ritmos del poema perfecto, la música que sale de vuestras venas y a vuestras venas regresa.

Una serie de preguntas conectadas, sin respuesta posible.


Sabemos que el ser humano, por su condición finita, tiende a la aprehensión del absoluto. El universo, la realidad en su vasta expre­sión, el ánima de las cosas respirando en el centro de la esfera.

Pero ¿qué sucede si dos traceurs se encuentran frente a frente en su camino?

Tu corazón bombea sangre, tu dedo cambia de canal.

A la chica se le implantarán unos pequeños electrodos en el cuero cabelludo que permitan leer las sinapsis de su pensamiento, la elec­tricidad de sus reacciones.

La posibilidad de que la verdadera Historia de la pintura pueda estar oculta bajo las capas de colores y formas que hoy estudiamos y aplaudimos.

Hartos de abstracciones y representaciones estúpidas de lo real. Queremos la realidad.

Habéis dibujado un limón. Claro, eso pediste. Entonces saca una navaja de su bata blanca de profesor alemán y corta uno de los limones en tantas rodajas como alumnos hay en el aula. Las reparte. Por favor, introdúzcanlo en sus bocas. Saboreen, palpen con su lengua y sus encías, mastíquenlo.

Y ahora díganme si realmente creen haber representado correcta­mente este limón.

Como puro acontecimiento.

Coloca la tabla en el patio y unos tres o cuatro pájaros descienden intentando picotear la pulpa de esa fruta pintada. Sonríe, su artificio ha conseguido engañar a la naturaleza. De nada sirve la sabiduría ancestral del instinto, el orden natural del universo y sus leyes, si se cruza la dinámica superior del arte. No se trata de mímesis sino de crear algo más perfecto que el modelo. Ahora qué, iluso Parrasios, cómo vas a superar esto.

Queremos la realidad.

Pueblos fundados por oscuros sacerdotes que llegaron en carros de madera, que dibujaron un salmo sobre la roca desnuda y se fueron siguiendo sus huellas antes de que el amanecer descubriera su blasfemia; pueblos construidos por acumulación de sangre, por amontonamiento de huesos y pieles humanas extendidas como alfombras por los pasillos de los hoteles, pueblos donde ciertas palabras arañan la garganta del que las dice y las prostitutas leen el futuro en la pus de los sexos enfermos.


Una serie de preguntas conectadas, sin respuesta posible.

Usted lee el libro y el libro lo lee a usted, mientras el mundo los lee a ambos. Piensa: el movimiento de mis ojos en la página es como el de las olas yendo y viniendo de la orilla, su trazo de espuma desaparece como la línea escrita al final de la página.

La quimera no debe ser alcanzada y los medios para llegar a ella siempre serán medios para la propia destrucción.

Tex Avery. Wallace Stevens. Hilma af Klint. Rembrandt. Sonic Youth. Andrés Iniesta. Jeremy Bentham. Radiohead.

Tu corazón bombea sangre, tu dedo cambia de canal.

***

TRES POEMAS DE RAÚL QUINTO

EN LA ÓPERA DEL RUIDO

ALGUIEN señala con el dedo
la dirección a un precipicio,
escribo el vértigo;
escribo la caída
                          de este verso
al vacío, la página
arrancada del libro.

Desde el espacio en blanco
que divide el silencio de tus ojos,
desde la helada boca del revólver
besándote la nuca
y el corazón diseccionado
de los siameses,
desde el latido que los une
y el bisturí que los separa;

escribo el alarido.
Escribo que no hay nada
dentro de las palabras
como tampoco hay nada en las pupilas
del que observa la nieve,

y desde aquí,
desde este extremo de la niebla,
desobedezco.

CRISTAL OJO

IGUAL que un cuerpo
atravesando la tormenta
tan sólo existe en trueno.

Igual este mensaje.

Igual que el bosque
cuando el relámpago ilumina
la silueta del ahorcado.

Escribo con las uñas
sobre tu piel
hasta que brota de la sangre
el final del poema.

(de La flor de la tortura, 2008)

BRUMARIO

Decide un punto de partida.

Hay una música de arañas.
Una esfera perpetua. Una ofrenda
para la diosa y su corona
de moscas. Un satélite
de incomunicaciones. Una ley.

Diseña un edificio cuyas puertas
desaparezcan una vez cruzadas.

Diseña una emoción.

Un clavicordio, percutiendo
metálico la cuerda. La cuchilla
que desciende del cénit

interminablemente.

Algunos aseguran
que una cabeza separada
del cuerpo puede continuar consciente
casi medio minuto. Esos ojos
abiertos de raíz
frente a la multitud. Eso decir.

(Inédito)


Publicado el 28/5/2010



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