Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Lorenzo Plana



Lorenzo Plana nació en Lleida, en 1975, donde reside actualmente y en cuya universidad se licenció en Filología Inglesa. Es autor de cuatro libros de poemas, La historia de Silly Boy (Lleida; Dama Ginebra, 1991), Ancla (Valencia, Pre-Textos, 1995), Extraño (Valencia, Pre-Textos, 2000), La lenta construcción de la palabra (DVD Ediciones, 2004) XX Premio de Poesía Ciudad de Burgos, Desorden del amanecer (Valencia, Pre-Textos, 2008). Ha colaborado en distintas revistas de poesía: Puente de Plata, Hélice, El Maquinista de la Generación, Ultramar y otras. En la actualidad se dedica a la traducción.

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OLAS BLANCAS: UN MAR ALZADO

Nada será tan cierto como la excelsa blancura del silencio. Recordarás el viaje, verás desvanecerse el charco sucio: alquitrán en tu pupila. Porque la muerte se abre en claridad. Has vuelto a comprobar el placer en que consiste cada negación. ¿Cómo has llegado tú a aceptar los errores que en otro tiempo te hubiesen derrumbado? ¡Ya no recuerdas la gaviota!

La gaviota sabía escupir el horizonte. Un poema es oasis de la sangre. Pero hoy cesaremos de creer en esta obviedad. Mi corazón es una caracola con millones de corredores vivos y colorados. Demos vuelta a esta labor. Una luz que no sueña, pues reanudar el mundo es liberar al viento. Despierta en lo profundo del pantano valiente. Que ni siquiera el viento te acaricie. Aquel ritmo vencido. Tú observabas el vuelo callado junto a la ventana muerta. La gaviota sabía escupir el horizonte.

Ágil cuando alcanzaba otra nube, estallaba en confeti. ¿Si la gaviota lleva fiesta en sus venas de vidrio, posee el vuelo más duro, reconstruye maldad?

Que recordar consista siempre en un fiel regreso. La gaviota sabía escupir horizontes, y todas sus palabras eran la débil alacena. Alcanzará el batir nítido de las alas otro gran zambullido en la eternidad. Que tanta delgadez de este escrito volátil aboque al movimiento. Yo me apodaba “Muerte de los días felices en el pueblo invisible”.

Y todo parecía flotar sin graves traumas. Mi ficción es la vida. Y no habría bondad sin la llamada al orden.

Y la felicidad se palpa en las palabras cuyas capas sobrevuelan almohadas donde el océano ha resuelto a favor. Porque cuando despiertas muerto estás tan vivo como un sol cuyos rayos son agua. Usad la paradoja, pero debéis llenarla de aire. Porque después llegan los que no aceptan, los que se ofuscan contra el instinto. Y allí no hay huecos con que designar que cada océano cabe en un mapamundi. Y que atrapar el tiempo es olvidar el gesto, insertarse en la caída total. Y que atrapar el tiempo devuelve alguna libra de paz en cada instante.

Publicado el 26/10/2011



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