Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Julio César Galán



Julio César Galán (Cáceres, 1978). Actualmente es lector en la Universidad de Argel. Director de las revistas de teatro y poesía, Dioniso y El juego de los putrefactos, respectivamente. Autor de los siguientes poemarios: El ocaso de la aurora (Madrid, 2004), Tres veces luz (Barcelona, 2007) y Márgenes (Valencia, 2012); además, ha publicado como heterónimo: Gajo de sol (Cáceres, 2009), de Luis Yarza, ¿Baile de cerezas o polen germinando? (Tenerife, 2010), de Pablo Gaudet, y este año verá la calle Jimena Alba con Reptilia. Algunos de sus artículos y poemas se encuentran en revistas como Cuadernos hispanoamericanos, Turia, Alga, Cosmópolis, Primer Acto o Cuadernos del Matemático. Entre sus textos teatrales cabe destacar: La edad del Paraíso, Eureka o Con permiso del olvido. Algunos de sus poemas se tradujeron al checo, francés, italiano y árabe.

Con motivo de la publicación de su último poemario, Márgenes (Pre-Textos), el autor nos ha escogido dos poemas del libro. Antes, reproducimos el texto que Darío Bellón ha escrito para esta firma invitada.

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FRONTERAS, ANTIFACES Y OTROS EXTÁSIS
por Darío Bellón

Existe una estrecha relación entre mito, heteronimia y mística, en este orden. El mito, en esencia, para mí, es el fingimiento de una creencia en la identidad, una ascensión por lo trágico y lo vital, en una búsqueda desacralizada de lo sublime.”

¿A qué viene poner ahí esta cita de Julio César Galán?

-El inicio de Márgenes (Pre-textos, 2012) está en su reseña bio-bibliográfica: en la heteronimia de este poeta, ensayista y dramaturgo cacereño que en 2004 comenzó con El ocaso de la aurora una andadura creativa definida por la periferia. Llama la atención algunas de esas reflexiones que ha vertido en los últimos años a través de aforismos, pongamos por caso Bastardas notas bicéfalas o Tentativas de apertura, entre otros textos, sobre cuestiones como la identidad, la creación poética (esa Intrapoesía) y otros puntos de fuga como relación heteronima-mito-mística materilista. Escojo una: “Y si esos heterónimos ¿tuvieran otros heterónimos? Y si algunos de ellos ¿quisiera darse al anonimato o tú mismo te borrases del todo? Imagínate a heterónimos críticos, incluso algún ensayista. ¿Algo más? Bueno, faltan los lectores, ponle rostros, vidas…mézclalo todo, que interactúen. ¿Heterónimos lectores? ¿Esto es una nueva comunidad literaria o en realidad, una manera de decir: “no necesitamos a nada ni nadie?”.

Dentro de esta colectividad está Márgenes. Qué significa este poemario dentro de su camino. Si nos remitimos a algunos poemas de Inclinación al envés publicados en revistas, vemos que las señales de su próximo libro indican un cambio cercano a esa poesía crítica, a esa intrapoesía. No hay que olvidar que Márgenes forma parte de una trilogía, Acorde para las aguas madres, cuyo extremos son Tres veces luz, su anterior propuesta poética e Inclinación al envés. En medio se presentan estos textos fronterizos, fragmentarios, que están libres de signos de puntuación y mayúsculas. ¿Es Márgenes una continuación de Tres veces luz? Pues si volvemos a ese libro publicado por La Garúa en 2007 vemos en su última parte “Las soledades interrumpidas”, algunos poemas que nos indican ese viaje hacia sí, esa depuración de la música. Pero lejos de ser una secuela de Tres veces luz esta última propuesta poética nos muestra, desde un primer vistazo, juegos con la espacialidad de la página que no remiten a las vanguardias de primeros de siglo sino a un refuerzo de la sencillez que humea por todo el poemario. Esa estructura tripartita de cada poema tiene su eco en la misma división de los poemas como si fuesen una muñeca rusa o una caja china, simbología esta la del tres que tiene el antecedente en el aludido Tres veces luz. También existen otras conexiones entre este libro y Márgenes. En primer lugar, una continuada referencia al presente, al momento vital como invención del sí (así titula la segunda parte, en concreto Julio César Galán las denominada “fases”) o diseñar mediante la palabra una oceanografía del ahora (título de la tercera fase). Todo ello nos da una sensación de ascensión, de hecho en la tercera estancia la luminosidad es una presencia constante: “El primer día” o “Acero y relumbres” son algunas muestras destacadas de esta afirmación. Y ese movimiento ascendente nos remite a otro rasgo que pervive en esta última entrega: la cuestión del libro como viaje, asunto que se clarifica en topónimos concretos y en tiempos reconocibles. Julio César Galán nos lo cuenta en “Agradecimientos y dedicatorias”: “Este poemario es un diario sin más fechas que las de su realización en los años 2003 y 2010, en tres ciudades: Cáceres, Palma de Mallorca y Granada.” Todo este recorrido lejos de mostrar una realidad tal cual, en sí es un acto de afirmación en el que existe un punto de referencia y desde aquí se crean diversos puntos de fuga, algunos de los cuales nos llevan a un hermetismo sugerente (lo de hermetismo lo digo sin ningún menosprecio, todo lo contrario), a una capacidad reflexiva unida a una serie de imágenes florales de gran atracción lectora: “Como si se ultimara/ la negrura y el ruido/ en la savia de los nenúfares/ y las ranas croaran su verdor//porque presienten/ la caída del agua/ y caen más estrellas” (“Nacimientos desde la linde”) o algunas más explícitas como la siguiente: “oye las hojas/de cuando fueron álamos/su corazón aprende/ de las mudanzas: la semilla”. (“Mientras se amaban”). Todas esas vivencias necesitan una catarsis y esa transformación son los poemas, los cuales dan sentido a sus vivencias, formando un ciclo de significación vital. En realidad todos los poemas son un diálogo de opuestos. Todos esos abismos, esas oscilaciones, se resuelven en poemas mediterráneos, anfibios, vitalistas; en versos por donde se entrelaza una naturaleza dionisíaca con la sensualidad femenina y el refugio maternal ante las invasiones del sufrimiento y la enfermedad. Otro poema ejemplar en este sentido es “Réplicas a la derrota”: “cabeza que sazona/en las renuncias en la entrega/cabeza maternal de árbol/brújula de la luz abandonada/aprendo a ligar astros/desde el borde de un corazón/-¿cómo pude buscar/respuestas fuera de tu cuerpo?”.

En la última sección del poemario se solucionan esos ejercicios de fantasía que dan nombre a la primera fase. La recuperación es visible y como consecuencia, la intensidad de la luz y el mar suben. De este manera, se produce un reconocimiento de todo lo necesario, los poemas sueltan lastres, se vuelven más musicales a través de algunas rimas, bellas estructuras paralelísticas e imágenes sensuales. Así, después de los lirios el mar suena como el “Hallelujah” de Jeff Buckley, en una despedida sin nostalgia de los últimos sueños de juventud. En fin, un libro que, como ya han dicho en otro sitio, se define a modo de “una unidad dispuesta para lectores avezados y dispuestos a los nuevos modos.”

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DOS POEMAS DE MÁRGENES

SALA SEIS

ella misma ella misma
parecía la mar
nadar para zambullirse en los ojos
nadar hasta un temor
como a culebras

dejar que el cuerpo ondule
para que ondule el cielo
mi madre vino al cielo a visitarme
que se envaine
de azul el cuerpo y luces y coral
que le puedas decir

por qué piensa en la muerte
cuando tenemos que vivir primero

* * *

el parque se despierta
en mil pupilas
y vence su figura
para mil veces ser
tú o ¿éramos nosotros?
¿todas estas hormigas?

***

la madre subyace debajo de un reptil antediluviano:
el cielo de diciembre
parece cincelada en bronce o piedra en la pequeña sala
seis
quizás recuerde la bici que rompí en el puerto travesuras
de niño mascullaba

TARDE ANFIBIA

mas no habíamos visto tanta luz
y aún no era verano
los granitos de sal
se ampliaban en pirámides
que se salían de color

y daban alba lumbre desde el blanco
tarde anfibia de brillo y más espuma
                por mirar esas aristas de sal
juntamos alba
                su lumbre desde el blanco
tarde anfibia de brillo
y más espuma

por mirarlas con ojos de jilguero
conocimos la calma y el amor

milagro vertical
lo llamaban aquellos hombres
de rostros trasatlánticos
y caballos de mar en velas

***

ya bajo por la rambla de esta isla
bajo entre ramos de flores para enamorados y cíclicas
coronas para muertos
bajo casi rozándome por las baldosas como un buen patinador
entrado en luz
como agarrados por el sol y por esta llovizna de verano

que despeja hospitales
recordando que en julio
te salen flores de albahaca en los dedos

* * *

la marea nos lleva al ahora
         y multiplica la blancura
         en beso y esperanza

quiero verte debajo de este cielo
que nos sujeta y nos asombra
como cuando te conocí
casi niña y nos dábamos al aire

la marea nos lleva al ahora
y quiero que permanezcamos
en silencio extendidos por el sol
como si hubiéramos
rozado alguna vez la edad
del paraíso

 

Publicado el 20/6/2012



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