Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Diego Vaya



Foto de Laura Rosal

Diego Vaya nació en Sevilla en 1980. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Vive de los libros: de los que edita, de los que escribe, pero sobre todo de los que lee.

Ha colaborado con poemas y reseñas de libros en diversos medios culturales, como Papel Literario y las revistas Ánfora Nova, Alhucema, El Libro, Chichimeca y Puerto (Revista de crítica poética), de la que es asesor.

Ha publicado los poemarios Las sombras del agua (Editorial Alhulia, Granada, 2005), Un canto a ras de tierra (La Garúa, Barcelona, 2006, I Premio de Poesía Joven La Garúa) y El libro del viento (Rialp, 2008), con el que obtuvo un accésit en el premio Adonáis 2007.

Diego Vaya ha escogido para esta firma invitada tres poemas de sus libros Un canto a ras de tierra y El libro del viento, junto a un cuarto poema inédito. Reproducimos antes una breve entrevista que hemos mantenido con el poeta.

   

LA ENTREVISTA

Tienes publicados hasta la fecha tres poemarios, casi sin solución de continuidad: Las sombras del agua, Un canto a ras de tierra y El libro del viento. ¿Se podría hablar de una relación genética entre ellos, dado el escaso tiempo que los separa? Háblame un poco de sus vasos (o versos) comunicantes, si los hubiera. ¿Puedes contarme también de futuros proyectos?

Son tres poemarios muy distintos entre sí. Me aburriría si tuviese que escribir dos veces el mismo libro. Rulfo decía que para escribir “se sufre en serio”; estoy de acuerdo con esa afirmación, pero para mí escribir tiene que tener también su parte de juego, de divertimento, y de autocomplacencia, por supuesto. En el plano formal no existe continuidad. Las sombras del agua es un poemario fiel a los metros clásicos, Un canto a ras de tierra está compuesto por textos en prosa sin signos de puntuación, en El libro del viento hay desde versos muy breves hasta versículos. La cuestión está en escribir algo diferente a lo anterior, aunque esto no implica que desaparezcan los puntos de conexión. Evidentemente uno de dejar de ser lo que es en tan poco tiempo. En los poemas de los tres libros, sobre todo en los dos últimos, se repiten algunos elementos, como símbolos (el ciervo, los pájaros), los juegos de palabras, la forma de trabajar el ritmo, las repeticiones, los guiños –ocultos o no– a los clásicos…

En cuanto a los proyectos futuros, la poesía no aparece por ningún sitio. De momento todo lo que tenía que decir lo he dicho –en realidad más de lo que tenía que decir, para mi desgracia–, y para empezar a repetirme, “mejor me callo”. Llevo algo más de un año trabajando en una novela, aunque todavía no me acostumbro. Hablando en términos militares, cuando escribo un poema soy como un francotirador en Stalingrado: paciencia, estar atento, muchos disparos, a veces algún acierto. Pero una novela es como una batalla a campo abierto: requiere más esfuerzo, más constancia, más desgaste. En fin, que si consigo acabarla, aunque sea dentro de 20 ó 30 años, me daré por satisfecho.

En su prólogo a Un canto a ras de tierra, Andrés González Castro hace notar influencias clásicas para tu poesía, especialmente de Ovidio, Catulo y Safo. Esto me parece muy interesante. ¿En qué medida crees que un poeta español de principios del siglo XXI puede repensar los modos grecolatinos, como ha sido tan habitual, por otra parte, a lo largo de nuestra tradición culta?

Andrés es muy generoso al ponerme en contacto con esos autores. Lo que sé de los clásicos grecolatinos y esta atracción por ellos se los debo a Emilio Díaz Rolando y a Ana Pérez Vega. Los autores grecolatinos me interesan porque conocen el alma humana con todos sus matices. Naturalmente, otros autores como Dostoievski, Pérez de Ayala –tan injustamente olvidado– o Miguel Ángel Asturias también. Pero los clásicos grecolatinos me fascinan, porque además de sabios son tan contemporáneos... Prometeo encadenado de Esquilo, por ejemplo, es un texto vivísimo: me parece increíble que hace tantos siglos alguien ya nos hablase de que el hombre con ayuda de la inteligencia es capaz de librarse del miedo divino, de la idea más negativa de Dios. La forma de sentir del ser humano no ha cambiado desde que Esquilo escribiese esa obra. El amor, el odio, los celos, el rencor, la alegría… siempre lo mismo. Por eso un poeta del siglo XXI puede y debe nutrirse con los clásicos. Lo difícil está en decir lo que ellos dijeron de una manera personal; asimilar la tradición y ver si es posible aportarle algo propio que realmente merezca la pena.

En tus poemas en prosa se aprecian notables hallazgos y una dicción muy peculiar, muy personal. En la poética que escribiste para Las afinidades electivas, hablas de una cosa que me parece apasionante: "la exploración de las posibilidades sintácticas", a través de la disposición del orden de las palabras. Me viene a la memoria el Gerardo Diego creacionista, sobre todo algunos de sus experimentos de Biografía incompleta... Me gustaría que te extendieras algo sobre estos asuntos de taller y sintaxis.

El planteamiento de esa “exploración” (aunque esta palabra ahora me parece muy presuntuosa) parte de la relación entre la poesía y los tres planos de la lengua, fonético-fonológico, léxico-semántico y sintáctico-gramatical. Puede que me equivoque, pero tengo la impresión de que los dos primeros son los planos más favorecidos siempre en la poesía. Las Vanguardias ya dieron cuenta de cuánto podía hacerse en el plano fonético-fonológico: Altazor de Huidobro es uno de los ejemplos más vivos. Respecto al léxico-semántico, en mayor o en menor medida es muy común en los poemas de todas las épocas la incorporación de palabras poco usadas o contemporáneas, como últimamente ha sucedido con el campo semántico de las nuevas tecnologías. Sin embargo, el plano sintáctico-gramatical es el menos favorecido de todos. Creo que es el gran caballo de batalla. Y ahí es donde apuntaba cuando escribí esa parte de la poética. En ese momento estaba trabajando la sintaxis, intentando ver hasta dónde es posible tensar el orden de las palabras sin que se pierda el sentido y sin que suene a latinización pura y dura. En los poemas en prosa de Un canto a ras de tierra –no en todos– hay una intención sintáctica: cortes en el discurso, elipsis, acumulación de formas verbales, palabras puestas en un lugar poca habitual de la cadena del lenguaje, aumento de la significatividad por supresión de los signos de puntuación… Pero como he dicho antes, intención, y nada más. Un no sé qué que queda balbuciendo, que dijo San Juan. Nada más. Lo que buscaba se me escapó por completo. Por falta de lecturas, por torpeza, por inexperiencia, por pretensión, por todo esto a la vez. Da igual. Pero ese fracaso es una victoria: me da la oportunidad de seguir trabajando todo aquello. Ahora mismo, y sin dejar de lado la cuestión sintáctica, indago en la gramática.

Volviendo a la citada poética, hablas también de la búsqueda de "un lenguaje poético que acumule significatividad y que se adapte naturalmente a lo que quiero expresar". Otro asunto espinoso es el de la relación entre poesía y pensamiento. ¿Se puede hablar de esas dos parcelas? ¿Dónde te situarías?

Tal vez voy a decir una barbaridad, pero yo no creo que un poema se construya a través de la reflexión, sino que lo fundamental es la intuición. Preciso: la intuición poética, que aúna asociación de ideas, ritmo, significatividad y emotividad. Es obvio que el pensamiento está presente, pero no me parece lo que más peso tenga en la construcción poemática. Las diferencias genéricas están ya obsoletas, pero, por decirlo de alguna manera, un poema muestra un porcentaje más alto de poeticidad que un ensayo. La cita que mencionas hace referencia a que lo que me interesa es crear un lenguaje sintético, que tenga referencias y relaciones (ocultas o visibles), y que sin embargo suene con naturalidad y sea creíble. Toda poesía es ficción, hasta la más biográfica, de ahí mi preocupación por que al lector no le parezca mentira. Si hablas del dolor, y el lector te imagina sentado en un sillón y con el calentador puesto mientras afuera hace frío, es un fracaso. Hay que escribir desde las tripas, y si te desangras no te da tiempo a hacer una reflexión en verso. Vuelvo a donde comencé: más que pensamiento, intuición poética.

Bajemos al mundanal ruido con dos preguntas en una. Cuéntame algo del Diego Vaya editor y de SIM Libros. La segunda curiosidad: un diagnóstico de urgencia de la poesía española actual.

Comencé a editar libros cuando estudiaba en la Universidad. Jaime Galbarro y yo creamos dos colecciones de libros y una revista de crítica poética (http://revistapuerto.blogspot.com/). Ninguna de las dos colecciones sobrevivió a nuestra licenciatura; la revista, en cambio, la seguimos publicando hasta hace poco, cuando dejaron de subvencionarla. SIM/Libros (http://simlibros.wordpress.com/) es nuestro último proyecto editorial. Queremos publicar a jóvenes autores, con tiradas realistas, precios de crisis, venta casi exclusiva a través de Internet, y sin subvenciones ni apadrinamientos de ningún tipo. Nuestro primer título es un poemario, Adolescencia dos: poemas hormonados, de Manuel Arana, que se vende por 5 euros en Comadrejalibros (http://libropoesia.blogspot.com/). El próximo será Binarios, una novela de Nacho Montoto. Y por supuesto aceptamos manuscritos en el correo simlibros@gmail.com. Al margen de SIM/Libros, soy editor de Guadalturia Ediciones (http://www.guadalturia.es), donde publicamos narrativa, clásicos, libros de investigación histórica y educativa, y una colección dedicada a la obra de Nicolás Salas. También tenemos un navegador educativo, con un banco de recursos didácticos en Internet para la E.S.O. (http://www.guadalturia.es/n%40o.html).

En cuanto al diagnóstico de la poesía española actual, creo que el paciente goza de buena salud, aunque no hay que descuidarse. La poesía que se está escribiendo en este momento es, por suerte, muy plural, más quizás que en las décadas anteriores. Surgen continuamente propuestas muy interesantes y distintas, algunas apoyadas por jóvenes editoriales como El cangrejo pistolero (http://www.cangrejopistoleroediciones.com/), donde Nuria Mezquita y Antonio García Villarán publican poemarios en los que se aúnan textos de calidad y ediciones verdaderamente artísticas, cuidadas hasta el más mínimo detalle, libros-objetos que sitúan a esta editorial en primera línea por derecho propio. Me interesan los poetas que se arriesgan –a lo que sea, pero que se arriesgan–, los que me ofrecen algo que aprender, los que buscan, los que se pierden en esa búsqueda, los que escriben con naturalidad; poetas así los hubo antes y los sigue habiendo ahora.

LOS POEMAS

 

DETRÁS de los espejos me he oído llorar Oh padre me pregunto por tu rostro Si soy parte de ti también seré ausencia como tú He buscado en el fondo del espejo allí precisamente donde el azogue se me vuelve azote en la raíz helada de la separación Nosotros tú que no nos conocemos y nos hemos dejado hablando solos

Detrás de los espejos me he oído llorar deshojando el reflejo de mi cuerpo en miles de cuchillos que te nombran (Yo sé que lo partiste tú lo sé y si hubieses estado cuando se hizo añicos sabrías cuánto duele estar clavado al barro)

Con aquellos cristales he escrito esta historia la sangre los pegó y ahora sí y ahora sí que puedo saber lo que me pasa Me ha costado traerte en cada herida y al fin que vaya vaya mercurio por mis venas desangrarme y que ahí estuvieses tú tan cerca y estuvieses a la vez tan lejos Qué otra cosa podía hacer oh padre sino buscar tu filo tus clavos y tu púa Qué otra cosa podía ser oh puadre

(De Un canto a ras de tierra)

TÚ lo escuchas San Juan con tus alas cosidas a mano Estás en tu noche serena en tu celda en tu herida descalzo enhebrando la aguja de tu fe con el hilo de la vida pero el ojo se ciñe a tu noche serena a tu celda a tu herida y no ve más allá del hilo y no deja pasar sino el tiempo de piedra de las cuatro paredes San Juan con tus alas cosidas a mano tú lo escuchas sólo a la luz del día en el suave saltar de las costuras cuando un ciervo te trae en sus pupilas la imagen cristalina del amor

(De Un canto a ras de tierra)

II

Los oigo sobre todo por la noche.
Algunos son de quienes ya no están.
Otros, de quienes hace mucho tiempo
no tenemos noticia.

A veces me parecen tan lejanos
como pequeñas luces en la niebla.
Otras veces, en cambio, los escucho
con toda claridad,
al otro lado de la habitación.

Daría cuanto tengo
para dejar de oírlos.
Para que no vinieran
desde lo que he perdido para siempre.

(De El libro del viento)

HE VISTO A MUCHOS HOMBRES
pasar con sus trineos,
sus rostros abrasados por un sol que no entiende de estaciones
y cae como la nieve, clara, limpia
e implacable. Son hombres
idénticos a mí,
buscan lo mismo que yo busco,
sus sonrisa iguales a las mías
-mostrando tanto como ocultan-,
sus corazones arrasados siempre por la última tormenta.

Los he visto romper el hielo cotidiano y sus rutinas,
despojarse de todo en soledad
y ver su verdadero rostro, caído el gesto
cálido que comparten con los otros
como un retal de tela sujeto a sus cuerpos helados,
abrirse paso a voces, empujarse, y pararse después,
sin querer recordarse de esa forma,
rezar las coordenadas alcanzadas
como súplica o llanto, qué más da,
como suplica o llanto, pero a quién.

Todos exploradores, como yo,
perdidos, como yo,
mirando a los que pasan, como yo,
camino de algún sitio
o de la nada mientras.

(Inédito)

Publicado el 23/1/2009



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