Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
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José Ángel Cilleruelo, Al oeste de Varsovia


Foto de Antonio Arozena

José Ángel Cilleruelo ha ganado recientemente el Premio Málaga de Novela 2008 con su libro Al oeste de Varsovia. Es una noticia que nos llena de satisfacción, no sólo por tratarse de un escritor, poeta y crítico indispensable en la actual literatura española, sino también por sus vínculos históricos con DVD Ediciones, ya que fue el primer codirector de nuestra colección de poesía, junto con Sergio Gaspar. Para la presente firma invitada, José Ángel Cilleruelo nos ha preparado un interesante texto donde reflexiona sobre su novela, y que reproducimos a continuación. Más abajo, el lector encontrará toda la información técnica sobre Al oeste de Varsovia.

SIETE REFLEXIONES DISPERSAS AL OESTE DE VARSOVIA, POR JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO

1.

Cuando conozco el terreno que pisan los personajes de la novela se me hunden los pies en el barro y no consigo escribir con fluidez. Tengo la impresión de que todo es significativo y me pierdo en mi misma mirada. Con Doménica descubrí lo necesario que era liberarme del espacio conocido. Que el espacio narrativo se podía construir con retazos de espacios vividos, pero no con la presión del espacio real. De ahí que Doménica se inventara su país y que Al oeste de Varsovia se fuera a Polonia. Los dos siguientes textos narrativos transcurren en el Berlín Oriental y en China. Cuanto más lejano y desconocido es el espacio donde transcurre la acción, más a gusto me siento: más liberado del lugar.

2.

Alguien me dice que le pasó desapercibido que los personajes de Al oeste de Varsovia estuvieran ordenados alfabéticamente por su nombre: el artificio está pensado a propósito para pasar inadvertido. Otro lector comenta: «¿Cómo te digo a ti qué personajes me han gustado si no soy capaz de recordar el nombre de ninguno?». De hecho, yo tampoco. Este es el juego: los nombres de los personajes no se leen como palabras sino como iconos: la escritura rara de cada nombre le da una imagen que se reconoce pero que no se puede pronunciar, de este modo el artificio de ordenar alfabéticamente los nombres de los personajes es totalmente invisible: resulta difícil verlo por la sencilla razón de que no puede leer los nombres, sólo identificarlos como un icono. De hecho, así es como leemos la novela centroeropea traducida. Y eso es lo que quería hacer. Y así solucionar uno de los dilemas mayores que tiene un poeta que escribe novelas: ponerles nombre a los personajes. En poesía los personajes que protagonizan los poemas no tienen nombre nunca. No es necesario. Les identifican sus sentimientos. En la novela se necesitan nombres: durante mucho tiempo me he preguntado cómo nombrar a los personajes sin que tuvieran nombre. Esta fue una manera de intentarlo.

3.

Otro lector me haces una pregunta de esas que le dejan a uno pensando un rato: «¿Tienen algo que ver Doménica y Al oeste de Varsovia? No se me había ocurrido ni planteármelo. Hay algo evidente, mantenido a propósito, que los emparienta; pero creo que son libros completamente distintos. Yo los veo como dos mundos opuestos. Tal vez porque no era la misma persona quien los escribió: en aquel me sentía feliz escribiendo, en este traté de transfigurar unos sucesos laborales que estuvieron a punto de conducirme a la depresión: creo que este libro me salvó de males mayores. Pero ambos libros, sin embargo, nacen de una misma fuente. Durante dos años estuve escribiendo una novela inspirada en la figura de Miguel Labordeta. No una novela histórica; simplemente quería utilizar algunos de los trazos de su persona para crear un personaje. Era una novela en la que avanzaba lentamente, a veces tardaba una semana en concluir un folio. Y cuando acabé supe que no funcionaba, que me había equivocado desde el principio, que había mirado todo sin perspectiva, demasiado encima de la narración. Que no tenía ritmo, que se perdía en mundos verbales... Inmediatamente después empecé a escribir Doménica, que desde el principio se escribió sola, con rapidez y agilidad. Y en ella decidí colocar todo lo que había aprendido de mi particular versión de Labordeta en un personaje: Laborde (en el nombre quise guardarle algún recuerdo). Cuando acabé esta, regresé al proyecto que había fracasado en la novela sobre Labordeta: hablar de un poeta de vanguardia en un ámbito de provincias, conservador, tradicional... Y cuando estaba pensando cómo escribir esa novela de repente tuve un problema laboral (que en otra época —pensé— se hubiera resuelto con mi cuerpo en el suelo, sobre un charco de sangre). Cuando se plantaron los nazis delante de mí decidí traspasarlos a la novela. Y así empezó a crecer Al oeste de Varsovia.

4.

Una de las cuestiones centrales de mi relación con la literatura es su diálogo con la biografía. Fui discípulo de Pessoa en una edad demasiado tierna para cambiar ahora: detesto la confesión real, la novela biográfica y los contextos conocidos. En uno de mis primeros libros puse dos citas que valen para toda la obra: Diré el que em fuig. No diré res de mi, de Gabriel Ferrater; y De nós mesmos falar não é possível, de Jorge de Sena. Sin embargo, pertenezco —como también lo fue Pessoa— a la estirpe del romanticismo. No comprendo el afán objetivo. La función lírica es la única que justifica para mí la escritura. Este debate enmarca cuanto escribo.

Hay un momento, en el primer capítulo, que las profesoras se van a retrete y consensúan una misma versión de los hechos. El presentador en Almería me llamó la atención sobre esta escena. Entonces me acordé de dónde había salido: en cierta ocasión vi a una familia de mujeres gitanas que estaban hablando sobre algo que había ocurrido: no lo explicaban, lo repetían para memorizarlo tal como la mayor decía que había sido. Fue una experiencia fantástica. Me hubiera encantado poder grabarla. Pero se me quedó en la memoria y salió en este capítulo. Este es, creo, mi tratamiento narrativo de la biografía: siempre indirecto. Siempre como trasunto.

5.

El contraste entre el pasado (de mayor densidad literaria) y el presente (más deshilado) es un elemento estructural de la novela: otra cosa es que me haya equivocado pensándolo así, lo que no descarto tampoco. Una novela es también una serie ordenada de errores y, espero, algún que otro acierto.  De hecho este juego estilístico iba en paralelo al temático: la tragedia del pasado era tan densa como el estilo (y la tercera persona): nazis, invasión, muerte. Y la del presente era tan trivial como el presente (y la primera persona): crisis sentimental, cine porno, aborto... El cruce entre los dos mundo tenía que existir no como una declaración, sino como una impresión. Quise dejarlo en un apunte metaliterario de la escritura novelística: mientras la novela vislumbra algunos vestigios de la historia narrada en el presente —siempre pocos y deshilados—, el resto —los detalles, el ambiente, las conversaciones, los hechos— surge de la escritura, nunca de lo descubierto en la realidad. La historia del pasado crece en la escritura de la protagonista tal como se escriben las novelas; acaso también para lo mismo, para olvidar las pequeñas tragedias cotidianas. Esto es lo que quise hacer. No sé, sin embargo, si lo he conseguido.

Para lograrlo he cruzado dos historias creando paralelismos argumentales, estructurales (linealidad inversa en el pasado —climax al inicio—, linealidad cronológica en el presente —climax al final—), formales (1ª y 3ª personas, nombres de los personajes formando alfabetos) y estilísticos (en el pasado me esforzaba por escribir «en blanco y negro» y en el presente en ese color brillante y sin matices del cine comercial de comedia).

6.

No quería que la historia fuera moralizante: por eso me ha gustado tanto tu formulación de su tema: Los modos de la crueldad son inagotables y los intereses que conducen a ella son siempre espurios (GHB).

7.

Al oeste de Varsovia está compuesta por 35 relatos fundidos en una única trama, pero cada uno tiene su propia estructura, sus personajes, su acción, y sólo tangencialmente depende de los demás para existir. El relato —que es el mejor intérprete de la visión fragmentaria de la modernidad— es el género de nuestra época: su capacidad para multiplicarse en forma de novela, o disminuirse en forma de microrrelato habla de su versatilidad, vitalidad y potencia.

AL OESTE DE VARSOVIA

José Ángel Cilleruelo
Al oeste de Varsovia
IV Premio Málaga de Novela
Fundación José Manuel Lara
Sevilla, 2009
172 págs.

En 1939 dos soldados nazis irrumpen violentamente en la clase de literatura del profesor Cezary Ciéslak, que es ejecutado ante la pasividad del claustro. Tres generaciones después, el rastro de su memoria ha sido borrado por completo. La joven protagonista, recién separada de un nieto del profesor asesinado, se propone esclarecer los detalles de tan extraña desaparición, tal vez para olvidar su propia tragedia. Desafía a las autoridades de la ciudad polaca de Zielona Góra, que no muestran interés por investigar un caso que amenace las relaciones con Alemania en un momento en el que Polonia se prepara para ingresar en la Unión Europea. Con la ayuda de una prostituta, compañera de pensión, y de profesores del centro donde Cezary impartió sus clases, emprende una emocionante búsqueda que alterna el presente de la narración y la evocación de los dramáticos episodios de la invasión nazi. Descubre así vergonzosas complicidades que nadie desea recordar y afronta las contradicciones, tan actuales, en el uso político de la memoria histórica.

José Ángel Cilleruelo (Barcelona, 1960) es escritor y crítico literario. Su obra narrativa está formada por tres novelas: El visir de Abisinia (2001), Trasto (2004) y Doménica (2007); tres recopilaciones de relatos: Ciudades y mentiras (1998), Cielo y sombras (2000) y De los tranvías (2001), y un libro sobre Lisboa donde se intercala prosa, ensayo y verso: Barrio Alto (1997). Su obra poética hasta 1988 se reúne en el volumen El don impuro (1989). Después ha publicado Maleza (1995), Salobre (1999), Formas débiles (2004), Frágiles (2006) y la selección Domicilios (Antología, 1983-2004) (2005). Es autor de sendas guías artísticas de Barcelona (1992) y de Cataluña (1994) y de un pequeño ensayo sobre Picasso, Imágenes de Barcelona (1998).

El blog de José Ángel Cilleruelo: http://elvisirdeabisinia.blogspot.com

Publicado el 27/6/2009



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