DVD Ediciones.com en el centenario de Álvaro Cunqueiro
Coordinan Ángel Cerviño y Juan Manuel Macías


Xosé María Álvarez Cáccamo


UNA DENSA MINIATURA SIMBÓLICA.

Desde las alturas de la Oficina Lírica do Este Gallego, que dirigía en Mondoñedo el joven escritor Álvaro Cunqueiro, se adivinaba el mar lejano, que bramaba contra las arenas, en el extremo de los caminos del norte. La juvenil factoría literaria mindoniense era “una brújula, una luz verde, un trozo de espejo”. Así que dotaba a sus socios, Aquilino Iglesia Alvariño, Vidarte, De la Fuente, Díaz Jácome y Cunqueiro, entre otros poetas de comienzos de los años 30, de aparatos para una cabal orientación por los itinerarios de la visión simbólica, luminosa y especular. Siendo niño y en el curso de habituales desplazamientos familiares entre la casa natal de Mondoñedo y la de los abuelos, situada en Riotorto, Álvaro podía “ver el mar en los claros días de junio” desde el alto de A Cruz da Cancela. Era el Cantábrico, ese mar del Norte “que ronca fuertemente y el ronquido, en los días más crudos, llega a Mondoñedo como quejido de lobo primerizo”. Océano bravo, adivinado, vislumbrado, presentido en la distancia como un rumor cóncavo y lejano, el de las olas violentas que golpean contra los acantilados para ir construyendo a lo largo de las estaciones del tiempo geológico el lecho fabuloso de los arenales de la Mariña luguesa, entre O Vicedo y Ribadeo.

Ese referente natural de la experiencia de Álvaro Cunqueiro conforma sólo una línea esencial de la memoria, un eco remoto para los ámbitos marítimos de su primer libro, Mar ao Norde, que elabora estancias de mar adolescente, “seco de serenidades, / azul, / rosa, /lirio”, un mar de ritmos plácidos y lentas mareas mediterráneas, propicias para el diseño del estado de transparencia y plenitud que el poeta sueña en sus versos. La publicidad de la editorial Nós anunciaba en 1932 su volumen LI como un “manojo de poemas robados de un mar inventado por el autor”. La substancia marítima del libro era, como la protagonista femenina de aquellas mismas páginas, una “invención de las cosas”. Con todo, y aunque poco se añada a una lectura interpretativa de esta primera entrega de Álvaro Cunqueiro, podemos permitirnos la licencia imaginativa de intuir algún encuentro en la costa de la villa de Foz, sobre las arenas lentas de la desembocadura del Masma -que al poeta le recordaba la del río Avon, patria de Shakespeare- entre el escritor joven y la muchacha del amor primero, a quien evoca así:

Luz mojada le llegaba del mar.
Qué claro el tiempo
pra verla en la playa
con presencia de cosa!
Qué sencillo el atardecer
para besarla en el pelo
con caricia animal y pura!
Luz mojada de sus ojos
llevaba el mar!

Pues, aunque el libro cultiva el campo de la inmediata tradición vanguardista -de un vangardismo ecléctico, no obediente a fórmulas estrictas de escuela-, no comprime la óptica de la visión ni el formato expresivo en las coordenadas de la inmanencia semántica, aquella voluntariosa -y pocas veces resuelta, como es natural- perspectiva del creacionismo desde la que se proscribía la manifestación de la experiencia sentimental y se propugnaba la floración del significado poético sin mediación de savias nutricias de origen externo, vivencial o biográfico. El artificio de la imagen autónoma en Mar ao Norde no parece recurso de ocultación de la materia pretextual, de la memoria vivida, sino instrumento metamórfico, simbolizador. Creo que Cunqueiro, como Manuel Antonio y otros grandes poetas de las vanguardias universales, consigue equilibrar en el poema el sustrato de la emotividad con las fórmulas de distanciamiento escultural de la poesía pura o del creacionismo inmanentista. Mar ao Norde habla una lengua compleja, por momentos oscura, enigmática, pero -contra lo que algunos críticos han dictaminado- no se entrega en dedicación exclusiva a los juegos del hermetismo gratuito, de la abstracción deshumanizadora. Un dato de entidad paratextual colabora a confirmar esta lectura: en un ejemplar de la 1ª edición de Mar ao Norde que fue propiedad de Xosé María Álvarez Blázquez y hoy vive en mi biblioteca, figura esta dedicatoria autógrafa: “Os primeiros versos: eu estreaba un corazón novo do trinque. Cunqueiro. En el motor de ese corazón en estado de estreno juvenil laten los ritmos de una afectividad difícilmente disimulable y los ámbitos del escenario natural, las atmósferas de la luz, el gozo del instante de plenitud y la tristeza de ausencia vibran alrededor de una figura de mujer, real, deseada o soñada, que se nos presenta en perfil de existencia verosímil.

En sus días de formación universitaria en Santiago de Compostela, que comienzan en el curso 1927-28, Cunqueiro, según declaraciones propias, lee poesía de Villon, Góngora, Rilke, Machado, Valery, Juan Ramón Jiménez, Breton, Paul Eluard, Max Jacob, Salinas, Guillén, Lorca, Alberti... Nutre, pues, la base de su poética con alimentos de diversa tradición, pero en la nómina anterior destaca una línea que nace en Valery y llega, en parte a través de Juan Ramón Jiménez, a los poetas de la generación del 27, principalmente Guillén y a las primeras manifestaciones de Salinas, Lorca y Alberti, las de la poesía pura. Otro rumbo, el del surrealismo, que aportará su visión onírica a la imaginería quebrada del segundo libro, Poemas de do si e do non (1933), procede de Breton, Max Jacob y Paul Eluard. Se pueden localizar restos del depósito gongorino entre los versos de Cunqueiro esparcidos aquí y allá a lo largo de toda su obra y ya en Mar ao Norde. El gongorismo fue también preferencia (y reivindicación) de estética colectiva entre los poetas del 27, que, como Cunqueiro, optaron por las fórmulas de la imagen compleja y culta, en equilibrio con las soluciones de cerne popular y neopopularista. El sustrato de Villon conversa, precisamente, con las fuentes medievales y populares del cancionero gallego portugués, que el joven poeta frecuentaba también en sus tiempos de formación y que constituirían el fondo pretextual de Cantiga nova que se chama Riveira (1933) y Dona do corpo delgado (1950). Pero en Mar ao Norde resulta más evidente la herencia de Manuel Antonio (“fui fiel al poeta de Rianxo, a su sueño, a la inmensa melancolía, a la grave voz, al naufragio antiguo”) que la de muchos de los poetas citados y, en todo caso, la Poética inicial de Álvaro Cunqueiro es el resultado de una elección personal y singular, aunque inevitablemente labrada sobre el sustrato heterogéneo de las primeras lecturas. La prospección arqueológica de las señales de identidad que un poeta hereda de su fondo formativo es dificultosa y arriesgada labor de sonda cuyos resultados no aportan certeza absoluta. Conformémonos, en el caso que nos ocupa, con seleccionar un territorio de indecisas fronteras que abarca algunos de los discursos de las vanguardias, preferentemente el del creacionismo, en diálogo con la tradición de la llamada poesía pura. Pero Mar ao Norde es, sobre todo y a pesar de a la juventud de su autor, obra cabal de uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, Álvaro Cunqueiro, quien, en su primer libro, fue capaz de transformar en voz propia los ecos del aprendizaje.

Esta voz declara ya en los versos iniciales el sueño y la voluntad de un estado de luminosa serenidad que conformará la tonalidad dominante del libro, fortalecida en el contraste con la sombría desazón de la ausencia, identificable con el abandono y el desamor. Los arquetipos de SOL y SOMBRA desarrollan atributos simbólicos que representan, respectivamente, lo intacto, la inocencia, la pureza desnuda, frente a la amenaza de presencias turbias, oscuras, estáticas, tibias. Se anuncia la búsqueda del “estado de transparencia” que se desarrollará en libros posteriores, apresado en luz de vidrio, repetido en eco de cristal, enmarcado en las ventanas:

También el mar, hoy,

tiene el alma llena de madurez.
Se le oye la adolescencia
en el vidrio del aire
llena de trozos de vísperas
y de intactas navegaciones oscuras -.

La vivencia de la plenitud existencial, no pronunciada con timbres de exaltación hímnica sino en acentos de serena certeza, se produce en el ámbito temporal de la hora mágica, del instante de la quietud perfecta, en el “punto”, cronotopo mínimo del aquí y el ahora, lugar y momento del éxtasis :

Este es el punto mismo.
Aquí
entre la cuerda rota
e inmóvil de las horas -
se para
cristalina
la rueda de la noche.

En la “mar alta” navega una lancha que promueve el “gozo de clara visión”. Adopta la embarcación los atributos de la exactitud circular, de la imagen instantánea y perfecta, de la rotundidad “intacta y clásica”. En otro poema, el salto de la luz perfila el círculo de la “hora entera”, centro donde la mujer destinataria del enamoramiento del poeta se funde con su propia imagen en el espejo.

La lancha que se siente pasar cómo “un cosquilleo tibio” había anticipado su presencia a modo de paño sobre lo que se perfilan las sombras de las gaviotas. Un uso moderado de la perspectiva visual, que diseña con precisión el perfil de los objetos y los sitúa en el primer plano del poema, anuncia en Mar ao Norde el empleo de los procedimientos objetualizadores, que será más efectivo y abundante en Poemas do si e do non. Son recursos de cosificación no degradante, prodigios metamórficos que no conducen a la deshumanización de la realidad natural sino que proceden de una mirada de raíz visionaria, productora de imágenes de entidad escultórica cercadas por un perímetro de fantástica luz de exactitud, del linaje metafísico de Giorgio de Chirico:

¡Qué claro el tiempo
para verla en la playa
con presencia de cosa!

La mirada objetualizadora aporta también el matiz sentimental, otorga calidades de inocencia y ternura al retrato de la mujer deseada, volumen infantil de juguete. Ella aparece desnuda, inocente, singular como una isla en su esencial esfericidad: “Isla: hueco insumiso / infantil juego...”. En los dos primeros capítulos del libro, porto y mar outa, se va mostrando el proceso que avanza desde la contemplación del cuerpo femenino a la fusión en el beso, presentida en el rumor de adolescencia que trae el mar. Pero la experiencia turbadora de la pleamar erótica se resuelve en “pleno oscuro”, en ausencia, en soledad, en ruptura de la “sencillez creciente”. En illa se recupera la vivencia del estado de plenitud contemplativa que va progresando, una vez más, hacia el contacto de los cuerpos en la “caricia animal y pura”, síntesis de la emotividad inocente y la pulsión erótica. Las cinco ventanas que abren el libro con símbolos de luminosa y prometedora transparencia lo cierran en el poema 2 de terra adrento con “congojas de claro- oscuro”, con dudas e incertidumbres relativas tanto a la experiencia del enamoramiento vivido (y tal vez actuante en el momento de la escritura del libro) como al sentido del propio discurso poemático que concluye en estos versos:

No sé si hoy la ventana
-congojas de claro- oscuro
con afán de cristalidad -
es la tarde: ni si son de la tarde o la ventana
estas canciones silentes
de soledad.

Mar ao Norde diseña así una perfecta figura de circularidad que fortalece la rigurosa estructura del alegórico periplo amoroso. El cristal del amanecer transparente (“Cinco ventanas colgadas / de la misma alba rosa...”), a través del que accedemos a la página primera del libro, se empaña en el vidrio de una tarde final habitada por la sombra de la soledad.

Fantástico viaje sentimental e imaginativo, enigmática y compleja declaración de emoción erótica, contemplativa y dinámica, densa mirada simbolizadora en fórmula de precisa miniatura, atrevida y consistente propuesta de visión renovadora, Mar ao Norde estrena una espléndida voz de juventud que asienta los fundamentos de una de las poéticas universales más creativas y trascendentes del siglo XX, la de Álvaro Cunqueiro, quien además fue grandísimo dramaturgo, genial articulista y narrador decisivo para el sistema literario gallego y, en castellano, para todo el ámbito hispánico.

XOSÉ MARÍA ÁLVAREZ CÁCCAMO

Epílogo de Mar ao Norde / Mar al Norte, de Álvaro Cunqueiro (Alento, 2011)

 

Publicado el 6/1/2012

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