DVD Ediciones.com en el centenario de Álvaro Cunqueiro
Coordinan Ángel Cerviño y Juan Manuel Macías


Nembrot (un fragmento)
José María Pérez Álvarez

Con un fragmento de Nembrot, novela imprescindible  de José María Pérez Álvarez, publicada en DVD Ediciones, llegamos al final de este homenaje a Álvaro Cunqueiro. Homenaje que comenzó a finales del año pasado, con la excusa del centenario del nacimiento del poeta y escritor mindoniense, y que termina ya en febrero de 2012, con el encanto de lo anacrónico. Desde DVD Ediciones.com queremos agradecer a todos los que han participado en este ciclo de colaboraciones.


Algo barruntaba —dijo Osozvi—. Permítanme proponer mi tesis acerca de Mondoñedo; no la divulguen, por favor. Mondoñedo, como los miércoles, no existe. Es una invención de Cunqueiro, sus habitantes son personajes de ficción. Formulada de otro modo: Álvaro Cunqueiro escribe e inventa un mundo al que llama Mondoñedo y nombra sus alrededores, sus calles, sus plazas. Nombra, y al nombrar crea, el asilo de san Miguel, os Castelos, Furado dos Cas, Masma, Tronceda, Valiñadares, Montedarca, la malataría, rúa Pardo de Cela, en fin, arbitra una toponimia. ¿Qué hace a continuación? Lo que hizo Dios: poblar de personajes ese espacio narrativo. El ejemplo clásico es Manuel Montero, el Mago Merlín. ¿Lo conocen? ¿No? Después iremos a visitarlo. Yo mismo soy un personaje de Cunqueiro. Como la catedral. O como ustedes dos.

Pues a mí me parece que yo existo, que Mondoñedo existe. Que este licor café y Horacio miró por la ventana— la lluvia que caía hace unos minutos era real. ¿No habrá abusado usted del alcohol?

El alcohol abusa de mí. No sea incrédulo. Claro que nosotros tres y Mondoñedo existimos. Pero existimos aquí y ahora. ¿Por qué? Porque en algún lugar de este mundo que dicen redondo, aunque yo lo intuyo poliédrico, hay una, dos, cien o mil personas que están leyendo algún libro de Álvaro, ¿entienden? El día en que en todas las caras del planeta no haya ningún lector de Cunqueiro, Mondoñedo y sus habitantes desaparecerán, se esfumarán, humo que el viento dispersa. No quedará ni un edificio ni una persona ni una maldita tarta. Ningún rastro permitirá deducir que aquí se asentó Mondoñedo. Claro que dijo Osozvi apoyándose en el respaldo— resulta poco menos que imposible que no haya nadie que lea a Cunqueiro, que no recuerde un poema suyo. Confío en que siempre exista un lector que nos exima del no ser, de la nada. Por si acaso, yo todas las mañanas releo un capítulo de sus obras. Y se confirma mi teoría cuando se celebran cursos, aniversarios, homenajes, simposios acerca de Cunqueiro: el pueblo cobra vida. Pero cuando se lee poco, como hoy, Mondoñedo se difumina en la niebla, en un tris de desaparecer. Tengo un amigo mindoniense afincado en Oviedo al que le causó tal estupor mi teoría que escribe un artículo diario citando a Álvaro Cunqueiro para que esta ciudad perviva. Por eso a los viajeros a veces les resulta dificultoso dar con este sitio: coincide con instantes en que apenas uno o dos ángeles salvadores investigan las páginas del escritor. La verdad, señores, es que corremos un inminente peligro de extinción. —"Sí, pero no sólo por avatares literarios", se quejó Bralt—. Yo ando con un folio mecanografiado con unas líneas de don Álvaro en el bolsillo y si presiento que Mondoñedo está desdibujándose, lo saco y lo leo una y otra vez hasta que consolido sus contornos. No pocas veces fui el justo por el que esta ciudad se salvó —dijo el sodomindoniense.

Nembrot, José María Pérez Ávarez, DVD Ediciones, 2004

Publicado el 11/2/2012

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