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La adoración de Juan Andrés García Román se presentó en Madrid y en Granada

 
La adoración, el último libro de poesía de Juan Andrés García Román, fue presentado los pasados 30 de noviembre y 15 de diciembre, en la libraría Rafael Alberti de Madrid y la librería Babel de Granada, respectivamente. La presentación de Madrid corrió a cargo de Luis Muñoz y Rafael Espejo. En Granada, Juan Andrés García Román estuvo acompañado por Pepa Merlo y Sergio Gaspar, director de DVD Ediciones.

Reproducimos a continuación el texto leído por Rafael Espejo, durante el acto celebrado en la libraría Rafael Alberti.

PRESENTACIÓN DE LA ADORACIÓN, POR RAFAEL ESPEJO

Me abre un joven hermoso como un gato que se lame las solapas de la chaqueta y se atusa el flequillo antes de sostener una botella de espirituoso.” Buenas noches, quería empezar con una cita para contextualizar. Porque cuando todavía se expande el eco de El fósforo astillado, una de las grandes y auténticas revelaciones de los últimos años en poesía, regresa el mundo fabuloso de Juan Andrés García Román con una novela en verso, o un poemario en prosa, que confirma definitivamente una voz exigente y ambiciosa y singular, una voz a prueba de modas, una voz capaz de hacer arpegios con notas de todas las tradiciones y todas las disciplinas: del surrealismo a la poesía social, de la música al cine, de la fe al ecologismo, de la confesión al relato fantástico, etc. Una poética total que vuelve ahora con aspecto de narración, digamos una poética polimórfica, que es la aspiración mayor de todo poeta: convertir un tono en sello de autor por encima de las naturalezas de sus obras. Y así, en La adoraciónsus fans encontraremos infinitos nuevos ejemplos –y me quedo corto cuando digo infinitos- de esa delirante sensibilidad made in García Román.

Pero antes de entrar al libro me gustaría apuntar todavía una cosa: cuando escribe, Juan Andrés exige atención extrema al lenguaje, a nosotros y a sí mismo, lo que equivale a decir que cuando escribe excita nuestra complicidad intelectual y emocional hasta el detalle mínimo para que lo acompañemos en sus odiseas privadas. De manera que si en El fósforo astillado nos invitaba a la búsqueda del poema soñado, en La adoración nos propone una andanza más épica aún: morir de belleza (una vez concluido aquel sueño). En el poema pórtico al cuento maravilloso que viene después, leemos esto: “si algo nos dolía o hacía mucho daño / procurábamos siempre aun así sonreír”. Y de eso exactamente se trata, según comprobaremos en seguida al leerlo. No hay complacencia, pues, en su propuesta, antes al contrario: una honestidad poco frecuente para un escritor de ficción. Porque, habrá que ir diciéndolo ya, La adoración es una autobiografía en clave de ciencia ficción. Sospechosamente el protagonista, Expósito, es huérfano de padre, como Juan Andrés. Sospechosamente ambos vienen de una profunda ruptura sentimental. Sospechosamente Expósito nació el mismo día que Juan Andrés y usa las mismas gafas. Sospechosamente el pequeño sherpa que lo guía en su peregrinaje se llama, como debieron de llamarlo a él de pequeño, niño Juan. Y sospechosamente etcétera. Ni de lejos hablo de exhibicionismo, sino de una honestidad, de una inteligencia y de un amor propio de verdad admirables: convertir su biografía en ficción para poder convivir con ella, o para poder al menos soportarla.


Juan Andrés García Román (Librería Rafael Alberti, Madrid)

Tenemos pues a Expósito desposeído y errante, una especie de Adán sin Eva desterrado de un paraíso que ya no existe por más que insista en buscarlo. Cito: “De repente, me vino nítida tu imagen: estábamos en tu cuarto, eran los últimos días y yo me había vuelto un diletante necio y sin corazón, una enciclopedia que se ha hecho pipí, un experto en lugar de un amante.” Pues bien, si ella, la ausencia de ella (a quien dirige toda la narración), es el origen del libro, la culpa por la pérdida de ese amor será el motor que lo mueva a un peregrinaje mucho más complejo y complicado de lo que quizá imaginaba (como ha de ocurrir, supongo, cuando uno pretende morir de belleza). Rumbo pues a una adoración penitente, Expósito va haciéndose acompañar por cuanto personaje pintoresco o criatura fantástica se encuentra al paso: un niño astrólogo, un antropólogo marxista, un profeta platónico, un cortesano con palmatoria en vez de mano, balleneros de zeppelines, un extranjero que se masturba adivinando las formas de las nubes, un funcionario que lleva zapatos mayores a los de su número para pisar más cucarachas, una tortuga que tiene una máscara por caparazón y recorre el planeta retando al sol, niños que maquillan setas con pintalabios, un monje que detiene con la mano tres cerezas lanzadas, un empresario que en lugar de corbata lleva la trenza de su hija menor, un lirón con una lira, un gato con cuernecillos de rinoceronte, un gigante que tiene tejas en lugar de pelo, etc. Se forma así una comitiva de seres desamparados, todos huérfanos, que siguen a Expósito rumbo a La Adoración, que será el nombre con que se bautice el kibbutz que fundan una vez asentados en los valles del Espíritu. Pero cuando se reúne en comunidad tan amplia gama de personalidades puede suceder lo que de hecho sucede: la esperanza de refundición de la humanidad acaba deviniendo en una nueva Babel, como comprobaréis al leer el libro.

A mí, más que las espirales de la trama y más que la teatralidad estética de sus personajes, aun constituyendo ambos casos ejemplos de maestría de oficio y exquisitez, me ha parecido que el verdadero ánimo del libro reside en la mirada infantil con que Juan Andrés, caracterizado del personaje de turno, transforma en fantasía la cruda realidad. Porque Expósito, según él mismo reconoce en algún momento, se siente expulsado tanto del amor como de la infancia. Y es entonces el olvido de esas maneras de sentir la realidad (o mejor: de ser la realidad) contra lo que lucha el protagonista desde su doble condición de personaje y narrador. Como personaje emprende, ciego de fe, esa especie de ruta santa, que queda distorsionada -e incluso reducida al esperpento- por la imaginación indómita del narrador. Y si el personaje se pone crepuscular, el narrador lo asiste de inmediato con su ánimo irónico y celebratorio, resultando del dueto una media encantadoramente romántica. El humor es quizá el único bálsamo capaz de aliviar el desconsuelo de quien no acaba de encajar sus consabidas tragedias interiores: la pérdida de la infancia, del padre y de la amada. Así, por ejemplo, cuando Expósito se topa con una máquina tragaperras y activa porque sí la manivela ve cómo giran las tres ruletas que se detienen respectivamente en “una campana- una cereza- una foto carnet de su padre”. No he tenido que buscar demasiado para encontrar un ejemplo de arrojo y maravilla. Porque la prosa de Juan Andrés constituye una auténtica exhibición de ingenio escapista, ante la que uno tiene la sensación de estar leyendo no sólo un cuento de hadas, sino un cuento de hadas hilvanado -idea tras idea- por una preciosa concatenación de aforismos, a cual más brillante: pedrería de alto diseño. Es algo que ya probó con fortuna en El fósforo astillado como acotaciones a los poemas, y que ahora ha encontrado su propio lugar dentro del discurso.

Pero me temo que tendré que ir acabando dejándome casi todo por decir. La adoración es un libro de tan extrañas texturas y con tantos estratos de significación que es imposible abordarlo sin notas a pie de página que hablen sobre la dimensión de su conciencia ecologista, sociológica, mística, filosófica, lingüística, antropológica, romántica, ontológica, fabulística y, en fin, no es esta la ocasión. Lo que nos ha reunido hoy aquí es el deseo de asistir a un bautizo que yo pronostico memorable. Porque si él está de enhorabuena, nosotros no lo estamos menos. Enhorabuena, pues, a todos por La Adoración. Dicho lo cual os dejo, en vivo y en directo, con el hacedor.

Rafael Espejo

Librería Alberti, Madrid, 30 de noviembre de 2011


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LA ADORACIÓN EN GRANADA (FOTOS Y VÍDEO)


Sergio Gaspar, Pepa Merlo, Juan Andrés García Román (Librería Babel, Granada. Foto:
Isa Mochón)


Juan Andrés García Román
(Librería Babel, Granada. Foto: Isa Mochón)



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RECITAL DE POESÍA DE SERGIO GASPAR EN GRANADA


Publicado el 11/1/2012

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