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Olga Bernad publica El mar del otro lado

                                                    

La poeta y escritora zaragozana Olga Bernad ha publicado recientemente El mar del otro lado, en la colección Inklings de la editorial Isla de Siltolá. Reproducimos a continuación una charla que mantuvo la autora con Juan manuel Macías y siete poemas del libro.

CHARLA DE OLGA BERNAD CON JUAN MANUEL MACÍAS

J.M. -- El mar del otro lado (Siltolá, 2012) recoge poemas de tus dos anteriores poemarios publicados (Caricias perplejas y Nostalgia armada), junto a una recensión de artículos y reseñas que han ido apareciendo en distintos medios sobre ambos títulos, más un ramo de poemas inéditos. Creo que es un buen punto de partida para quien quiera acercarse a tu poesía. Pero háblame de lo que supone este nuevo título en tu personal historia poética, qué criterios de selección has seguido para darle una forma, qué lo mantiene unido como libro.

O. -- Algo de esto explico en la breve nota que encabeza el libro. La colección Inklings nació con esa idea de reunión que le da nombre y que rememora las tertulias de aquellos autores ingleses que, entre los años treinta y sesenta del pasado siglo, se reunían en el University College de Oxford para leer cada uno sus composiciones, las cuales eran después comentadas por los otros.

Cuando Javier Sánchez Menéndez me propuso formar parte de esta colección, aún no se había comenzado. Hablamos de un volumen que incluyese trayectoria personal, crítica y opinión. Pero yo fui reacia a escribir textos de carácter teórico y, poco a poco, se fue creando un proyecto que incluía dos partes claramente diferenciadas. Sextante, con una selección de poemas de libros anteriores y Mirafondo, que englobaba nuevos poemas, algunos de ellos tal vez pertenecientes a un futuro libro. La primera parte, siendo fieles a la idea de reunión que esta colección implica, incluye también textos de otros autores, textos que formaron parte de la recepción de los anteriores poemarios y que ahora los acompañan en esta publicación.

En total son cincuenta y dos poemas que cubren toda mi trayectoria en esta aventura de la poesía.


Presentación en La Casa del libro de Sevilla el 22 de marzo junto a Versión original
de Antón Castro. Presentador: Antonio Rivero Taravillo

J.M. -- Me parece, desde luego, muy interesante (y novedoso) incorporar la literatura crítica a un libro de poesía, sin que éste resulte una «edición crítica» al uso, tal y como la conocemos en el ámbito filológico. Veo que en tu libro se establece un diálogo implícito entre las distintas reseñas y tus poemas, con un gran abanico de matices y lecturas, donde cada lector incorporará su propia lectura y «recensión». Hablando de esto, y ya que tú también escribes reseñas en El Heraldo de Aragón, la revista Isla de Siltolá y otros medios ¿Cuál es tu opinión sobre el papel que juega hoy en día la crítica literaria?

O. -- La crítica literaria supone un análisis en tiempo real; es decir, frente a la historia de la literatura donde caminamos sobre hechos evidentes, sobre textos que han superado la prueba del tiempo, la crítica se enfrenta a la novedad y debe transmitir una opinión supuestamente especializada al público. Hay, evidentemente, muchas maneras de ejercerla. Las limitaciones del formato desde donde se realice esa crítica hacen que, en ocasiones, debamos elegir entre practicar un análisis exhaustivo o comunicar una impresión que de pie al lector a acercarse a una obra determinada. Esta segunda opción es la que yo elijo cuando abordo la escritura de una reseña, teniendo en cuenta que lo hago para un periódico donde también la cuestión meramente informativa es esencial. Procuro abrir puertas y, luego, que sea el lector quien entre o no en el juego. En la revista Siltolá, donde la extensión es un poco más libre y no hay esa sensación de inmediatez, puedo hacer una lectura más profunda.

En el mar hay una parte de “diálogo” entre los primeros poemas y algunos de sus lectores. Se han elegido textos que analizan desde un punto de vista más filológico y otros que nos presentan una sensación subjetiva. Estos textos conversarán también con los nuevos lectores. En cualquier caso, yo creo que cada lector es dueño de una gran verdad y esa conversación no es más que la muestra de un diálogo que puede ser interminable y al que no siempre asistiremos. Una “curiosidad” editorial añadida a los poemas, debido a la especial naturaleza de esta colección y de este libro.

J.M.- Hace tiempo, contestando a un comentario mío en tu blog, me dijiste una cosa que me gustó mucho. Me dijiste (invoco a la memoria) que definir la poesía es como ponerle un final a la poesía. Tremendo. Yo creo que definir es poner vallas, pero estamos condenados siempre a quedarnos fuera de la finca. ¿Qué opinas de todo esto?

O. -- Toda definición pretende delimitar la realidad (algo muy conveniente para entender el mundo y tal vez sentir un cierto espejismo de seguridad) y también aspira a dotar de un contenido más o menos concluyente a esa parcelación. Necesitamos fraccionar la realidad y atarla a unas cuantas palabras y a su significado. Pero la poesía no es una realidad manejable, no se deja domesticar ni por la historia, ni por la tradición ni por la modernidad. Pese a todo, está viva y sigue siendo misteriosa. De todas formas, quien quiera definirla, que lo intente. No tengo nada en contra. Hace poco tiempo comencé a leer a un autor ya medio olvidado y al que yo apenas conocía: José Luis Hidalgo (del que DVD publicó precisamente sus obras completas en el año 2000, con un excelente prólogo de Juan Antonio González Fuentes). Dos de sus versos dicen: “Soy el poeta. Me pregunto:/¿qué es lo que anoche sentí arder?” Imagino que quien pretenda definir la poesía se creerá capacitado para responderle. Yo, no. Creo que el poeta “hace” poesía, las definiciones son para los que hacen, si acaso, libros de texto. Puede tener un cierto fin didáctico; sin embargo, si nos ponemos a pensar un poco más profundamente, vemos que la poesía está mucho más allá. Cuanto más queremos definirla más se nos escapa y más vallas deberemos saltar para alcanzarla. Yo a lo que aspiro es a sentirla alguna vez, con el corazón y con la cabeza pero, a ser posible, sin aspavientos y sin meterme en lo que no me importa.


Presentación en Fnac Zaragoza el 24 de mayo. 
Con la colaboración de Antón Castro, Mariano Ibeas y el grupo María Confussion

J.M.- Dices en la poética que encabeza tu libro: «pueden concebirse normas que engrosen las doctrinas, pautas filológicas, corales o sectarias, que intenten asignar un contenido preciso a esa intuición, pero íntimamente sabemos lo que nos gusta.» Me parecen muy saludables y sensatas palabras ¿No crees que hay, últimamente, cierto reparo a expresar esa relación pasional entre lector y poema? ¿Acaso hay mejor relación que esa?

O. -- No lo sé. A mí no me da reparo, pero no estoy segura de que sea una muestra de sensatez. Tal vez lo sea de todo lo contrario.

J.M.- Me gustaría terminar con un bello verso de tu poema «Mira», que Antonio Rivero Taravillo subrayaba tiempo atrás en su blog: «te miraré algún día que hoy recuerdo». Veo El mar del otro lado como un hito en el camino desde donde miras (y nos haces mirar) con calma tu poesía en el pasado y en el futuro. ¿Qué hay de ese futuro? Proyectos, libros, versos y prosas por venir... Lo que quieras contar o que recuerdes.

O. – Bueno, la verdad es que esta es para mí una época llena de proyectos, pero esos proyectos tienen mucho que ver con el pasado y algo con el futuro. Uno siembra durante mucho tiempo y luego aparecen (con suerte) breves tiempos de cosecha. Después del verano sale en la colección Álogos de Siltolá una recopilación de las prosas aparecidas en mi blog durante los últimos cuatro años que llevará por título el de una de las entradas: “Algunos cisnes negros”.

Aproximadamente para principios de 2013 se publicará también mi segunda novela: “El buen amor”, una novela corta que escribí hace más de diez años y que recuperé el verano pasado. Fue finalista del premio internacional Ciudad de Barbastro y ahora va a publicarse con la editorial Nuevos Rumbos.

Por otra parte, sin ninguna prisa, continuaré el proyecto que se vislumbra en la última parte de “El mar del otro lado”, pero no sé cuándo estará terminado. Creo que se titulará “La vida extrema”, y la idea es que “El mar del otro lado” quede como una especie de antología de los dos poemarios anteriores y de éste futuro.


***

7 POEMAS DE EL MAR DEL OTRO LADO

TODO

Sé desde hace algún tiempo
que ya nada sería suficiente,
salvo absolutamente todo.
Y no sé qué es todo,
no sabría pedirlo ni explicarlo,
no sabría tal vez reconocerlo.
Pero lo quiero todo.
Y no sé si sería suficiente.

MILICIANA

Voy a quemar el pueblo y sus iglesias.
Voy a descerrajar todas las casas,
los cofres, las malditas celosías
por donde llueve luz sobre las celdas.
Y voy a ajusticiar a los soldados:
los pondré de rodillas y de bruces,
los amaré hasta que se acabe el día
y les haré creer nuevas mentiras.

ESPÍRITUS DEL VINO

Melancolía alcohólica de nueva madrugada,
acerada en su fragua de licores.
Un espíritu lento siento alzarse
mientras el mundo gira más que nunca
y olvida las renuncias, suspendiéndolas
de la frágil cordura evaporada.
La larga caravana del arrepentimiento
se ha detenido ahora bajo el cielo.
Reina la luna en el desierto grave:
la noche se ha encantado,
marca su territorio con estrellas,
hogueras vivas, altas y felices.
Por el caliente aliento del verano,
la irrealidad afina sus contornos.

Una parte de mí salió volando,
-rápida como un pájaro-
sedienta como siempre pero alegre,
con su porción de eternidad en las alas.
En los ojos la luz del vino oscuro,
la turbia niebla sobre la conciencia;
decir entonces sí, te amo entonces,
puedo besar los labios que no importan.
En la noche encantada, los arqueros
tienen también el brillo inmaculado,
incauto y misterioso de las presas.

Abre la puerta azul del cuarto negro,
ven conmigo al deseo y después deja
que a todos nos absuelva su inocencia.

PERROS DE NOVIEMBRE

Será agosto y, en sueños,
vendrán ladrando perros de noviembre.
Y sueño que estoy sola
-sueño muy a menudo que estoy sola-
y el mes terrible en el que nuestro invierno
es más que una amenaza
(son los golpes por estrenar del frío)
el mes que odia mi sangre y mi silencio,
olerá desde lejos mi tristeza.
El mes más vil, el mes de los suicidas,
el que arranco de cuajo en los diarios.

VEREMOS

No busco margaritas
sino abriles completos para echar a los cerdos.
Que las piaras se coman todas las primaveras,
ya veremos
qué pureza nos queda entre el fango y septiembre.
Ya veremos
quién llora el último.

EL MAR DEL OTRO LADO

El otro lado es el mayor contagio.
Hasta los mismos sueños cambian de color
Y adquieren el tono transparente de las fábulas.

Roberto Juarroz

Me callé ante tu voz y, en ese espacio
de silencio y de llama,
vi las puertas del templo que se abrían
para inmediatamente derrumbarse.

Asisto a estos prodigios mientras vivo
en la casa común del calendario,
el que ocupa paredes de oficina
y tapa tantas grietas de mis muros.

El día que no pueda soportarlo,
acuérdate de mí. Cuando no pueda
cargar con las catástrofes y el fuego
que arde al fondo del mar del otro lado.

EPITAFIO

Dejé de tener miedo:
Imagina
lo que ahora tengo
y vive
como si no hubieras podido imaginarlo.
 




Publicado el 20/6/2012

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